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martes, 29 de septiembre de 2009

QUIS SICUT DEUS

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¡Quien como Dios para librarnos de todo mal! Pero, ¿no será que Él ya no está por ahí? Hace muchísimo tiempo nos dijeron que había muerto, pero yo pienso que los dioses no pueden morir, sólo se aburren de nuestra total falta de imaginación y se van a otros mundos en donde haya más inteligencia y por lo tanto, más creatividad. Llevamos muchos miles de años repitiendo los mismos errores y pidiéndole que Él los arregle. ¡No se vale!

Lo único que tengo cierto es que de los mexicanos no pudo haberse aburrido, aquí siempre encontramos cosas direrentes con qué asombrar al mundo, y voy a tratar de enumerar algunas.

La primera, -y única por hoy-, y que está llenando todas las páginas de los periódicos es que ¡por fin! Juanito ya dijo que renunciará a la jefatura delegacional de Iztapalacra, en favor de la vulgarcísima tipa que responde al nombre de Clara Brugada. Todos sabemos cómo es que ocurrió todo lo que ha ocurrido los últimos días con este par de tipejos porque los medios les han dado todo el tiempo que no utilizan en cosas importantes, lo único que importa es el tan renombrado raiting. ¿Y a quién -con dos gramos de cerebro-, no le divertía mirar en las pantallas de su televisor a un tipo que en una burda imitación de un Rambo totonaca, afirmaba que estaba listo para llegar a ser incluso Presidente de esta república bananera? Hubo algunos, como León Krauze que dijeron sentirse muy tristes porque al fin le habían encontrado el precio a Juanito y con ello había terminado el sueño de un "ceniciento" de la política, y con él, los sueños de muchos otros "cenicientos" que ya estaban más puestos que un calcetín para las próximas elecciones ¡Y lo dijo en serio! ¡Como si en este país gobernara alguien que no fuera un pendejo antes y un rey después de toooodas las elecciones! Nada más hay que ver los resultados.

Por su lado, el asqueroso, avejentado y cada vez más feo, Peje, dijo que al fin Iztapalacra iba a tener el gobierno que merecía ¿qué querría decir con eso? ¿tan mal están?. La tal Clara, se cansó de posar ante las cámaras diciendo que al fin Juanito había demostrado ser un hombre cabal, decente, extraordinario, simpático y casi un santo. Lo que a mí me intriga, es que el tal Juanito ya había dado la espalda al Peje y que éste sujeto ya se veía imposibilitado para convencerlo de que cumpliera su palabra. Cuando... ¿qué creen? ¡Que Súperman va al rescate y en sólo unos minutos convence al cuasi homo de la bandita en la cabeza, para que dejara el puesto en favor de la susodicha. ¿A quién sirve Ebrard? Porque nuestro flamante y afrancesado jefe de gobierno ha dicho a diestra siniestra que está interesado en la contienda del 2012, y si le allana el camino al Peje, éste no va a renunciar tan fácil para dejarle el puesto de candidato único por el PRD, ¿qué se traerán? Cuando la tal delegación estaba convirtiéndose en un polvorín en el que el Peje iba a ser exhibido como único responsable, el carnal Marcelo sale y lo soluciona todo. No es que me importe ni mucho ni poco lo que les pase a los habitantes de esa delegación en donde están casi todas las casas de seguridad de la mafia que nos oprime, me preocupa lo que estén planeando esas sabandijas salidas del PRI y ahora con tanto poder.

Ya lo dijo el mismísmo Aristóteles: "La democracia es una aberración de la república, el pueblo jamás estará preparado para ostentar el poder", cosa que los mexicanitos ignoran, y por lo tanto, gritan hasta desgañitarse que vivimos en un régimen democrático, como si eso fuera motivo de orgullo ¡Hay que ponerse a leer! y meterse por donde les quepa esta frase de Michel Tournier "A cado grado de poder, debe corresponder un grado de conocimiento".

¡Quien como Dios para librarnos de toda esta chusma que afea el mundo e insulta con su sola presencia a los espíritus inteligentes y sensibles! Pero... ¿dónde andará?

lunes, 21 de septiembre de 2009

SOLO UN PUNTITO AZUL...


¡Hemos salido de nuestro sistema solar y seguimos explorando el Universo! ¿Y a quién le importa? Cinco millones de años de evolución no nos han servido de nada. Seguimos aferrados -y cada vez con más fuerza-, a nuestra condición de cavernícolas sempiternos e irredentos. Me explico: ¿alguien de ustedes ha escuchado los noticieros de México en los últimos días? Una y otra vez, una y otra vez, los monigotes que están como conductores y dizque periodistas, repiten las mismas noticias: que un fanático religioso "secuestró" un avión de la línea nacional; que otro pendejo se metió al Metro a tirar de balazos y mató a un policía y a un usuario; que en el espectáculo del Zócalo la policía de la ciudad de México no metió las manos para organizar a la multitud de personas que acudieron a mirar el show multimedia que organizó el Gobierno Federal y estuvo a punto de suceder una gran tragedia. ¡háganme ustedes el favor! como si la seguridad de los mexicanos tuviera que ver con los pleitos de los partiduchos políticos que tienen secuestrado a este país bananero. Y digo bananero porque supongo que en él viven puros monos que se alimentan de tal fruta, si no fuera así, tendríamos otra clase de gobiernos ¡vaya! tendríamos hasta otra clase de delincuentes, porque lo del tal secuestro fue el más grande de los ridículos. Perdón señor Zabludovski, pero desde que tuvo usted la "suerte" de narrar los destrozos del terremoto del ´85 ha andado en busca de otros premiecitos del periodismo nacional e internacional. ¡Qué bueno que se le frustró! porque para tal oso, ni siquiera debimos habernos enterado. Con el escándalo que usted hizo, sólo acabó de ahuyentar a los pocos turistas que se atreven todavía a visitarnos. Total, que no gana uno para corajes por tanta ineptitud.

El colmo de la imbecilidad, pendejez, retraso mental y total ignorancia, se lo lleva la conductora de la XEW Martha Debayle, que hoy en la mañana en su terriblemente pedestre programa, preguntó muy seria si los "bisteces" provenían de una vaca o de una res, y pidió encarecidamente a un veterinario invitado, que le explicara la diferencia. Dijo también ignorar de dónde salían los huevos que desayunaba todos los días. Aunque usted no lo crea. ¡Retrasados mentales como esos son los dictan la cultura en este país! Y se preguntarán ustedes ¿qué hacía Dahlia escuchando a tales entes si son tan reverendamente malos? simple: midiendo el agua a los camotes. A un pueblo se le mide por el alimento intelectual que recibe y en éste, la mayoría gusta de paladear la mierda, y no se puede criticar lo que no se conoce, así que regularmente escucho y veo programas que oyen y miran la mayoría de los mexicanos, de esa manera me queda claro lo que está pasando y va a pasar en este desgraciado país, que no es de aquí ni de allá, no tiene edad ni porvenir y hundirse en el fango es su destino irremediable.

México ansía pertenecer al grupo de los poderosos países del norte de este continente, pero por supuesto que está a años luz de lograrlo y en cuanto a ser el "hermano mayor" de Latinoamérica, ya no es posible, ya son varios los que le llevan la delantera, así que se quedó sólo y enmedio de la nada, no hay material humano, no se puede esperar nada de un pueblo que lleva años alimentándose de mierda que esparcen por todo el territorio los papanatas y criminales medios de comunicación que tan bien tratan los diversos gobiernos que hemos tenido en los últmos treinta años. Cuando vemos que la líder de los maestros es una vieja arrabalera y atrabiliaria que no sabe ni siquiera hablar ¿qué podemos esperar? ¿qué nos espera si dos de los candidatos presidenciales están locos por actricillas de quinta que pasean orgullosos por todos lados? ¡Imagínenselas en el balcón presidencial presidiendo el grito y saludando a la masa que las aclamará embelesados desde la plancha del Zócalo! Yo la verdad, paso, voy a tramitar una residencia en algún otro país para no estar presente si eso llegara a suceder, que por otro lado, es lo más seguro.

Finalmente, como comencé este debraye pensando en que el planeta en el que vivimos comparado con Júpiter es del tamaño de un chícharo y con el sol, ya ni hablar, sin embargo, es el más bello y parece ser que el único habitado. Lo único que me pregunto es lo siguiente: ¿Habrá en este pequeño puntito azul un lugar en el que se pueda vivir como verdadero ser pensante? Tengo entendido que hace millones de años nuestros ancestros bajaron de los árboles para habitar en cavernas y después de miles y miles de años lograron decirse a sí mismos que ya eran homo sapiens, pero, ¿de verdad lo somos? Con los programas de radio y televisión que se consumen en este país, yo la verdad estoy segura de que NO y no sólo eso, vamos chutando de nuevo a las cuevas y de ahí a los árboles, de eso no nos quepa la menor duda. No me queda más que repetir la frase de la inefable Mafalda ¡Paren el mundo, me quiero bajar!

viernes, 28 de agosto de 2009

¿LIBERACIÓN?



La iglesia católica ha tratado de silenciar a toda costa a los promotores de la Teología de la Liberación como Ernesto Cardenal, quien fue regañado en púlico por el Papa durante su visita a Nicaragua en 1983.






El pasado lunes 24 dio comienzo el Primer Congreso de Teología de la Liberación aquí en la ciudad de la desesperanza y el caos. La sede: el Claustro de Sor Juana primero; el y Centro Universitario Cultural después; los ponentes: los pensadores y fundadores de tal teología; el público: perdido en una inmensidad que los rebasó por completo.

Todos hemos escuchado algo, de alguien, en algún lugar perdido en nuestra memoria, pero pocos sabíamos con certeza de qué se trató o se sigue tratando la Teología de la Liberación. Aquí en México, escuchamos mucho y durante largo tiempo, que el Movimiento Zapatista de Liberación Nacional estuvo fundamentado en la tan llevada y traída Teología de la Liberación. Todos los analistas políticos de este país bananero invertían horas y horas hablando del movimiento armado, pero seguramente siguen sin saber nada de su fundamentación teológico-filosófica y así seguirán; y ante su total incapacidad para comunicar a sus oyentes la profundidad de dicho movimiento, el pueblo se quedó solamente con la imagen del subcomandante Marcos.

Han pasado muchos años desde entonces, desde que el inefable ex presidente Fox aseguró en los medios que él acabaría con dicho movimiento en quince minutos. Textualmente, sus palabras fueron: "Acabaré con ese movimiento en quince minutos". Repitan la frase mirando su reloj. Se darán cuenta de que sólo invirtió quince segundos, el tiempo exacto en que un político aquejado de esdrujulismo tarda en pronunciar dichas palabras. Me explico: al haberlos invitado a la ciudad de México, poner al ejército nacional para que hicieran valla al Zapatour (como le llamaron los mismos zapatistas, al viaje que hicieron a la capital), durante todo su trayecto; permitir que los líderes del grupo rebelde hablaran en el Congreso; que Marcos pronunciara un discurso dizque incendiario en la principal explanada de la UNAM; que se alojaran en la Escuela Nacional de Antropología e Historia; que los entrevistaran todos los medios del mundo y prometer que se impondría la justicia y se daría salida a todas las peticiones de los rebeldes... sentó un precedente que nos debería haber hecho pensar en lo que vino después: desinfló completamente cualquier intento de rebeldía en el grupo disidente. ¿Cuándo se había visto en la historia de la humanidad algo parecido? Ni en mis sueños más desmesurados podría vislumbrar que el César hubiera permitido la entrada triunfal de Espartaco y sus huestes a la ciudad de Roma. Claro que dicen que aquí no existe una monarquía, pero en los hechos y diariamente, constatamos que así es. Si todo lo que pides te lo condeden, -en este caso, fingieron que lo concedían-, te dejan hablar, llegar a los foros más importantes y decir lo que buenamente puedas o quieras, entonces... ¿dónde quedó la lucha?

No me malentiendan por favor, los pocos que pensamos en este país, sabemos que un político mexicano miente desde el cavernoso y pestilente seno que lo alimentó; que nunca se pensó en justicia y equidad para los pueblos crucificados, como supe que les llaman los teólogos de la liberación; que sólo se les dejó, al menos públicamente y a los ojos del mundo, que hicieran y dijeran lo que quisieran, mientras al mismo tiempo, seguían masacrándolos en sus lugares de origen. Aceptémoslo, Fox cumplió con su promesa y Marcos cayó en la trampa. Sólo que nadie ha querido o podido verlo.

Parecería ser que el papa más siniestro que ha tenido la Iglesia Católica, logró sus propósitos. ¿si no, porqué el más siniestro de nuestros presidentes reanudó relaciones con el todavía más siniestro Vaticano? La meta: acabar en un dos por tres con la Teología de la Liberación y que los pueblos sigan crucificados ¿quién habla ya de los pueblos del color de la tierra? y que conste, Marcos siempre me pareció el más grande de los payasos. Escogió usted mal a su subalterno, señor comandante Samuel Ruiz.

Lo que vi en el Congreso fue lo siguiente: en primer lugar indiscutible y además cabeza y creador de la Teología de la Liberación, a un jesuita llamado Jon Sobrino, español, por supuesto; en segundo, a una pléyade de jesuitas también españoles en su mayoría, aunque había algunos salvadoreños, lugar de donde se expandió a toda latinoamérica, la idea de liberar a los pueblos oprimidos. Pocas veces a lo largo de toda mi vida, que ya va siendo muuuuy larga, vi tanta inteligencia en un mismo recinto (y no estoy siendo irónica). Constaté, aunque he leído infinidad de libros sobre el tema, que esa hermandad, la de Jesús, es lo único que vale y ha valido la pena a lo largo de 2,000 años de historia, en la Iglesia Católica.

Una sola cosa he deseado siempre en mi vida, que Dios ponga en mi camino gente inteligente, y hasta ahora, he logrado borrar de mi entorno a los imbéciles. En este caso, fue de verdad iluminador haber tenido la preciosa oportunidad de conocer a estos hombres extraordinarios, y digo conocer, no sólo sentarme en una butaca a escucharlos, conocí a varios que platicaron conmigo durante horas, que me invitaron (sólo a mi), a sentarme con ellos, que me escucharon con paciencia y atención y que recordaré con respeto toda mi existencia. No quería ir, me llevaron a ese Congreso, ahora puedo decir que en él estaban las personas más sabias que he tenido la suerte de conocer. A mi, que no me gusta creer en lo que no veo, me pareció que enmedio del árido mundo en el que vivimos, siendo mujer y seglar, viviendo en un país estúpidamente machista y pendejo, me tocó la mejor parte.

Qué lástima, que como siempre, la gran mayoría ni siquiera supo, sabe, ni sabrá lo que pasó a sólo unos pasos de ellos, porque como siempre, están mucho más ocupados en cosas que sólo deberían ser importantes para nuestros ancestros que habitaban en las cavernas. ¡Envídienme los que estén conscientes y hasta la próxima!

viernes, 21 de agosto de 2009

TERMINATOR



El cine es una de mis pasiones, y como tal, no conoce límites. A lo largo de mi vida he visto toda clase de películas: en todos los colores y dimensiones; acerca de todos los temas y géneros y en todos los idiomas; de todos los países y de todas las épocas; desde sus inicios y hasta el último estreno; con actores muy buenos y otros deleznables; dirigidos por genios o chapuceros sin ningún valor. He visto miles de películas pero sólo algunas se han quedado conmigo a lo largo de muchísimos años. Y definitivamente muy pocas quedarán en mi mente el día que yo desaparezca de este mundo. Esta es una de ellas.

A lo largo de las décadas que he dedicado a la más grande de las artes, he visto evolucionar y revolucionar todo. Entrar a un cine es y seguirá siendo para mí, las más grandiosa de las aventuras. El cine no es para verlo en casa por muy grande que sea la pantalla que tengamos en ella; no es para verlo en soledad, sino para compartir con muchos, con cientos o miles, las emociones que genera y espero siga generando, pienso que cuando ya no haya gente en las salas de cine, habremos perdido lo último que nos quedaba para hacer este mundo más vivible y soportable.

Cuando algunas veces he sentido que el cine ya se agotó y que difícilmente harán algo nuevo para sorprendernos, llega una película como Terminator Salvation y me deja callada, emocionada al límite, clavada materialmente en la butaca, esperando no sé qué, con los ojos fijos en la pantalla oscura, hasta que los encargados de la limpieza, llegan para hacer su trabajo y decirme de alguna manera que el film ya terminó, que debo salir para entrar de nuevo al desolado y gris mundo en el que vivimos, que debo salir de un futuro menos ominoso y violento, al presente en el que estamos viviendo.

En el aquí y el ahora, no hay máquinas asesinas que nos persigan con sus ojos rojos que pueden detectar el calor de nuestros cuerpos o el latido de nuestros corazones, no hay una empresa como Skynet que los construya en serie y cada vez más mortíferos para acabar con el último ser humano del planeta, no existen grupos de resistencia para defensa de los pocos que han quedado después de una guerra nuclear, no ha ocurrido tampoco una gran guerra como la primera y la segunda, que sin ser mundiales acabaron con muchos millones de personas. Por todo ésto, debería yo estar felíz al término de la proyección y dirigirme tranquila a mi casa, después de todo, sólo se trató de un film futurista, nada de lo que hay en el mundo tiene parecido con lo que acabo de mirar en la pantalla.

Aquí sólo hay inofensivos cajeros automáticos que cobran por sus servicios sumas estratosféricas; cajas de cobro automático que nos sacan mucho dinero por ocupar un cada vez más pequeño lugar en un estacionamiento al que necesariamente acudimos para ir a hacer nuestras compras; amables voces grabadas en teléfonos para indicarnos qué número marcar si queremos hacer, preguntar, contratar, denunciar o pedir cualquier cosa que necesitemos; hay quietecitos e inofensivos parquímetros en las banquetas con una insaciable hambre de monedas que nos vemos obligados a sacar apuradamente de nuestra bolsa si queremos ocupar tan sólo unos minutos un pequeño espacio en una calle que es nuestra, que pagamos y mantenemos con nuestros impuestos; hay también un sinfín de máquinas en las que hacemos los pagos de casi todo lo que consumimos. Existen otras máquinitas muy graciosas sin las cuales ya no podemos vivir: los teléfonos celulares, los Ipods, los Blackberrys, los GPS, los chips que ya instalan en mascotas y que pronto ya estarán siendo insertados en personas por la cuestión de los secuestros, y otro montón de máquinas lindas e inofensivas que desplazaron a millones de seres humanos de sus empleos. Nos dijeron que estaban ahí para hacer más eficiente el trabajo, nos vendieron la idea de que con ellas estaríamos mejor atendidos y lo creímos sin pensar dos veces, que en muy poco tiempo, las carreras carísimas que la mayoría de los tontos padres pagan en las más caras universidades, no servirán para nada, pues pronto las máquinas lo harán todo y no será necesario seguir ocupando gente. Las máquinas no cobran por sus servicios, no enferman, no hacen manifestaciones, no se van a huelga, no son corruptas, no se reproducen como hongos pestilentes y maléficos, no necesitan antioxidantes ni cirujías plásticas, no sienten envidia, no engañan, no hacen falsas promesas, no tienen ambiciones, no traicionan, no roban, no ensucian, no mienten, no luchan entre ellas, no votan. En suma: no hacen ninguna de las cosas espantosas que hacemos los seres humanos.

En el mundo no existe todavía (más que en la mente de algunos pragmáticos avanzados) una empresa como Skynet, dedicada a hacer robots en serie, pero, ¿no son acaso una fábrica de robots humanos las cadenas televisivas de todo el planeta? ¿no muestran caras, cuerpos, casas y ciudades inexistentes que todos quisieran poseer, en las que todos quisieran vivir? ¿no es cierto que para lograr lo que les muestra la moderna máquina con pantalla plana y alta resolución, muchos matan, violan, secuestran, trafican, corrompen y destruyen todo a su paso? ¿no se nos extrae hasta la última gota de sangre a través de impuestos para todo sin recibir nada a cambio? ¿no se nos vigila y hostiga todo el tiempo a través de padrones cada vez más elaborados? ¿es acaso que miento cuando digo que ya no se nos permite ni siquiera tomar la sal que apetezcamos? ¿que bebamos? ¿que fumemos? ¿que pensemos?

Cuando salí del cine, pensé que Terminator, que por otro lado diré que me impresionó por su total y absoluta perfección tecnológicamente hablando, por el guión y la producción, por sus efectos especiales, su sonido y una dirección impecable, no es una película futurista, y si lo es, se quedó muy corta. En el futuro del que nos habla, habitan seres humanos que todavía creen en ideales y luchan por ellos. Si este presente no es tan oscuro y ominoso ¿porqué tenemos tanto miedo? ¿porqué vivimos tan angustiados? ¿PORQUÉ?
La única razón que en este momento encuentro para seguir en este mundo, es esperar a la proyección de Avatar. Esperen el estreno el próximo diciembre, y por favor, véanla como debe ser: en una sala de cine.

domingo, 16 de agosto de 2009

Entre peñas














La Peña de Bernal y la Peña del Aire, son hermanas. Una más pequeña que otra, pero las dos casi desconocidas por todos. A sólo dos horas de camino desde la gran ciudad del desalieto y saliendo por la autopista a Querétaro, encontramos un maravilloso pueblo de los llamados mágicos: Bernal, un pueblo chiquito que hasta hace muy poco tiempo yacía dormido a la sombra de un monolito que por las noches se convierte en un fanstasma protector.
Dicen los que saben, que la peña tiene poderes extraños, que un manantial que nace en sus entrañas produce el agua más dulce que se ha tomado jamás y que cura todas las dolencias, hasta las del alma; que quien duerme a su sombra puede detener el tiempo y que en las noches claras se posan en ella naves con habitantes de otros mundos... lo único que yo sé, es que Bernal es un lugar en verdad muy bello. Caminar por sus desiertas calles es como caminar en el pasado, como retornar a tiempos que sólo recuerdan los viejos, los muy viejos que se sientan en las bancas de la plaza a rememorar tiempos idos. Cuando muera el último de ellos, dentro de poco, ya nadie sabrá contarnos la historia de ese pueblo, pero su hermosa Peña seguirá ahí, como mudo testigo de tiempos que nadie quiere recordar.
En el portal se sienta todos los días una anciana indígena vestida de negro y envuelta en un rebozo de bolita, todos la conocen con el nombre de Doña Jose. Sus piés están cubiertos por el polvo de muchos caminos, su rostro está surcado de arrugas y en su boca ya no queda ningún diente. Los habitantes del pueblo, la miran como si fuese un árbol, un muro o alguna calle, siempre está ahí, desde hace muchísimos años. Llega de nadie sabe dónde y de la misma manera se va a algún sitio desconocido y quizá muy lejano. Nadie se ha peguntado jamás el origen de Doña Jose. Ella se sienta con parsimonia en el piso del portal, se acomoda el rebozo y extiende su rugosa mano en señal de súplica. Y de la misma manera que nadie le daría unas monedas a un árbol, un muro o una calle, ella tampoco recibe nada.
Al comenzar a ponerse el sol, Doña Jose se levanta trabajosamente y emprende el camino de regreso hacia la nada; a pasitos cortos, lentos y muy cansados va alejándose del pueblo por uno de los tantos caminos que llevan a él. Algunos lugareños me informaron que la han visto desde siempre, desde que eran niños y jugaban en la plaza. Otros dicen que participó en la Revolución, que fue soldadera y que tuvo muchos hijos, tantos que ella misma no recuerda sus nombres; otros más, que fue castigada a vivir para siempre por haber cometido un pecado innombrable y que su inmortalidad fue el justo castigo por tan grande pecado.
Lo cierto es que Doña Jose forma parte del paisaje de Bernal y que personajes como ella ya quedan muy pocos. Cuando muera el ultimo, México dejará de ser México para convertirse en un país sin madre, sin raíces, sin tierra nutricia que lo alimente. Los sábados y domingos llegan a Bernal muchos turistas que no se interesan por la la historia de Doña Jose, que no preguntan ni se interesan por nada, sólo se detienen maravillados y miran la Peña como hipnotizados, sin hacerse preguntas ni buscar respuestas; ensucian el pueblo y se van como vinieron, igualitos, sin haber comprendido nada.
La otra peña, la del Aire, está en el borde de un gran barranco, tan grande, que separa dos Estados: Veracruz e Hidalgo. Es mucho más pequeña que la de Bernal, pero no menos impresionante. Una formación de roca basáltica que cuida un valle en donde no nace ni la mala hierba por la dureza de suelo.
Huasca es otro de los pueblos mágicos. Esta vez en el vecino Estado de Hidalgo. En el pasado fue un rico pueblo minero cuyo dueño fue Don Pedro Romero de Terreros, Conde de Regla, señor de minas, pueblos, vidas y almas. En su tiempo el hombre más rico del mundo. Dice la leyenda que invitó al rey de España a visitar esas tierras, prometiéndole pavimentar de plata el camino desde Veracruz hasta su hacienda, sabemos que el rey no aceptó la invitación y que no fue hasta hace poco tiempo que un rey de aquellas tierras se dignara a venir al continente cuyas riquezas lo llevaron a ocupar el trono que debería haber desaparecido hace mucho tiempo y que tan injustamente para toda la humidad aún ocupa.
Sentada en una banca de la plaza de Huasca, vi desfilar a los visitantes de fin de semana al lado de Don Epifanio sin dedicarle siquiera una mirada. Don Epifanio es un anciano que también forma parte del paisaje. Un ser humano convertido al paso de los años en un glifo verdeazulado y como tal, quieto. Vestido con un jorongo, un pantalón raído y un ancho sombrero deshilachado en los bordes, sólo su mano en señal de súplica nos muestra que está vivo. De nuevo pregunté acerca de quién era, (aparte del nombre), Don Epifanio. Nadie supo dar razón. Algunos dijeron que había participado en la Revolución, otros que había sido hacendado y había encontrado minas de plata, otros, que no recordaban nada de él, sólo que lo habían visto en el portal desde que eran niños. A ninguno de los dos ancianos quise hablarles, pensé que al hacerlo, me enteraría de una historia que no tendría nada que ver con lo contado por los vecinos. Sólo saqué algo en claro: en todos los pueblos de México existen todavía muchos Epifanios y Joses, en todas partes se inventan historias sobre ellos y en ningún pueblo saben nada de ellos, pero se inventan historias.
Aquí, en la gran ciudad, ni siquiera los vemos. Debe haber algunos, unos cuantos, pero llevamos tanta prisa que nos pasan inadvertidos. Nadie inventa historias sobre ellos ni les regala unas monedas, nadie se pregunta nada, nadie los mira.
Después de tres días puebleando en las cercanías de la ciudad, me hice una promesa que no pienso romper: visitar siempre alguno de esos pueblos para darme cuenta de cuánto hemos perdido, de cuánto hemos olvidado y en qué nos hemos convertido. Fui a mirar las dos peñas, y encontré a estos dos personajes. Las peñas seguirán ahí cuando todos hayamos muerto y con menos soberbia que todos nosotros, que creemos que hemos de permanecer para siempre y no nos damos cuenta que los que se han ido antes que nosotros son ahora sólo el polvo que entra en nuestros ojos cuando sopla fuerte el viento. La Peña de Bernal y la Peña de Aire tienen alma. Son estos dos ancianos de los que todos hablan pero nadie conoce. Algún día ya no estarán ahí, ya no volveré a verlos en sus portales con la mano extendida, en ese momento sabré que las dos peñas perdieron su alma, su razón de ser, que sólo son dos monolitos de fría piedra.

miércoles, 5 de agosto de 2009

En busca de libros perdidos



Hace muchos años tuve una biblioteca que se perdió en los vericuetos de mi vida. Ha sucedido que a veces, en algún puesto o tienda de libros viejos he encontrado alguno de esos libros de mi biblioteca desaparecida, puedo saber que fueron míos porque tienen anotaciones hechas por mí con tinta verde. Por más que he martirizado a mi memoria, no he podido recordar el porqué de ese color. No me gusta, siempre he preferido la tinta negra y la puntilla gruesa. Sé que son mis anotaciones porque es mi letra, inconfundible, una letra extraña, como de niña pequeña que nunca he podido cambiar. Lo curioso es que al volver a leerlos, vuelven a llamarme la atención las mismas cosas y vuelvo a anotar parecidas reflexiones -ahora con tinta oscura-, como sin en el intermedio entre tantos años -no puedo recordar cuántos-, no hubiera transcurrido el tiempo y no hubiera leído miles de otros libros, diferentes a los primeros.


Esta biblioteca, según creo recordar, era muy peculiar: en ella sólo había libros que narraban hechos insólitos e inexplicables, relataban la historia de civilizaciones perdidas, describían libros peligrosos cuya existencia negaban unos, y defendían otros con su vida, siendo quemados en hogueras infamantes por afirmar su existencia; hablaban de personajes inverosímiles que pasaban de un libro a otro con diferentes nombres pero indénticas personalidades, de catástrofes inexplicables, de dioses malvados y ángeles protectores. Recuerdo la bilioteca pero no el hecho de cómo fue que desapareció de mi existencia ni el asunto de la tinta verde.


A lo largo de los años he logrado reunir de nuevo muchos de ellos y los he ido acomodando en el mismo orden que creo recordar, tenían en el pasado. Aún faltan algunos y me aterra pensar que el tiempo no me alcance para volver a reunirlos de nuevo. Cada vez que reencuentro uno, regreso a casa corriendo, lo acomodo junto a sus compañeros y me siento a contemplar como poco a poco, ese librero va llenándose de nuevo con esos libros antiguos, ahora tocados por manos desconocidas, leídos con avidez por personas extrañas y vueltos a abandonar a cambio de algunas monedas.


Cuando los compré ya eran viejos, tenían anotaciones con lápiz, con tinta de diversos colores y hasta pedazos de papel entre sus páginas en aquel tiempo ya amarillento y ahora casi desaparecido a fuerza de ser tocado una y otra vez. Las caligrafías son distintas y puedo adivinar que algunas pertenecen a hombres y otras a mujeres, también están hechas en diferentes idiomas, he logrado indentificar unos cuantos, pero desconozco totalmente otros.


Sé que esos libros fueron escritos en otros tiempos, cuando eran míos y todavía no habían desaparecido de mi vida, cuando el mundo no era como es y cuando aún ni siquiera se pensaba que algún día fuera así. Que fueron leídos a la luz de velas, lámparas de petróleo o simplemente, bajo un árbol o en la banca de un parque ya desaparecido. De la misma manera que yo he vuelto a leerlos uno a uno y a poner las mismas reflexiones con letra muy pequeñita pues casi no queda espacio en sus páginas.


Todavía faltan algunos, dos o tres quizá, y vuelvo a pisar las mismas calles y a entrar por las mismas puertas, a buscar en los mismos estantes y a preguntar por los mismos nombres. Los rostros han cambiado, no me reciben las mismas personas, yo soy la misma y ando en busca de unos libros que perdí, no logró acordarme cómo ni cuando.

viernes, 17 de julio de 2009

AÑOS DE INDULGENCIA


Yo no quiero que nadie perdone mis pecados, me vale madres que algún hijoeputa me otorgue su perdón, no deseo estar en la fila de los bienaventurados, de los bien portados, de los alienados y alineados, de los pendejos que dejan que piensen por ellos, y ¡lo peor! que piensen por ellos los que nunca han pensado, los que se quedaron en las cavernas y que desde ahí quieren gobernar el mundo; no quiero estar en el grupo de los que admiran a alguien por su auto, su casa, su traje y todos los gusanos que están debajo de cualquier apariencia respetable y de todas las apariencias, no quiero estar en este país que no se respeta a sí mismo; ni en ningún otro, al fin y al cabo, que no hay en este planeta ningún país en el que valga la pena vivir. En todos es lo mismo, en todos pasa igual, el hombre es el lobo del hombre, y estoy segura que en ningún bosque o selva, o en el fondo de los mares, exista un animal más rapaz que el llamado ser humano.


Yo no veo por ningún lado alguna diferencia entre los humanos y los más deleznables animales: nacen crecen se reproducen y mueren igual que todo ser vivo, igual incluso que los vegetales, pero más, indudablemente más feos y pestilentes. Nacer: comprar, crecer: comprar, desarrollarse: comprar, reproducirse: comprar, morir: comprar. Todo tiene un precio, todo se vende, todo se remata. Y en esta gran tienda, en esta gran puta que es la vida, todos vendemos y compramos según nuestro interés. Inventamos a Dios y luego lo vendemos, en cómodos abonos pero con cheques sin fondo ni intención de acabar de pagarlo nunca. Compramos el amor, compramos el odio, compramos el miedo, compramos el perdón, compramos la compasión, compramos la mentira, compramos la verdad, compramos la vida y dejamos pagada nuestra muerte; y todo en esta vida se reduce a la compra-venta de todo lo que tenemos y todo lo que somos.


Y no salimos de nuestras cuevas, chozas, jacales, unidades habitacionales, departamentos, casas, casitas, casotas, palacios, si no nos ponemos una máscara; la que nos conviene, con la que podemos engañar y ser engañados, con la que nos amarán, con la que nos respetarán, con la que nos odiarán, con la que nos matarán. Porque la muerte es segura, llega sin avisar pero es seguro que llega. Y con ésta certeza ¿puede uno aspirar a la felicidad? miente el padre, lucra la madre, medra el hijo, engaña y viola el cura, estafa el político, holgazanea el obrero, se arrastra el campesino, vampiriza el empresario, mata el policía, corrompen los maestros, apendeja el académico, y no sé qué hace el estudiante que no estudia, porque simplemente no existe un antónimo de estudiar; yo diría que no estudiar es abusar, abusar de la confianza de todos los que pensamos que los jóvenes deben ir a la universidad para saber y actuar, hacer...y que no se enteran de nada, ni siquiera de porqué el planeta en que viven se llama como se llama y no de otro modo.


¿Y yo voy a solicitar, pedir, suplicar, desear, demandar, que me sean perdonados mis pecados? El único pecado que reconozco, y éso si acaso lo es, porque yo no acepto la idea de pecado, es el de querer salir de este rebaño, el de tratar de ser diferente, el de pensar por mí misma, el de no dejarme conducir por nadie, el de no pertenecer a ningún partido, iglesia, escuela, grupo, club social, colonia, código postal, marca, credo, familia...¡especie! para acabar pronto y sin gastar tantas palabras.


La verdad es que finalmente no entendí si Fernando Vallejo otorga o pide Años de Indulgencia en su libro más reciente. Conociéndolo, sé que no los pediría ni para esta humanidad, ni para él mismo. De todas maneras, y en el caso de que fueran para ese dios en el que dice no creer pero que odia tanto, años de indulgencía, los que fueran, serían muy pocos, para tanto sufrimiento como ha habido en el mundo desde, el tiempo en que dizque, comenzamos a ser animales racionales y hasta la presente fecha. ¡La puta madre que parió a Darwin! y su criminal teoría de las razas superiores, que al fin y al cabo, antes de que usted la elaborara, ya unos se habían dado cuenta de que era muy fácil someter a los otros; usted, querido y súper admirado señor Darwin, que como buen inglés victoriano de clase alta, rodeado de pergaminos, viviendo en un castillo y con antecedentes de esclavistas en su familia, sólo les otorgó la Patente de Corso. Y ahora que estamos en su año, y sabiendo que Fernando Vallejo es biólogo, sospecho que por ahí va la cosa. Pero la cosa en sí, según yo, debería haber ido por otro lado. Y a otra cosa.

sábado, 11 de julio de 2009

Soltar amarras


Me he quedado encallado en una bahía de arena. No hay a mi alrededor ni siquiera un mísero hilito de agua por que cual pueda deslizarme; quisiera volver al océano, a ese universo líquido por el que solía flotar bajo el sol o el cielo estrellado sin más meta que llegar un puerto, no importa a cual, el que fuera, un lugar en donde encuentre amigos, caras conocidas que sonrían al verme, que me digan: ¿En dónde habías estado? ¿Cómo te han tratado los huracanes? ¿Te han sido propicios los dioses? No, sólo estamos la arena, yo, y la doncella. Mi viejo andamiaje comienza a resecarse, a cuartaearse lastimosamente a causa de los caulorosos días y las gélidas noches.

Desde donde me encuentro, no puedo divisar la Constelación de Orión, eso me daría consuelo, pero ni eso siquiera. Mi ancla, antes reluciente, la que yo soltaba donde yo quería, donde sentía deseos de quedarme, se enmohece bajo el sol. A veces, una gaviota perdida llega hasta mí y se posa en mi mástil mayor ¡pobre ilusa! me digo, aquí no encontrás más que recuerdos, sonidos de batallas, amores abandonados, glorias perdidas y alguno que otro terco fantasma que se niega a abandonarnos, y si no vuelas pronto, compartirás nuestro triste y desolado destino.

Hace ya mucho tiempo, no recuerdo cuánto, escuché unos pasos solitarios sobre mi cubierta, mi viejo corazón, este corazón que ahora es sólo un montón de girones deshilachados, comenzó a latir muy deprisa, pero pronto me di cuenta que era sólo el sonido de las rotas velas al ser tocadas por el viento. En ocasiones llega hasta mí un canto extraño, dulcísimo, pero extraño, como emitido por gargantas no humanas. Creo recordarlo, estoy seguro que algún día, lo escuché muy claramente y estuve a punto de volverme loco, ¡y corrí tras él! me deslicé sobre las aguas de un mar ya desaparecido para alcanzarlo, y cuando creí tenerlo cerca, se desvaneció entre la bruma, entre una niebla amarilla y espesa, en donde sé que se pierden todos los sueños. Debo haberlo soñado. Hoy, tan sólo es un susurro que me inspira mucha melacolía.

Estamos solos, yo y la hermosa doncella que adorna mi quilla. Han habido noches en que la he escuchado llorar; llora sin lágrimas, con los ojos secos y la mirada perdida en el desolado horizonte, no debería esperar nada, pero espera. ¿Este el el fin? la escuché decir un día, ¿porqué nos dejaron vivir si al fin nos iban a abandonar? Ellos decían amarme, me susurraban palabras dulces en mis oídos y decían que les daba suerte. ¡Ay, pobre de tí, ¿no sabes que los que duran un día tienen prisa por apurar su vida y olvidan muy pronto? Deja ya de lamentarte y al menos muramos con dignidad, como vivimos siempre.

Y así pasa el tiempo sobre nosotros, una y otra vez, el sol se pone y brillan las estrellas y la luna en el firmamento, todos los días iguales, sin ninguna variación, por pequeña que ésta sea. Puedo escucharla claramente cuando sopla algo de viento, pero ella no me escucha a mí, se niega a entender que así es la vida, que ellos sólo buscaban su gloria, que ya no nos necesitan y que quizá éste sea un buen lugar para descansar al fin de tantas batallas perdidas, de tanto esquivar maremotos, de tanto luchar contra el viento.

Hace poco, sentí que mi cuerpo se estremecía, como si alguien jalara de mí o quisiera arrancarme un pedazo de mí mismo. No sé si estaba dormido o ya estoy muerto ¿existe alguna diferencia? enmedio de este duermevela eterno, alcancé a mirar una figura que avanzaba lentamente hacia nosotros, pero he visto tantos espejismos... era un hombre anciano, arrastraba los cansados pies sobre la candente playa, jadeaba por el esfuerzo y de sus ojos brotaban abundantes lágrimas, algo en él me pareció conocido ¿su voz?. Recargó su débil y aniquilado cuerpo en mí, buscando la sombra eterna que proyecto sobre este mar de arena. Durante mucho tiempo, se puso a dialogar con él mismo, dijo estar agotado y arrepentido por habernos dejado en este mar de desesperanza. Habló de glorias pasadas, de hechos heroicos, de monstruos aberrantes y terribles encerrados en laberintos, frutos de pecados sin nombre; de princesas engañadas y abandonadas. Dijo que todo había sido en vano, que era el hombre más solitario del mundo y que no tenía ni un hombro amigo sobre el cual recostar su cabeza para morir en paz. Me dio compasión y lamenté que mis velas estuvieran deshechas y no pudieran darle más sombra para que descansara al fin. Algo de todo lo que habló me pareció conocido, pero mi memoria es muy vieja y yo a veces no quiero recordar. El anciano se mostraba arrepentido de haberse dejado llevar por la vanidad, de haber abandonado a la muerte a sus hijos, de haber buscado la inmortalidad sin encontrarla.
La doncella -nunca le pusieron nombre-, lo escuchó sin decir nada, sin emitir ni siquiera un suspiro, sin interrumpirlo ni una sola vez, ni tan solo con el pensamiento. Fue entonces cuando sentí que me desgajaba, que algo se desprendía de mí y caía hasta la arena, cuando pude darme cuenta, miré a la doncella tirada en la playa; en sus hombros de madera descansaba la cabeza del héroe -que en ese preciso momento recordé-, el hombre que ganó mil batallas, que conquistó mares y mujeres, que se convirtió en leyenda y que finalmente logró ser inmortal. De su cabeza manaba un hilo de sangre que no ha dejado de fluir. Quizá pronto sea suficiente para que al fin puedas partir Argos, los barcos deben morir en el mar -dijo la doncella, abrazada eternamente al cuerpo de Jasón.

jueves, 9 de julio de 2009

EL ABOGADO DEL DIABLO



Dícese que alguien es el abogado del diablo, cuando defiende lo indefendible, y no es ése por cierto, mi propósito. Lo que pretendo hacer aquí es una reflexión muy personal acerca de un hecho que está a punto de ocupar todas las planas de los miserables y vendidos periódicos de este país, así como de horas de transmisión de otros ídems programas de radio.

Hay gente que escribe -dicen ellos, sólo por las noches-, somos nocturnos y no hay quién nos haga escribir una sola letra mientras el sol brilla; otros dicen levantarse a eso de las tres de la mañana (la hora del diablo), dizque porque a esas horas les llega la inspiración; otros más afirman que en cuanto comienza a amanecer, saltan de la cama desatados en pos de la musa Calíope, para plasmar en el papel, o en la pantalla, o en dónde les dé su gana, sus angustias existenciales. ¡Qué mamones! Mientras haya algo que deba decirse, hay que hacerlo de inmediato, porque de otra manera seríamos cómplices de lo mismo que queremos atacar; y no hay que esperar a que el sol se oculte, llueva o amanezca, hay que vomitar el coraje antes de que éste acabe con nosotros.

Les explico: muy temprano hoy en la mañana, mi pequeño aparato de radio me despertó (debo haber puesto la alarma y no me acuerdo), con un debate radiofónico en la XEW, la ex-Voz de la América Latina desde México; el tal debate comenzó siendo una Mesa de Análisis entre los representantes de dos ONGS y un baboso de Derechos Humanos, y ahí estaban los tres, dale que dale con el tema de que los militares deberían ser juzgados por jueces civiles, porque dizque así la cosa sería más transparente ¿Se imaginan? y ahí estaban, orgullosos de su propuesta y dirigidos o más bien, moderados por Carlos Puig, el conductor que entró como relevo de Carmen Aristegui. Y en lo más interesante, que reciben una llamada de nada menos que el Secretario de Gobernación Gómez Mont; en ese preciso momento, los cuatro se pusieron a tartamudear que era una vergüenza escucharlos. El señor Secretario les dió una revolcada en cuestión de leyes, que no se van a poder quitar en todos los días de su vida.

Primero que nada les hizo notar, que nadie en su sano juicio, podía pensar que los tribunales civiles fueran más transparentes y menos corruptos que cualquier otra clase de tribunal. Que los tribunales militares eran orales, cosa que todavía no se lograba hacer en cuestión civil porque las tan traídas y llevadas reformas propuestas por Fox, todavía dormían el sueño de los justos. Que los militares no podían ser juzgados por civiles porque para eso tendrían que existir jueces totalmente enterados y capacitados en lo que era el ejército para poder juzgar sus acciones y que para eso hacía falta un tiempo que no tenemos, desgraciadamente. Que en las oficinas de la Secretaría de Gobernación había debates casi a diario entre civiles y mandos militares que explicaban el porqué de sus hechos. Que ellos -los cuatro- no sabían, no estaban capacitados, no estaban enterados y no habían tomado ni siquiera un curso para analizar el tema que estaban tratando de analizar, que la mayoría de las ongs, medraban, vivían y viajaban por muchas partes del mundo, a costa del mismo sistema y sólo se hacían oír para buscar notoriedad (salvo algunas excepciones), así lo hizo notar. Por último, terminó diciéndoles que si el ejército estaba en las calles de todas las ciudades y pueblos de la república, era precisamente por la tremenda incapacidad de las diversas fuerzas civiles para implantar el orden. Carlos Puig, muy espichadito y haciendo pucheros, terminó pidiéndole que lo invitara como reportero al próximo juicio militar para darse cuenta por él mismo de qué se trataba. A esas alturas, el señor Secretario, que ya estaba muy enojado, le dijo que contara con ello y que se despedía de ellos porque tenía cosas mucho más importantes qué hacer.

Para mí, la Procuraduría General de Justicia, debe ser y hacer eso precisamente: procurar una justicia rápida y expedita, o sea, libre de todo estorbo o interés ajeno al hecho del que se trate y en favor de TODOS los ciudadanos, no importando, clase social, religión o raza, y en este sentido, si los tribunales civiles no sirven para nada y están corrompidos hasta la médula, debe ser porque quien está a la cabeza de todos, no hace bien su trabajo. Respecto a que los militares sean juzgados por los civiles, me parece una pendejada y estoy de acuerdo con Gómez Mont, para que haya jueces capacitados para llevar a cabo tal tarea, necesitaríamos mandar a la Sorbona a muchos y no tenemos ni dinero ni voluntad para hacerlo ¡Faltaba Más!

Antes de hacer mesitas de análisis respecto a un tema específico, deberían prepararse y no dar un espectáculo como el que dieron por la mañana los cuatro antes citados. El tema en sí surgió porque la Suprema Corte de Justicia, (suprema en pendejez y corrupción), hizo la tal y mencionada propuesta y la va a llevar a consulta para hacerla Ley. ¡No quiero ni imaginarme! ¿Porqué los sacerdotes pederastas no son llevados a juicio, sino juzgados dentro de la misma iglesia? ¿Porqué cada grupo de extranjeros a los que les abrimos las puertas y les otorgamos nuestra nacionalidad cierran las puertas de sus ghettos a los propios mexicanos? ¡QUE SE PONGA A TRABAJAR LA SECRETARÍA DE GOBERNACIÓN Y ACABE CON ÉSTO!

¡QUE SE PONGA A TRABAJAR LA DIZQUE SUPREMA CORTE! que para eso les pagamos, que hagan valer la Constitución, que bastante sangre MEXICANA costó llevarla a la práctica y que deje de chingar a todos lo que intentamos sacar adelante este país. ¡QUE SE PONGA A TRABAJAR LA PROCURADURÍA! que vea por todos y cada uno de nosotros y no nada más por los que pueden pagarla. ¿Entienden porqué no pude esperar a que el sol se ocultara?