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sábado, 13 de marzo de 2010

Espejismo


Alguna vez fuiste misterio

catedral gótica enmedio del Sahara,

Constelación de Orión en noche de tormenta

el santo Grial en tierra musulmana.


Hoy, sólo eres sombra

que se desvanece al paso de las horas,

un demonio extraviado

un solitario ángel sin alas.


Me pesa tu soledad, tu miedo, tu desesperanza.

¿Cómo llegar a tí?

No poseo barco, brújula, ni ancla.

Sólo un reloj de sol, mis manos, mi alma...


La constelación dejó de Ser

la arena cubrió la catedral

y el santo Grial seguirá perdido.


A través de tus ojos ningún misterio reluce

quizá sólo sombra

un eclipse

algún secreto

que se posó en mí

un efímero instante.


México, D. F. 2010

Et In Arcadia Ego Sum


El primer pecado de la humanidad fue la fe; la primera virtud, la duda.
Carl Sagan

Hoy sí que siento que absolutamente NADA, tiene objeto en esta existencia, en esta época, en este país. ¿De qué manera alguien puede derribarse a sí mismo y volver a construirse? ¿Comenzar desde un absoluto cero y tratar de seguir adelante como si la vida anterior sólo hubiese sido un mal sueño, una grotesca pesadilla? ¿Alguien sabe cómo hacerlo? Si es así, por favor, no desechen mi súplica y díganmelo.

Todo comenzó hace unas semanas y desencadenado por una frase que me envío alguien a quien quiero: "La virtud consiste en sentarse cada uno en su pantano, nosotros no mordemos a nadie, huímos de los que muerden y opinamos y pensamos según se nos ordena..." Como les platico, cuando la leí hace unos días, no me detuve a meditar en ella, pero de alguna manera se quedó rondando en mi mente de una manera curiosa; llegó incluso a despertarme en medio de la noche como diciendo: Ahí, y sólo ahí, está la semilla de todo.

Por lo tanto, el meollo de todo lo que nos rodea, es saber, comprender, entender, dilucidar, qué cosa es la VIRTUD.
Entonces, como un deslumbramiento, comencé a recordar los textos de los filosófos griegos: recordé a Diógenes, que prefirió vivir en un barril y hablar con los perros a convivir con los hombres; después, llegaron en una avalancha incontenible, Gorgias y la sublime carta en donde habla de Dios; Platón y su Mundo de las Ideas; Aristóteles, con su Deux ex machina; Averroes y Avicena, interpretando de manera sublime toda la obra aristotélica; la patrística, representada por Agustín y Tomás de Aquino; Descartes y El recurso del Método Kant, y "la cosa en sí"; Nietzsche, y su Zaratustra, queriendo despertar a los dormidos, resucitar a los muertos... fue en esos momentos en donde comencé a sentirme muy cansada, desilusionada, vacía de cualquier sentimiento de empatía hacia TODOS los que me rodean. Reproduzco textual un fragmento de Nietzsche extraído de uno de los libros más hermosos que he leído, El origen de la Tragedia: "Sí; el Mito parece murmurar en nuestro oído que la sabiduría, y justamente, la sabiduría dionisíaca, es una abominacón contra Naturaleza; que aquel que por su saber precipita a la Naturaleza en el abismo de la Nada, debe atenerse también a experimentar por sí mismo los efectos de la disolución de la Naturaleza. La punta de la Sabiduría se vuelve contra el sabio; la Sabiduría es un crimen contra Naturaleza". Así hablaba Nietzsche.

El párrafo habla directo y con palabras precisas y certeras, no creo necesario interpretarlo. Además, sería un Crimen que no estoy dispuesta a cometer, aunque sería el primero; yo, que he querido y deseado desesperadamente cometer tantos... Aquí, en este momento preciso de mi vida, siento una terible nostalgia por no haber tenido el valor para llevarlos a cabo. No me arrepiento como Borges, de no haber caminado bajo la lluvia, de no haber saboreado un helado, de no haberme sentado como Pessoa, en la banca de un parque a mirar pasar la existencia vacía de los otros y sentir, como él, que soy la única viva entre los muertos; ni de haber rechazado la entrada a la Ciudad de Dios, de Agustín de Hipona... NO, la terrible desesperación que me posee, es debido seguramente, y sin niguna duda, a no haber aceptado en su momento, la guía del venerable Virgilio para entrar de lleno en el Inferno; no haber devorado todos los libros del Índex Librorum Prohibitorum; ¡no haber tenido el valor de reírme de Dios!

Termino esta reflexión, que no le hace falta a nadie, sino a mi, con un pequeño poema de Goethe, en donde hace hablar a Prometeo:

¡Aquí me siento y aquí forjo a los hombres a mi imagen, una raza semejante a la mía, en sus sufrimientos, en sus lágrimas, en sus goces y alegrías, y en no venerarte, como Yo!

lunes, 8 de marzo de 2010

Para no volver a verla, nunca más

Ya perdí la cuenta de cuántas presentaciones del Óscar he visto en mi vida, deben haber sido muchas, quizá demasiadas, para que sienta este hartazgo tan grande. En épocas pasadas me acercaba a ellas por pura curiosidad morbosa, debo confesarlo. Siendo mujer joven, me intrigaba ver llegar a actrices y actores caminando por la alfombra roja -en la lejana antigüedad, sólo destinada a ser pisada por reyes y grandes héroes-; ataviados con bellísimos atuendos firmados por los grandes de la moda y el diseño. Después, esperaba ansiosa la entrega de esas estatuillas doradas más codiciadas que el mismísimo cielo; por último la consigna era correr al cine más cercano para poder apreciar las actuaciones, la dirección, el arte, el sonido...ect., y después de todo ésto, sentarme en un drive inn en compañía de muchos amigos, y tomando unas cuantas cervezas, para comentar lo que habíamos visto.


No caeré en el fácil comentario de que "en mis tiempos...", pero es a todas luces visible y constatable, el gran deterioro en ideas e inteligencia que estamos sufriendo como raza humana. Ayer salí corriendo de la Universidad del Cine Independiente, en donde imparto clases, y soy verdaderamente feliz y en donde había una real efervescencia por estar al tanto de quiénes iban a ser favorecidos por los dioses, para llegar a tiempo a mi casa, preparar todo a mi alrededor y sentarme lo más cómodamente posible, para ser testigo de los hechos que estaban a punto de llevarse a cabo en el Teatro Kodak de la ciudad de los Ángeles. Cuando llegué, me esperaba la noticia -que había olvidado-, de que me esperaban en casa de un amigo, persona muy importante de los medios, a la que no tiene caso nombrar. Así que todavía me dirigí hasta Interlomas, y al no haber casi tráfico en la ciudad, llegué a tiempo de ver unos poco minutos del aburrídisimo final de la pasarela por la alfombra roja. El tiempo suficiente para horrorizarme con la tan traída y llevada Preciosa, una gorda negra descomunal y feísima. Sí, a riesgo de que digan que soy racista, lo mismo hubiera dicho de tratarse de una teutona de la misma talla y con los ojos muy azules; esa tipa es un verdadero horror, pero como estamos en el tiempo de la imbecilidad en donde no debemos, ofender a nadie, todo el mundo decía que estaba realmente ¡Preciosa! no puedo respetar de ningún modo a alguien que se deja engordar de tal manera. Jamás veré una cinta tan obscena y deprimente, esos problemas (el incesto), se ven cada día más en todo el mundo y no hacen más que mostrar el inmenso proceso de involución y bestialidad en el que estamos metidos, la veo nada más como una forma bastante maniquea de hacer llorar a los estúpidos.


La película preferida del público que se contenta con muuuy poco, era Avatar, la millonaria cinta dirigida por James Cameron, y dirigida para mentes sin estrenar; que a lo largo de la entrega vimos caer frente a Zona de Miedo, dirigida por Katherine Bigelow, ex esposa de Cameron y que fue la sorpresa de la noche. No la he visto, a su tiempo daré la reseña y crítica. Amor sin escalas (¡vaya nombrecito estúpido!), pasó sin pena ni gloria; El hombre serio, tampoco obtuvo nada, por no ser entendida; y la gran sorpresa (para mí) fue el Óscar otorgado a Jeff Bridges por su actuación en Loco Corazón, que ya vi y no recomiendo más que a las personas que quieran pasar un muy mal rato viendo una película aburrida, lenta, deprimente, totalmente previsible y absolutamente prescindible. Por cierto, la actuación de Bridges, según mi muy documentada opinión, es sólo pasable, (aunque hay por allí, gente que como no conoce a Dios, dondequiera se anda hincando y opina que su actuación fue de lo mejor), yo digo que buena como ejercicio escolar, pero indigna de merecer la tan ansiada estatuilla, y eso que Bridges es de mis actores preferidos.


En los renglones anteriores narré todo lo interesante que pasó en esta entrega número 82; muy, muy lejos, quedaron películas realmente inteligentes y actuaciones verdaderamente memorables. El conteo final fue de 3 óscares para Avatar, y 6 para Zona de miedo, situación que verdaderamente hizo hacer pucheros a Cameron, que esperaba ser el multipremiado de la noche y que no pasó de hacer el ridículo al ir acompañado de una momia anoréxica, calva, anciana y espantosa -lo mismo que la gorda infeliz de Preciosa-, ésta, al contrario, está más flaca que mi cuenta en el banco ¡por Dios! no se vale tanta irresponsabilidad.


Como era de esperarse, hoy amanecí con una cruda ¡espantosa!, pero no vayan a imaginar que porque estaba tan contenta que se me pasó la mano con los Vodkas, no, sino una cruda moral por creer a estas alturas que iba a admirar algo que valiera la pena, por cierto, La Cinta Blanca, nominada al premio de la mejor película extranjera, tampoco vale dos cacahuates, ya la vi y no la recomiendo, no es tan mala como las mencionadas, pero algo así como para ser premiada, NO. Para finalizar, les diré que el sábado fui como siempre a la Cineteca Nacional y pude ver una película alemana que SÍ LES RECOMIENDO AMPLIAMENTE: La Banda Baader Meinhof, ojalá y tenga tiempo de hacer una crítica de ella antes de que acabe esta semana. Recomendación final: ¡Olvídense ya del cine comercial y vayan más a la Cineteca, ahí sí se respeta la Inteligencia!

lunes, 1 de marzo de 2010

Lloren jilgueros y zentzontles en Parral

El pasado 19 de febrero, acudí a una conferencia en el Museo Nacional de Antropología, impartida por el Prof. Eduardo Matus Moctezuma y organizada por la Asociación México Unido, que preside Roberto Landeros. En esa ocasión se anunció que la próxima plática correspondería a Carlos Montemayor, eso sería el próximo 24 de este mes que acaba de comenzar.
Ya no será posible dado el fallecimiento de este importante intelectual que abandona la arena -de por sí tan desierta-, en la que se lleva, o intenta llevarse esta lucha diaria por la difusión de la Cultura, por la defensa de los que menos tienen, por el correcto uso de nuestra lengua y por enfrentar el cada vez más ignominioso poder del Estado Mexicano. Carlos Montemayor fue durante mucho tiempo, una voz que gritaba en el desierto denunciando una y otra vez los abusos en contra de los pueblos indígenas. Habló, mientras pudo hacerlo, en contra de las arbitrariedades que se llevan a cabo TODOS los días de TODOS los años y durante ya más tiempo del que cualquier pueblo medianamente enterado podría soportar sin hacer cualquier cosa que detenga la situación en que vivimos.
Nació en la lejana Parral, allá en el Estado de Chihuahua. Aquella tierra de cielos sin nubes, de desiertos blancos, de barrancas de Cobre y cerros pelones. Aquellos lugares en donde la División del Norte sembró sus reales y en donde el cura Hidalgo terminó su lucha al ser fusilado en lo que hoy es el Palacio de Gobierno de la ciudad Capital que lleva el mismo nombre. A comienzos del siglo pasado, Chihuahua era el feudo de sólo unas cuantas familias, como sigue siendo casi todo el país; la Revolución sólo cambió el dinero y las tierras de unas manos a otras. Hoy, Chihuahua es conocido mundialmente como el territorio más peligroso del planeta, y para qué hacerse tontos, esa tan cacareada Revolución que tiene fecha de comienzo, aún no la tiene de término. Veremos si algún día la terminamos de una buena vez.
Carlos Montemayor fue poeta, cantante, novelista, ensayista, Maestro... y ya no fue más, porque la muerte no lo dejó. Seguramente su nombre no dirá muchas cosas a los jóvenes de hoy, porque casi nada les dice NADA, y claro, de nuevo, no así a todos y no siempre. En alguna ocasión le pregunté personalmente quién había estado detrás del EZLN y del payaso de Subcomandante Marcos, el silencio fue la respuesta. Ahora, con motivo de su muerte, he visto hora tras hora muchas de las entrevistas que dio respecto a la matanza de Acteal, a la de Aguas Blancas, a la de Chenalhó... a muchas de las matanzas que se cometieron a lo largo de los últimos 100 años; sabemos que siempre que se habla en algún medio se utilizan eufemismos y se comunica en clave, queremos decir, pero no decimos; queremos gritar, pero las palabras se niegan a salir de nuestra garganta; queremos ¡matar! pero nos agarrota el miedo; así que no escuché a lo largo de tantas horas una acusación directa contra nadie. Se nada en un mar de suposiciones y lo malo es que yo nunca aprendí a nadar.
A mi me queda claro que siempre hay varios culpables y no importa mucho con qué nombre los bautizaron, todos los sabemos: comenzando con los señores presidentes de esta república bananera, que parecieran estar al servicio de los intereses de los que todo lo tienen y dictan las reglas; hasta el pueblo, criminal y convenientemente dormido para no comprometerse, para no perder lo poco que tiene. Todos somos culpables. La pregunta es: ¿hasta cuándo? De todas estas matanzas, de todos estos crímenes, NO HAY UN SOLO CULPABLE TRAS LAS REJAS. Sí, me equivoco, sí hay. Unos cuantos narcos de bajo nivel de los cuales se pudo prescindir porque no redituaban bastante $$$$ para los bolsillos de nadie. Y ahora, yo pregunto, que una parte muy importante de jóvenes mexicanos que no tienen futuro ni nada que perder, además de la vida, y que han engrosado las filas del narcotráfico ¿pensará el señor presidente, meterlos a todos tras las rejas? Yo no lo dudaría ni un instante.
Que lloren los zentzontles y los jilgueros en Parral por un hijo que hizo algo por los demás, por un maestro que quiso abatir las tinieblas que nos rodean, por un mexicano que extrañaremos, los pocos días que aún estemos por estos lares.