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miércoles, 30 de junio de 2010

Al fin y al cabo...

Soy sólo un saco de huesos, sangre y sufrimiento, todos lo somos. Algún día, seremos sólo huesos y finalmente, sólo polvo. Más en mi caso, seré polvo enamorado, como decía aquel inefable poeta. ¿Pero, enamorado de qué, de quién, de qué cosa? ¡Existen tan pocas cosas, personas, lugares... de los cuales puede uno enamorase! Siempre habrá una sombra, una traición, una desilusión a la vuelta de la esquina, que nos haga sentir que no podemos, que no debemos, poner a disposición de cualquiera lo único que nos pertenece por entero: nuestra voluntad de amar a alguien, a algo, a cualquier cosa...

En mi ya largo recorrido por la vida, he constatado que hay que ir con mucho cuidado, pisando siempre con cautela infinita el camino que tenemos que recorrer; tocando, con inconmensurable cuidado, las puertas que queremos abrir, que debían estar siempre abiertas, pero que casi siempre permanecen cerradas; tratando, de despertar almas dormidas; intentando, una y otra vez, sacar de la oscura y tenebrosa caverna de la ignorancia, a los espíritus medrosos que prefieren la oscuridad a la cegadora luz del conocimiento que los hará libres ¡Hay tanto cansancio en mi alma, soy tan sólo un pequeño lúmen rodeado de tinieblas!

Ayer tuve un sueño, más bien una pesadilla horrorosa que cimbró hasta lo más profundo, hasta lo más recóndito de mi espíritu. Soñé que en mi país ya nadie tenía fe ni confianza en nadie ni en nada; que todos y cada uno de los cien millones que lo habitan, sólo se interesaban en su pequeño, imbécil y vacío mundo; que a los gobernantes sólo les interesaba el poder que les dimos, de la manera más irresponsable, para medrar, robar, engañar, asesinar, traficar con drogas y el poder, prostituir y prostituirse, con tal de atiborrar con dólares sus cuentas de banco. Soñé que las religiones ya no eran un refugio para nadie, pues sus ministros se habían convertido en seguidores de Moloch, dando la espalda a cualquier valor que los hiciera HUMANOS; soñé, que un enorme ejército de niños tenían en sus manos -esas pequeñas manos que deberían sostener un libro-, armas para matar impunemente, por tan sólo unas monedas, ya que una familia, un Estado, una sociedad, los había olvidado, les había cerrado todos los caminos para sobrevivir, menos el del crimen; soñé que el ejército que nos debía proteger, estaba en gran parte también, del lado del crimen y la oscuridad; soñé que los líderes sindicales no existían para proteger a sus agremiados, sino para explotarlos y vivir como reyes a su costa; también estaba en mi pesadilla una Suprema Corte de Justicia, que se vendía al mejor postor, soñé miles de cuerpos mutilados, violados, torturados, desintegrados; soñé a miles de secuestrados, a niños abandonados, a mujeres despedazadas y olvidadas; soñé también un criminal incendio provocado, en donde murieron muchos niños inocentes, para ocultar los crímenes de un gobernador corrupto y asesino; soñé que todos los días eran requisadas miles de toneladas de droga, pero que nadie sabía lo que se hacía con ella ¿LA VENDEN? ¿A DÓNDE VA ESE DINERO? Soñé a una mujer horrible, asquerosa y siniestra que se hacía cargo de la Educación de todo un país, cuando ella ni siquiera sabía hablar; soñé miles y miles de niños y jóvenes perdidos en el mundo de la drogadicción y el abandono; soñé a un presidente obsesionado, que quería acabar con los criminales, cuando los que lo rodeaban, los más cercanos, eran los PEORES; un presidente que decía pelear por la paz y la justicia, cuando ni siquiera había llevado ABSOLUTAMENTE A NADIE a la cárcel, por tantos crímenes cometidos; soñé a miles de mujeres preocupadas por su apariencia y no por su mente ¿cómo es que podían dar a LUZ a sus hijos?, a miles de hombres que habían perdido el rumbo y vagaban como zombies, pensando que este país era sólo futbol (¡¡¡!!!) y, que sólo por él, seríamos salvados; soñé ríos de sangre, ayes de dolor, risas de burla, olor a pólvora, sonido de balazos, de ambulancias, de patrullas; soñé que una mafia, LA PEOR DE TODAS LAS MAFIAS, estaba a cargo de la mal llamada "Cultura" de este país, y que defendían sus cotos de poder, sin dejar a entrar a nadie que no fuera uno de sus nefandos, mediocres, envidiosos, sobrevalorados, vengativos, vendidos, corruptos y prostituidos grupitos. ¿Cuántos de todos los muertos, murieron con los ojos inmensamente abiertos y el alma encogida, haciéndose una sóla pregunta: ¿PORQUÉ? PERO, SOBRE TODO, SOÑÉ QUE EN ESTE PAÍS, A NADIE LE IMPORTABA NADA.

Yo no temo a nada, duermo con la puerta abierta y camino con seguridad por las calles de esta ciudad tan violenta, bajo el sol, o a media noche, sólo los criminales temen, no estoy en ese grupo; pienso dormida y despierta que la única salida para acabar con esta pesadilla que tuve, es terminar, de una vez por todas, con la IMPUNIDAD que nos agobia, encerrar a cadena perpetua a dos o tres monstruos en la celda donde deben estar (ya que no hay pena de muerte y que ésta sería poco castigo para ellos). Ustedes sabrán a que clases de monstruos me refiero. Pero no se preocupe nadie, AL FIN Y AL CABO, todo fue una pesadilla; este país no existe más que en mis sueños y en mis pesadillas y, al final de todo, sólo somos un saco de huesos y sangre y estamos aquí de paso. Cuando despierte quienquiera que sea el que nos esté soñando, seremos nada, ni siquiera polvo, ni tan sólo un recuerdo para nadie, nadie nos extrañará, nadie llorará por nosotros, nadie dará unas palabras al pie de nuestro sepulcro... simplemente, porque ya no quedará NADIE que lo haga.

lunes, 21 de junio de 2010

Monsi


Son las ocho y media de una mañana calurosa y soleada. El tráfico en el Viaducto Tlapan es verdaderamente criminal. Doy vuelta en una calle que se llama Emperadores y resulta que me lleva de nuevo al Viaducto atestado de autos que hacen sonar su cláxon al mismo tiempo, como si con eso se pudiese avanzar un poco. Vuelvo a hacer el intento y ¡por fin! llego a una callecita en donde encuentro un mercado a esas horas repleto de mujeres que han salido a hacer sus compras del día, pero, por las señas que me dio el Maestro la noche anterior, sé con certeza que ese es el camino correcto. Avanzo dos cuadras más, y me estaciono en la calle y el número indicados. Es la Colonia Álamos, casi excatamente atrás de lo que fue el memorable salón de baile: California Dancing Club, a donde iban a bailar, desde obreros de la construcción, hasta intelectuales.

Llamo a la puerta tímidamente. Son las nueve y media; la cita en la Universidad Pedagógica Nacional, es a la once en punto, apenas estamos a tiempo de llegar, con el tráfico en esta zona. Me abre la puerta una anciana vestida de negro, con el cabello totalmente blanco y un andar lento, cansado. Le digo que el Maestro me espera (eso supongo), y me hace pasar a un patio interior lleno de macetas con geranios. Varios gatos andan por ahí, con la larga cola levantada a manera de antena con la cual se comunicasen con el mundo. Los hay de todos colores y tamaños; también los hay gordos y flacos, todos parecen gatos de la calle, hoscos y huraños, corren cuando intento hacerles un cariño. La anciana me lleva hasta otra puerta, ésta entreabierta; pasa ella primero haciéndome una seña de que espere. Así lo hago y me siento en una pequeña banca de cemento. Cinco minutos después, me hace entrar con otra seña y se retira arrastrando lentamente los pies por el piso de cemento.

Entro a una habitación inverosímil: del piso al techo hay libros, revistas, apuntes, en libreros que ocupan todas la paredes. En el centro, como en un catafalco especial, y frente a un escritorio repleto de papeles y objetos de todas clases se encuentra él, con el cabello blanco y esponjoso, vestido con su sempiterna camisola de mezclilla y sus eternos lentes pasados de moda que se le caían constantemente por el inclinado puente de su nariz. Me saluda cortés y amablemente y se disculpa porque tendré que esperarlo un poco, ya que tiene algunos pendientes qué hacer antes de salir para su conferencia en donde lo esperan seguramente muchos jóvenes, deseosos de escucharlo y de pedirle un autógrafo. Muy preocupada, le digo que no se preocupe, que todavía hay algo de tiempo. Me pide que me siente en donde pueda, que busque un lugar, que quite a algún gato y que apague mi celular, si es que traigo alguno y lo espere.

Es entonces cuando me doy cuenta de que en esa habitación hay muchos gatos, más de los que había visto en el patio. Todos descansan en los lugares menos pensados. Ellos sí tienen derecho a hacer ruido, a maullar constantemente, a arañar todos los muebles, a pasearse incluso sobre el teclado de la máquina de Monsi; no importa, cuando eso sucede, él los quita con una paciencia infinita, corrige el texto y deja al gato en el piso con sumo cuidado. Además, el olor es realmente insoportable para alguien no habituado. No es mi deseo sentarme en ninguno de los sillones atestados de gatos huraños para quien yo sólo soy una extraña en ese santuario, así que me pongo a husmear en lo que realmente me interesa: los libros. Comienzo a recorrer los estantes con una avidez propia de alguien que ama a los libros más que a su vida. Ahí están todos: los que conozco y los que aún no he leído, desde los griegos clásicos, hasta la literatura contemporánea. Monsi habla por teléfono (siempre está haciéndolo), y de vez en cuando echa una mirada desconfiada hacia mi. Yo lo desarmo en cada ocasión con una gran sonrisa callada, él me la devuelve y torna a lo suyo. El tiempo transcurre lento entre esas cuatro paredes, como en una habitación Sambó; ni siquiera el estruendo del Viaducto llega hasta donde nos encontramos. Yo me recreo en algunos libros que saco de su lugar con un poco de miedo, mirando antes entre qué volúmenes estaba para dejarlo finalmente en el lugar exacto, Monsi sigue hablando, su voz pausada llega a mis oídos como desde muy lejos; le reclama a alguien un empastado que no le gustó. De pronto, un gato salta desde lo alto de un librero hasta mis hombros desprevenidos, el susto es mayúsculo, grito y me devuelve a la realidad, Monsi voltea para mirar lo que ha pasado y sonríe. Son las once de la mañana, no llegaremos a tiempo, se lo digo a Monsi, quien se levanta preocupado y me dice que saldremos en unos cinco minutos. ¿Todavía más? Sale apresuradamente y regresa en sólo tres. Llegamos por fin a la Universidad con una hora de retraso; él nunca perdió la calma, mientras yo hacía mil piruetas para rebasar a los estorbosos automovilistas. Cuando llegamos, nos dimos cuenta de que nadie se había movido de su lugar, todos lo esperaban con el cariño que siempre le tuvieron.

Ese fue el comienzo de una amistad con el Maestro Monsi, lo demás ya es historia y no le importa a nadie. Sólo espero que me perdone el no haber ido a un sepelio que sé que no le hubiera gustado. Yo no fui, por no encontrarme a toda la chusma política que llegó para salir en la foto. Guardo este primer recuerdo como algo valioso y eso es para mí, lo demás es lo de menos.

miércoles, 9 de junio de 2010

EL SECRETO DE SUS OJOS

Algunas veces he pensado que el premio Óscar se otorga por motivos políticos, ecónomicos, comerciales, etc., la lista de mis dudas puede llegar a ser interminable y en muchos casos, justificada; la Academia Cursivadel Cine de los Estados Unidos en ocasiones me decepciona, pero hoy quiero expresar que con esta película, me ha vuelto la confianza. En esta ocasión hablaré del más reciente Óscar a la Mejor Película Extranjera en la pasada entrega: El Secreto de sus Ojos.

Hace ya meses, pude ver La Teta Asustada, de Perú; La Cinta Blanca, de Alemania y Ajami, de Israel; que junto a El Profeta, de Francia (que no he tenido la oportunidad de ver), formaron la terna para llevarse el anhelado premio. Pero ninguna de estas, ni muchísimas que he visto en los últimos años, podría igualarse a ésta, que acabo de ver hace apenas algunos minutos. Primero que nada, les diré que de ninguna manera trato de convencer a nadie respecto de que NO SON, O NO DEBERÍAN SER, los temas, ¡tan socorridos, por Dios! del nuevo cine mexicano, los que los llevarán al esperado estrellato; que cada director, productor y patrocinador mexicano, haga lo que le de su real gana, pero no seguirán más que cosechando los mismos frutos: ser premiados en Cannes, no como un producto de calidad, sino como uno exótico y salvaje que divierte a los europeos como podría divertir al pueblo romano el Circo, pero que no dura ni una semana en cartelera. ¡OJO, SEÑORES PRODUCTORES! Si quieren dar la batalla al cine extranjero, recobrar lo que invirtieron y hacerse de un nombre digno, no se dejen llevar por la deleznable modita de mostrar a México como el basurero más pestilente del mundo, que puede serlo en muchos aspectos, pero no hay que hacer leña del árbol caído; o sea, aléjense un poco de Gael García y Diego Luna. Los únicos que siguen su cinito son los topiles ignorantes y los pseudo-intelectuales de pacotilla que votan por el PRD y creen que el Mesías es el pestilente Peje. ¡DE AHÍ NO PASARÁN!

El Secreto de sus Ojos, es una película argentina de bajo presupuesto pero muuuucha inteligencia. Está basada en la primera novela de Eduardo Sacheri, La pregunta de sus Ojos. Desde ahí, ya nos vamos dando cuenta de lo que publican en Argentina. Me puse a buscar como loca en todas las librerías de la ciudad y no la encoontré, espero que llegue muy pronto. Lo que son los mafiosos escritores mexicanos (me consta, digo, lo de mafiosos), no han publicado en los últimos años, nada que realmente valga la pena, según mi opinión. Ya estoy harta de los escritorzuelos del famoso "Crack", Volpi, Herrasti, Palou, Padilla... y toda esa camarilla sobrevaloradísima; y ni qué decir del último bodrio de Carlos Fuentes: Adán en Edén ¡NO LA COMPREN, POR FAVOR! Bueno, volviendo a la película de la que hoy quiero escribir, la dirige Juan José Campanella, cuya filmografía no es muy larga pero sí de indiscutible calidad. En el año 2001 estuvo nominado para otro premio Óscar por El Hijo de la Novia; también ha dirigido 6 capítulos de Dr. House y algunos de Law & Order...; en este caso, escribió el guión de El Secreto..., junto con Sacheri. ¡Ni hablar, les quedó estupendo! Y sólo por decir algún adjetivo, que en este caso no la califica de ninguna manera, la película es infinitamente mejor que cualquier calificativo que yo le pueda dar.

El año de 1974, en plena época surrealista-argentina, la de Isabel Perón y compinches, sirve de marco a una historia que podríamos decir que es thriller, pero me niego a encasillarla en algún género específico, porque vi varios: tiene toques de comedia, y desde luego, también es un melodrama. Una hermosa y joven mujer es violada y asesinada en su propia casa; la puerta no ha sido forzada y esto hace suponer a los funcionarios judiciales (nada que ver con los de México), que el criminal es alguien conocido de la mujer. Estos dos agentes toman el caso casi como algo personal y una cuestión de honor, al grado de que aún cuando el caso ha sido cerrado, ellos continúan con las pesquisas. Si se tratara sólo de ésto, la película no sería muy diferente a muchas que he visto, pero NO, hay mucho más. Este hecho cambia la vida de varias personas, que se hacen una pregunta; que hacen que nosotros la hagamos también: ¿Puede alguien vivir una vida completamente vacía? ¿Una vida llena de NADA? ¿Existe en realidad éso que llamamos amor? ¿Puede la amistad, la verdadera amistad, llegar más allá de la muerte? ¿o de la vida, si así lo queremos ver? Esta no es una película panfletaria, no imaginen un dramón de los malos tiempos allá en Argentina, NO; es una película extraordinaria, que sin caer NUNCA en el lugar común, va hacia el fondo, pero no al fondo de unos sentimientos a flor de piel, de unas salidas fáciles para los espíritus asustadizos, NO; yo sólo puedo decirles que cuando terminó, con un final totalmente insólito; como NUNCA había visto en ninguna de las miles de películas que he admirado en mi laaaarga vida, lo único que pude hacer fue llorar; llorar de emoción y gratitud ante un cine que respeta la inteligencia humana (tan rara en estos días futboleros), y que nos deja un hálito de esperanza de que aún no está todo perdido. Sigo llorando de extrema alegría y les recomiendo, les suplico, que por favor ¡¡¡NO SE LA PIERDAN!!!!

martes, 8 de junio de 2010

Minas, Petróleo Y Futbol

Hace unos días, para ser un poco más correctos, hace más o menos 48 horas, la Policía Federal recuperó las instalaciones de la mina de cobre en Cananea, Sonora, que hacía tres años estaban en poder de los mineros. A la mayor parte de los mexicanos eso les viene importando un comino; ¡ni siquiera se enteraron!, y más en vísperas de comenzar el Mundial de Futbol, allá en la lejana Sudáfrica. En los próximos días, veremos toooodos los bares, cantinas y restaurantes llenos de fanáticos barrigones reunidos para echar porras a la selección mexicana, y ya que pierda (que lo hará a las primeras de cambio), entonces seguramente a Brasil o a cualquier otro país latinoamericano para que dizque la copa quede en estas tierras. Siempre ha sido así, y por supuesto que no espero que la historia sea diferente en esta ocasión. No es derrotismo, sino puro conocimiento de cómo se han dado las cosas en toda la historia de la maldita copa. Y a las pruebas me remito, al tiempo, al tiempo...

Pero no es de esto de lo que hoy quiero escribir, primero, porque ya lo he dicho hasta la saciedad; y segundo, porque no tiene importancia comparado con todas las cosas terribles y vergonzantes que están ocurriendo en los últimos años en México.

Se nos ha venido diciendo que somos un país petrolero ¡Vaya, hasta el presidente López Portillo de tan nefasta memoria nos dijo una vez que teníamos tanto, que deberíamos prepararnos para la riqueza! Lo malo es que no dijo la de quién, en fin... que en los últimos 20 años, se ha afirmado lo contrario: que está a punto de acabarse el oro negro, como lo llaman los nacos periodistillos que escriben en los ídems periodiquillos vendidos de este país bananero. Y ahí están todos los mexicanos asustados porque no imaginan qué va a ser del país sin el preciado líquido. Seguramente que todos vamos a pedir limosna o algo por el estilo. Pero ninguno de ellos ha leído ni siquiera una milésima parte de la Constitución Mexicana -que por otro lado no sirve para nada, excepto para ser violada una y otra vez-; y hasta eso, no creo que se preucupen tanto; mientras haya futbol, lo demás no existe.
Pues resulta que la tal Constitución, dice claramente que todas las riquezas del subsuelo y las del mar son de todos los mexicanos; y no nada más las del subsuelo, sino los bosques, ríos, playas, lagos... y en fin, TODO. Lo malo es que no especifica para cuáles mexicanos. ¡Y TODO ESTÁ EN MANOS DE LA INICIATIVA PRIVADA! Resulta ser que las minas de Cananea, que son el yacimiento de cobre más importante del país, pertenecen al Grupo México; o sea, a la iniciativa privada, a negreros que pagan un sueldo de hambre a los mineros mientras ellos se embolsan millones de dólares. Y eso que es una mina de cobre. ¿SABEN USTEDES A QUIÉNES PERTENECEN TODAS LAS MINAS DE MÉXICO? ¡Somos el primer productor de plata en el mundo! ¿RECIBIMOS ALGO POR ELLO? ¿QUIÉN SIGUE EXPLOTANDO ESAS MINAS? ¿QUIÉN, Y CON PERMISO DE QUIÉN, SE EMBOLSA LO QUE NOS PERTENECE A TODOS? Hace unos meses anunciaron que habían descubierto en Zacatecas ¡El yacimiento de oro más grande del mundo! ¿QUIÉN LO EXPLOTARÁ? ¿A DÓNDE IRÁN LOS MILLONES DE DÓLARES QUE SAQUEN DE AHÍ? Les voy a dar los siguientes datos:
Un kilogramo de oro puro cuesta la friolera de más o menos $300,000.oo pesos, y un kilogramo de plata más o menos $25,000.00. Pero trata de econtrarlos a ese precio y te darás cuenta de que es imposible, no los vas a encontrar en ningún lado; los encontrarás muuucho más caros. En cambio, un barril de petróleo cuesta 69.00 dólares el barril, y si Pitágoras no miente, menos de $1,000.00 devaluados pesitos mexicanos. ¿SE DAN CUENTA DEL MONTÓN DE MILLONES Y MILLONES QUE NOS ESTÁN BIRLANDO UNAS CUANTAS FAMILIAS "MEXICANAS" QUE NI SIQUIERA VIVEN EN MÉXICO? ¡AH, PERO ESO SÍ, NOS TIENEN OCUPADOS PENSANDO QUE EL PETRÓLEO NOS PERTENECE!
Y eso no es todo, en el caso Cananea -en donde por cierto los mineros sobreviven con un salario de hambre-, el gobierno (tú y yo), vamos a pagar al Grupo México, la friolera de casi ¡CIENTO CUARENTA MILLONES DE PESOS POR INDEMNIZACIÓN POR LA HUELGA! ¡Somos uno de los países más ricos del mundo! ¿ENTONCES, PORQUÉ HAY MÁS DE 50 MILLONES DE POBRES? ¿Les contesto? NO, creo que está más que claro. Mientras haya un estadio de futbol en cada Estado, como mínimo; y varios en esta ciudad capital... ¡QUE SIGAN ROBANDO! Total, mientras Giovanni no se lesione una de sus piernitas... ¡todo está bien! Y luego me preguntan porqué siempre estoy enojada ¡NO! nada más que nunca había sentido tanta vergüenza de que alguien piense que soy igual de mensa a los demás. NUNCA HABÍA SENTIDO TANTA PENA DE SER MEXICANA. HACE CIEN AÑOS, LOS HECHOS SUCEDIDOS EN CANANEA DESATARON LA REVOLUCIÓN MEXICANA, PERO CLARO... ¡NO HABÍA FUTBOL!