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jueves, 19 de noviembre de 2009

2012


El pasado viernes 13 de noviembre llegó a todas las salas de cine de esta ciudad la tan anunciada película de Ronald Emmerich 2012. Dentro de la filmografía de este director están las películas: Día de la Independencia, Godzilla, El día después de mañana y 10,000 a.C. es obvio que con este currículum, no debíamos haber esperado nada diferente, pero -debo confesarlo-, tropezé de nuevo con la misma piedra, y enmedio de un gentío pocas veces visto, entré a una de las salas de la cadena Cinépolis con la remota esperanza de que en esta ocasión fuera algo un poquitito más inteligente, pero está visto que este director ya encontró un filón de oro macizo haciendo cine para las masas que no cuestionan NADA.

El guión (del mismo Emmerich) es absurdo y patético, flojo, pedestre, tonto y malo, malo, malo. El tiempo que duró la proyección, que fue de exactamente una hora con cincuenta y ocho larguísimos minutos, nunca supe si reír, llorar o enojarme. Opté por esto último y no lo hice con él, sino conmigo, por dejarme convencer por la mañosa publicidad y esperar otra cosa, que por lo visto, este director está incapacitado para hacer. Que me convierta en El Peje si vuelvo a ver otra película de desastres.

Los efectos especiales son en general muy buenos, excepto en la secuencia de la erupción en Yellowstone, en donde el magma que emergía de las profundidades, del núcleo mismo de la Tierra, era del color más antinatural que he visto. El sonido es impactante, con ésto quiero decir que excelente. La fotografía buena sin llegar a ser nada del otro mundo y las actuaciones de pena ajena. Me sorprendió ver a un John Cusack -que nos tiene acostumbrados a buenas interpretaciones-, tan desubicado y fuera de foco. Me dio la impresión de que nunca supo si estaba actuando en una comedia, una farsa o en una obra del absurdo. Cuando el planeta entero se está yendo a la chingada -literalmente-, lo menos que esperas es que él y sus adorables retoños, muestren un poco de miedo. Nunca gritan, lloran o pierden la compostura.

El desarrollo del tan nombrado film me pareció muy sospechosamente parecido al de La guerra de los Mundos, también ahí había un padre divorciado y looser; un nuevo "papá"que si la hace y que ha ocupado su lugar; un niño y una niña gritando todo el tiempo -éstos sí-; y el mundo enfrentándose a un terror nunca visto. El conflicto es el mismo, la historia familiar la misma, el reencuentro final del padre despreciado y al final valorado, el mismo, y a mi no me la pega el tal Emmerich, de que aparte de mediocre, es un vulgar copión. Claro que entre una y otra película hay grandes diferencias, obviamente La Guerra de los Mundos, es infinitamente mejor en todos aspectos.

No sé los demás, pero yo ya me estoy cansando de que para todo se hable de los Mayas. Todo el mundo se cree con derecho a opinar sobre una cultura que desconocen totalmente, sólo por que está de moda. Antes era Nostradamus, al que afortunadamente ya dejaron en paz, seguramente al darse cuenta de que no hay quien entienda sus oscuras Centurias. Lo único que vi claro en este film, es la voracidad de unos productores que, conscientes de que actualmente en todo el mundo la gente sólo quiere entretenerse sin cuestionar nunca nada, se llenarían muy fácilmente los bolsillos sin preocuparse en lo más mínimo, de presentar un producto al menos bien hecho y coherente. A nadie le preocupó asesorarse de gente seria y profesional acerca de los motivos (que sobran), para que este pequeño planeta llegue a su fin.

Total, que para haber sido estrenado en Viernes 13, no le ha ido nada mal a 2012, ya sacaron su inversión ¡Y lo que falta! En una escala del 1 al 10 yo le doy sin temor a equivocarme un 5 y digan que les fue bien. ¿Y a quién le importa finalmente?


lunes, 16 de noviembre de 2009

EL SÍMBLO PERDIDO


De nuevo, Dan Brown nos invita a entrar al mundo fascinante de los símbolos, los secretos, las Hermandades Secretas, las conspiraciones y los siempre atrayentes mundos subterráneos. Los neófitos en estos temas echan las campanas al vuelo y creen firmemente en todos los secretos "revelados", como si todo el Conocimiento acumulado a lo largo de milenios pudiese ser comprendido por mentes tiernas que sólo han leído unos cuantos libros en su vida. En su profunda inmadurez intelectual esperan ansiosamente el próximo best seller de este escritor para tener algo que comentar en el café o en las reuniones familiares, y en el interregno entre El Código Da Vinci y Ángeles y Demonios, se leen algunos de los más deleznables libros de superación personal de Jorge Buckay y Paulo Cohello.
Dan Brown es innegablemente uno de los más grandes vendedores de libros del planeta -si no es que el mayor-, y hay que reconocer sin prejuicios de ninguna clase que la estructura que maneja para contarnos sus historias es realmente genial, que maneja un lenguaje adecuado para un público poco avezado en la lectura y que mantiene entretenidos a todos sus lectores, ¡vaya! lo más importante que yo veo, es que hace leer a todo el mundo -literalmente-, y eso es algo que personalmente agradezco.
En estos momentos acabo de terminar la lectura de El Símbolo Perdido, que por cierto me llevó unas cinco horas. Durante 620 páginas esperé algo, no sé qué, algo, que no hubiese leído o escuchado con anterioridad, pero fuera de que debido a un concurso infantil, está en unos de los vitrales de la Catedral de Washington D.C. , la imagen de Darth Vader, no me dijo nada que yo no supiera y el tal símbolo perdido, resulta que nunca lo ha estado.
Durante cinco horas, seguí a Robert Langdon por los edificios emblemáticos de la capital de los Estados Unidos; recorrí la historia de una de las Sociedades Secretas más influyentes en el devenir histórico de la Humanidad; descifré símbolos secretos en pirámides perdidas; me enteré de algunos adelantos científicos -que debo confesarlo, eso no lo sabía-; resolví anagramas antes que el propio Langdon, quien por cierto en esta entrega aparece muy deslucido y más escéptico que nunca. Si al final del Código... lo vimos en la escena final ponerse de rodillas ante la supuesta tumba de la Magdalena y en Ángeles... mirar conmovido al Papa salir al balcón seguidamente a la frase habemus papam, no me explico el porqué de su escepticismo en El Símbolo. ¿Será que se está cansando de querer convencernos que no encontraremos NADA más allá?
De lo único que tengo la certeza, es de que así como El Código... llevó a muchos miles de turistas a la ciudad de París y Ángeles... a la ciudad de Roma, El Símbolo... hará entrar en las arcas del tesoro de E. U. una verdadera milloniza de dólares debido a peregrinaciones de creyentes que llegarán a Washington al recorrido en busca del Símbolo.
No siempre se compra un libro con la intención de aprender algo, algunas veces lo hacemos con la sola intención de divertirnos y éste lo logra. Si quieren pasar un buen rato siguiéndole la pista al Símbolo, cómprenlo sin ningún remordimiento, aunque algún intelectualoide amargado les diga que son parte de la masa amorfa, vil e ignorante que consume best sellers, también la diversión es parte importante de la vida ¿o no?
Por último, si alguien, un ente extraño, verdaderamente extraño, en un país en donde no se lee ni en defensa propia, quiere leer un libro extraordinariamente bueno, y ése sí, muy bien fundamentado y totalmente inaccesible para los neófitos y las mentes tiernas, descifren... si pueden, EL PÉNDULO DE FOCAULT, de UMBERTO ECO, si no lo han hecho, me lo agradecerán... ¡Definitivamente!

sábado, 14 de noviembre de 2009

La lámpara de Diógenes

Hace muchos siglos, en el año 412 a.C y a orillas del Mar Negro, nació un niño cuyo nombre iba a ser conocido por muchos sin saber siquiera a quién se referían, quién había sido, ni qué había hecho. Se llamó Diógenes y dedicó toda su vida a predicar que TODO en la existencia humana, es, había sido, y será, una farsa carente de sentido, y que ni siquiera temíamos a la muerte porque no teníamos verdadera conciencia de ella.
Se dice, y no tenemos porqué dudarlo, que vivía en una tinaja vieja que algún día había contenido vino o aceite. Alrededor de su insólita vivienda siempre se encontraban varios perros que le hacían compañía y compartían con él las sobras que los ciudadanos de Atenas le tiraban para que se alimentara. He de decir que no era un ciudadano del cual los griegos atenienses se sintieran orgullosos: en algunas ocasiones se ponía a ladrar cuando alguien pasaba cerca de él, por tal motivo, le apodaron "el perro", y de su filosofía nació una rama que lleva el mismo nombre: Cínicos, del griego kynikos, cuyo adjetivo es kyon=perro.
Nació en la Colonia griega de Sínope, de la cual fue desterrado junto a su padre por motivos realmente oscuros. En su nueva residencia, Atenas, la misión de Diógenes fue la de metafóricamente falsificar/desfigurar la "moneda" de las costumbres. La costumbre, decía, era la falsa moneda de la "moralidad". En vez de cuestionarse qué estaba mal realmente, la gente se preocupaba únicamente por lo que convencionalmente estaba mal. Esta distinción entre la naturaleza ("physis") y lo convencional ("nomos") es el tema principal de la Filosofía griega y uno de los temas que dedica Platón en La República, en concreto, en la leyenda del Anillo de Gyges.
Dice la leyenda, y esto es realmente deplorable, que un día llegó hasta la tinaja -o barril-, de Diógenes, el mismo Alejandro, el gran Conquistador, y le dijo con tono autosuficiente: "Pídeme lo que quieras y te lo daré" a lo que Diógenes respondió enfadado: "Apártate, que me tapas el sol". Si digo que es lamentable que a este hombre singular se le conozca sólo por esta anécdota incierta, es por que pienso que tenemos mucho más que aprender de él, aunque de ser cierta, la sola respuesta al Magno, es todo un universo para aquel que entiende que lo realmente valioso no nos lo puede otorgar nadie, porque nos pertenece por derecho propio, y por ende, no nos puede ser arrebatado.
Diógenes nunca tuvo pertenencia alguna, fuera de una raída capa, un plato y un cuenco en el que bebía agua de la fuente. Un día, miró como un pequeño niño sacaba agua con sus manos e inmediatamente se deshizo del cuenco sintiendo que no era necesario. Cuando salió de Sínope, lo hizo acompañado de su esclavo llamado Manes, que al poco tiempo lo abandonó; Diógenes lo tomó como una lección diciendo: "Si Manes puede vivir sin Diógenes, Diógenes podrá vivir sin Manes", aludiendo a la tremenda dependencia que tenemos hacia las cosas materiales o hacia ciertas personas. Ni las unas, ni las otras deberían ser indispensables para nuestra existencia.
No puedo imaginar cóno fue que Diógenes se hizo de una lámpara, pero los historiadores nos dicen que recorría las plazas de la orgullosa capital griega con dicha lámpara encendida y gritando a voz en cuello: " Busco un hombre, ¿sería posible encontrar uno solo? ¿Tan siquiera uno?
En estas últimas semanas he pensado mucho en Diógenes y en su célebre lámpara, y vino a mi mente un recuerdo muy nuestro, digo, muy mexicano. Cuando Alvaro Obregón entró en la ciudad de México, después de los desgraciados y vergonzosos hechos que llevaron a la muerte a Madero, lo primero que hizo fue dirigirse al cementerio y frente a la tumba del presidente asesinado por el chacal Huerta, entregó sus armas "Al único HOMBRE que no tuvo miedo y que elevó su voz ante tanta barbarie", una MUJER llamada María Arias.
Si en estos tiempos tan faltos de vergüenza y dignidad apareciera de nuevo Díogenes, esta vez en el Zócalo, y repitiera la misma pregunta, yo al menos le diría: "Maestro, llegaste a un país extraño en donde se han conocido muy pocos, y además, hace mucho tiempo que murieron, si no eres sexista, yo estoy dispuesta a seguirte, pues más vale vivir en un barril, que prisionera de tanta vana imbecilidad".

sábado, 17 de octubre de 2009

CARTAS MEXICANAS


"No compongo dedicatoria, ni imploro amparo para este libro, que si es bueno, ya lo leerán, y si malo, no me curo de que lo lean"
Montesquieu


Releí por quinquagésima vez las tan ilustres, inteligentes, sorprendentes y esclarecedoras Cartas Persas de este gran hombre y me vino a la cabeza que este genio se adelantó con mucho a la asquerosa etapa que estamos viviendo en este país. Sólo que aquí, en este tiempo en que me va a tocar morir, -por que no siento que esté viviendo-, ya no es posibe que exista una comunicación epistolar de la misma altura entre dos mexicanos: uno aquí y el otro en cuaquier parte del mundo, dado que ya en todas partes la cosa es igual y no caben diferencias entre uno y otro troglodita, entre uno y otro país, entre una y otra religión, entre uno y cualquier otro ser que habite en este planeta.
Hemos llegado a un punto en el que sólo es posibe un cambio, si la humanidad entera es, -ó fuera-, sometida a un apocalipsis (revelación) que cimbrara de una sola vez todas las mentes, las almas y los espíritus, y produjera con ello un cambio tan radical como volver a empezar desde un absoluto y aterrorizante CERO.

Aquí, una cita de la carta XXVI del libro al que hago referencia, y estamos hablando del siglo XVIII en Francia, ¡En pleno Siglo de las Luces!

"Las leyes de Europa son terribles contra los que intentan darse la muerte a sí mismos: les quitan, por decirlo así, por segunda vez la vida, los arrastran con ignominia por las calles, los declaran locos, infames y cobardes y les confiscan sus bienes. Paréceme que estas leyes son injustas ¿Cuando vivo abrumado de dolor, de miseria y de afrentas, porqué me quieren estorbar que dé fin a mis pesares y me privan con inhumanidad de un remedio que está en mis manos?

¿Porqué quieren que me afane yo en beneficio de una sociedad que he resuelto abandonar y que cumpla condiciones de un convenio que no he pactado? La sociedad se funda -o debería fundarse-, en la utilidad recíproca; pero cuando se me hace gravosa, ¿quién me quita que renuncie a ella? La vida se me ha concedido como un beneficio, luego la puedo abandonar cuando deja de serlo; que cesando la causa, también debe cesar el efecto. ¿Me quieren condenar a que admita gracias que me apenen? ¿Pueden exigir mis cercanos la inocua permuta de la tranquilidad suya con mi desesperación propia? Tengo la obligación de cumplir con las leyes, mientras vivo bajo las leyes; pero, cuando ya no vivo, ¿cómo me pueden obligar?"

Este párrafo, que en modo alguno es pesimista, como diría cualquier pendejo del Club de los Optimistas, es de una claridad diáfana como el aire de una mañana en lo alto del Tíbet. Y vino a mi mente por las barrabasadas que toda esta semana escuché en todos los noticieros de TV y de radio de este deleznable país que ya me va pesando tanto.

He vivido ya muchos años de mi esfuerzo y mi trabajo, NUNCA he pedido nada a ningún gobierno ni a nadie, ni muertos ni vivos tengo por acreedores, cuando he debido, he pagado lo justo, ni más ni menos; no me han otorgado ningún beneficio, no poseo ningún seguro, ni de salud ni de vida; ningún crédito del gobierno me ha beneficiado; habito bajo un techo que pago religiosamente sin retraso de ningún día; jamás me he colgado de ningún cable de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro; no he tirado el agua para lavar las banquetas; que yo recuerde -y tengo una excelente memoria-, nunca he arrojado una basura, por mínima que ésta sea, en la calle, en un río o el mar, en un bosque o desierto. Cuando tuve edad para tener hijos, sólo tuve dos, conciente de que ya somos muchos en este mundo. Y no los parí, porque eso es lo que hacen los animales, los dí a luz, les dí luz, los eduqué y los alimenté con cutura para que pudieran hacer algo por este país cuando crecieran, si alguno se perdió en el camino, no es responsabilidad mía.

Entonces, ¿porqué se me pide algo que no se me ha dado? me refiero a la cantinela lastimosa del presidente que hoy gobierna nuestros destinos, nos guste o no. ¿Estoy obligada a dar a otros irresponsables, que se han reproducido como hongos maléficos sólo "porque son pobres"? ¿Acaso soy yo la culpable de su miseria? Ningún presidente de ningún país, del pasado o del futuro, debería tener la desvergüenza de pedirnos que saquemos un buey de la barranca, cuando ha sido él y sus antecesores quienes lo metieron en ella. ¿En dónde está todo el dinero que debería haber llegado a nuestras arcas debido al precio del petróeo, durante todo el sexenio del Zorro y la Zorra, de tan nefasta memoria? ¿Porqué se le dan cantidades exhorbitantes a los espantosos y corruptos hasta la médula, partidos políticos para que vivan como rajás, cuando sólo hace una pocas generaciones vivían en cuevas o jacales? ¿Porqué tenemos que sostener un Congreso tan despreciable que por supuesto, nunca ha visto ni verá por nosotros? ¿Porqué la Suprema Corte cobra los sueldos que cobra y nunca imparte Justicia? ¿Porqué los empleadillos del IFE gastan miles y miles de pesos en una comida mientras hay más de cincuenta millones de pobres que no comen una soa vez a día? ¿Porqué los del sindicato de Luz y Fuerza se construyeron una cancha para basquetbol con madera traída especialmente de China y con un costo de más de cien millones? ¿Porqué la corrupta gobernadora de Yucatán regaló a todos sus diPUTAdillos una camioneta Ford último modelo, y yo no puedo cambiar el mío? ¿Porqué la PUTA líder de los maestros regala Hummers a diestra y siniestra mientras los estudiantes van a la escuela con el estómago vacío? ¿Porqué no hay nadie en la cárcel por tantos crímenes cometidos? ¿Porqué hay muchos como yo, que no habiendo firmado nunca ningún contrato de ayuda para otros, dado que no la hemos pedido nunca para nosotros, nos vemos obligados a darles a ellos más de lo que humanamente podemos?

No le extrañe a nadie que dentro de muy poco, no se den a basto los médicos forenses del SEMEFO para recoger los cadáveres en las estaciones del Metro, bajo los puentes, colgados en los quicios de sus puertas o destrozados en una banqueta. Que siempre será mejor morir con dignidad que vivir como estamos viviendo. Al menos sentiremos en el último momento, que con nosotros ya no contarán para seguir participando en este juego macabro que no nos llevará a ningún lado, al menos, no a los que no estamos en el Sistema.

Y ni modo, pero así pensamos, y ya somos muchos, los pocos que aún tenemos algo de dignidad.

martes, 29 de septiembre de 2009

QUIS SICUT DEUS

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¡Quien como Dios para librarnos de todo mal! Pero, ¿no será que Él ya no está por ahí? Hace muchísimo tiempo nos dijeron que había muerto, pero yo pienso que los dioses no pueden morir, sólo se aburren de nuestra total falta de imaginación y se van a otros mundos en donde haya más inteligencia y por lo tanto, más creatividad. Llevamos muchos miles de años repitiendo los mismos errores y pidiéndole que Él los arregle. ¡No se vale!

Lo único que tengo cierto es que de los mexicanos no pudo haberse aburrido, aquí siempre encontramos cosas direrentes con qué asombrar al mundo, y voy a tratar de enumerar algunas.

La primera, -y única por hoy-, y que está llenando todas las páginas de los periódicos es que ¡por fin! Juanito ya dijo que renunciará a la jefatura delegacional de Iztapalacra, en favor de la vulgarcísima tipa que responde al nombre de Clara Brugada. Todos sabemos cómo es que ocurrió todo lo que ha ocurrido los últimos días con este par de tipejos porque los medios les han dado todo el tiempo que no utilizan en cosas importantes, lo único que importa es el tan renombrado raiting. ¿Y a quién -con dos gramos de cerebro-, no le divertía mirar en las pantallas de su televisor a un tipo que en una burda imitación de un Rambo totonaca, afirmaba que estaba listo para llegar a ser incluso Presidente de esta república bananera? Hubo algunos, como León Krauze que dijeron sentirse muy tristes porque al fin le habían encontrado el precio a Juanito y con ello había terminado el sueño de un "ceniciento" de la política, y con él, los sueños de muchos otros "cenicientos" que ya estaban más puestos que un calcetín para las próximas elecciones ¡Y lo dijo en serio! ¡Como si en este país gobernara alguien que no fuera un pendejo antes y un rey después de toooodas las elecciones! Nada más hay que ver los resultados.

Por su lado, el asqueroso, avejentado y cada vez más feo, Peje, dijo que al fin Iztapalacra iba a tener el gobierno que merecía ¿qué querría decir con eso? ¿tan mal están?. La tal Clara, se cansó de posar ante las cámaras diciendo que al fin Juanito había demostrado ser un hombre cabal, decente, extraordinario, simpático y casi un santo. Lo que a mí me intriga, es que el tal Juanito ya había dado la espalda al Peje y que éste sujeto ya se veía imposibilitado para convencerlo de que cumpliera su palabra. Cuando... ¿qué creen? ¡Que Súperman va al rescate y en sólo unos minutos convence al cuasi homo de la bandita en la cabeza, para que dejara el puesto en favor de la susodicha. ¿A quién sirve Ebrard? Porque nuestro flamante y afrancesado jefe de gobierno ha dicho a diestra siniestra que está interesado en la contienda del 2012, y si le allana el camino al Peje, éste no va a renunciar tan fácil para dejarle el puesto de candidato único por el PRD, ¿qué se traerán? Cuando la tal delegación estaba convirtiéndose en un polvorín en el que el Peje iba a ser exhibido como único responsable, el carnal Marcelo sale y lo soluciona todo. No es que me importe ni mucho ni poco lo que les pase a los habitantes de esa delegación en donde están casi todas las casas de seguridad de la mafia que nos oprime, me preocupa lo que estén planeando esas sabandijas salidas del PRI y ahora con tanto poder.

Ya lo dijo el mismísmo Aristóteles: "La democracia es una aberración de la república, el pueblo jamás estará preparado para ostentar el poder", cosa que los mexicanitos ignoran, y por lo tanto, gritan hasta desgañitarse que vivimos en un régimen democrático, como si eso fuera motivo de orgullo ¡Hay que ponerse a leer! y meterse por donde les quepa esta frase de Michel Tournier "A cado grado de poder, debe corresponder un grado de conocimiento".

¡Quien como Dios para librarnos de toda esta chusma que afea el mundo e insulta con su sola presencia a los espíritus inteligentes y sensibles! Pero... ¿dónde andará?

lunes, 21 de septiembre de 2009

SOLO UN PUNTITO AZUL...


¡Hemos salido de nuestro sistema solar y seguimos explorando el Universo! ¿Y a quién le importa? Cinco millones de años de evolución no nos han servido de nada. Seguimos aferrados -y cada vez con más fuerza-, a nuestra condición de cavernícolas sempiternos e irredentos. Me explico: ¿alguien de ustedes ha escuchado los noticieros de México en los últimos días? Una y otra vez, una y otra vez, los monigotes que están como conductores y dizque periodistas, repiten las mismas noticias: que un fanático religioso "secuestró" un avión de la línea nacional; que otro pendejo se metió al Metro a tirar de balazos y mató a un policía y a un usuario; que en el espectáculo del Zócalo la policía de la ciudad de México no metió las manos para organizar a la multitud de personas que acudieron a mirar el show multimedia que organizó el Gobierno Federal y estuvo a punto de suceder una gran tragedia. ¡háganme ustedes el favor! como si la seguridad de los mexicanos tuviera que ver con los pleitos de los partiduchos políticos que tienen secuestrado a este país bananero. Y digo bananero porque supongo que en él viven puros monos que se alimentan de tal fruta, si no fuera así, tendríamos otra clase de gobiernos ¡vaya! tendríamos hasta otra clase de delincuentes, porque lo del tal secuestro fue el más grande de los ridículos. Perdón señor Zabludovski, pero desde que tuvo usted la "suerte" de narrar los destrozos del terremoto del ´85 ha andado en busca de otros premiecitos del periodismo nacional e internacional. ¡Qué bueno que se le frustró! porque para tal oso, ni siquiera debimos habernos enterado. Con el escándalo que usted hizo, sólo acabó de ahuyentar a los pocos turistas que se atreven todavía a visitarnos. Total, que no gana uno para corajes por tanta ineptitud.

El colmo de la imbecilidad, pendejez, retraso mental y total ignorancia, se lo lleva la conductora de la XEW Martha Debayle, que hoy en la mañana en su terriblemente pedestre programa, preguntó muy seria si los "bisteces" provenían de una vaca o de una res, y pidió encarecidamente a un veterinario invitado, que le explicara la diferencia. Dijo también ignorar de dónde salían los huevos que desayunaba todos los días. Aunque usted no lo crea. ¡Retrasados mentales como esos son los dictan la cultura en este país! Y se preguntarán ustedes ¿qué hacía Dahlia escuchando a tales entes si son tan reverendamente malos? simple: midiendo el agua a los camotes. A un pueblo se le mide por el alimento intelectual que recibe y en éste, la mayoría gusta de paladear la mierda, y no se puede criticar lo que no se conoce, así que regularmente escucho y veo programas que oyen y miran la mayoría de los mexicanos, de esa manera me queda claro lo que está pasando y va a pasar en este desgraciado país, que no es de aquí ni de allá, no tiene edad ni porvenir y hundirse en el fango es su destino irremediable.

México ansía pertenecer al grupo de los poderosos países del norte de este continente, pero por supuesto que está a años luz de lograrlo y en cuanto a ser el "hermano mayor" de Latinoamérica, ya no es posible, ya son varios los que le llevan la delantera, así que se quedó sólo y enmedio de la nada, no hay material humano, no se puede esperar nada de un pueblo que lleva años alimentándose de mierda que esparcen por todo el territorio los papanatas y criminales medios de comunicación que tan bien tratan los diversos gobiernos que hemos tenido en los últmos treinta años. Cuando vemos que la líder de los maestros es una vieja arrabalera y atrabiliaria que no sabe ni siquiera hablar ¿qué podemos esperar? ¿qué nos espera si dos de los candidatos presidenciales están locos por actricillas de quinta que pasean orgullosos por todos lados? ¡Imagínenselas en el balcón presidencial presidiendo el grito y saludando a la masa que las aclamará embelesados desde la plancha del Zócalo! Yo la verdad, paso, voy a tramitar una residencia en algún otro país para no estar presente si eso llegara a suceder, que por otro lado, es lo más seguro.

Finalmente, como comencé este debraye pensando en que el planeta en el que vivimos comparado con Júpiter es del tamaño de un chícharo y con el sol, ya ni hablar, sin embargo, es el más bello y parece ser que el único habitado. Lo único que me pregunto es lo siguiente: ¿Habrá en este pequeño puntito azul un lugar en el que se pueda vivir como verdadero ser pensante? Tengo entendido que hace millones de años nuestros ancestros bajaron de los árboles para habitar en cavernas y después de miles y miles de años lograron decirse a sí mismos que ya eran homo sapiens, pero, ¿de verdad lo somos? Con los programas de radio y televisión que se consumen en este país, yo la verdad estoy segura de que NO y no sólo eso, vamos chutando de nuevo a las cuevas y de ahí a los árboles, de eso no nos quepa la menor duda. No me queda más que repetir la frase de la inefable Mafalda ¡Paren el mundo, me quiero bajar!

viernes, 28 de agosto de 2009

¿LIBERACIÓN?



La iglesia católica ha tratado de silenciar a toda costa a los promotores de la Teología de la Liberación como Ernesto Cardenal, quien fue regañado en púlico por el Papa durante su visita a Nicaragua en 1983.






El pasado lunes 24 dio comienzo el Primer Congreso de Teología de la Liberación aquí en la ciudad de la desesperanza y el caos. La sede: el Claustro de Sor Juana primero; el y Centro Universitario Cultural después; los ponentes: los pensadores y fundadores de tal teología; el público: perdido en una inmensidad que los rebasó por completo.

Todos hemos escuchado algo, de alguien, en algún lugar perdido en nuestra memoria, pero pocos sabíamos con certeza de qué se trató o se sigue tratando la Teología de la Liberación. Aquí en México, escuchamos mucho y durante largo tiempo, que el Movimiento Zapatista de Liberación Nacional estuvo fundamentado en la tan llevada y traída Teología de la Liberación. Todos los analistas políticos de este país bananero invertían horas y horas hablando del movimiento armado, pero seguramente siguen sin saber nada de su fundamentación teológico-filosófica y así seguirán; y ante su total incapacidad para comunicar a sus oyentes la profundidad de dicho movimiento, el pueblo se quedó solamente con la imagen del subcomandante Marcos.

Han pasado muchos años desde entonces, desde que el inefable ex presidente Fox aseguró en los medios que él acabaría con dicho movimiento en quince minutos. Textualmente, sus palabras fueron: "Acabaré con ese movimiento en quince minutos". Repitan la frase mirando su reloj. Se darán cuenta de que sólo invirtió quince segundos, el tiempo exacto en que un político aquejado de esdrujulismo tarda en pronunciar dichas palabras. Me explico: al haberlos invitado a la ciudad de México, poner al ejército nacional para que hicieran valla al Zapatour (como le llamaron los mismos zapatistas, al viaje que hicieron a la capital), durante todo su trayecto; permitir que los líderes del grupo rebelde hablaran en el Congreso; que Marcos pronunciara un discurso dizque incendiario en la principal explanada de la UNAM; que se alojaran en la Escuela Nacional de Antropología e Historia; que los entrevistaran todos los medios del mundo y prometer que se impondría la justicia y se daría salida a todas las peticiones de los rebeldes... sentó un precedente que nos debería haber hecho pensar en lo que vino después: desinfló completamente cualquier intento de rebeldía en el grupo disidente. ¿Cuándo se había visto en la historia de la humanidad algo parecido? Ni en mis sueños más desmesurados podría vislumbrar que el César hubiera permitido la entrada triunfal de Espartaco y sus huestes a la ciudad de Roma. Claro que dicen que aquí no existe una monarquía, pero en los hechos y diariamente, constatamos que así es. Si todo lo que pides te lo condeden, -en este caso, fingieron que lo concedían-, te dejan hablar, llegar a los foros más importantes y decir lo que buenamente puedas o quieras, entonces... ¿dónde quedó la lucha?

No me malentiendan por favor, los pocos que pensamos en este país, sabemos que un político mexicano miente desde el cavernoso y pestilente seno que lo alimentó; que nunca se pensó en justicia y equidad para los pueblos crucificados, como supe que les llaman los teólogos de la liberación; que sólo se les dejó, al menos públicamente y a los ojos del mundo, que hicieran y dijeran lo que quisieran, mientras al mismo tiempo, seguían masacrándolos en sus lugares de origen. Aceptémoslo, Fox cumplió con su promesa y Marcos cayó en la trampa. Sólo que nadie ha querido o podido verlo.

Parecería ser que el papa más siniestro que ha tenido la Iglesia Católica, logró sus propósitos. ¿si no, porqué el más siniestro de nuestros presidentes reanudó relaciones con el todavía más siniestro Vaticano? La meta: acabar en un dos por tres con la Teología de la Liberación y que los pueblos sigan crucificados ¿quién habla ya de los pueblos del color de la tierra? y que conste, Marcos siempre me pareció el más grande de los payasos. Escogió usted mal a su subalterno, señor comandante Samuel Ruiz.

Lo que vi en el Congreso fue lo siguiente: en primer lugar indiscutible y además cabeza y creador de la Teología de la Liberación, a un jesuita llamado Jon Sobrino, español, por supuesto; en segundo, a una pléyade de jesuitas también españoles en su mayoría, aunque había algunos salvadoreños, lugar de donde se expandió a toda latinoamérica, la idea de liberar a los pueblos oprimidos. Pocas veces a lo largo de toda mi vida, que ya va siendo muuuuy larga, vi tanta inteligencia en un mismo recinto (y no estoy siendo irónica). Constaté, aunque he leído infinidad de libros sobre el tema, que esa hermandad, la de Jesús, es lo único que vale y ha valido la pena a lo largo de 2,000 años de historia, en la Iglesia Católica.

Una sola cosa he deseado siempre en mi vida, que Dios ponga en mi camino gente inteligente, y hasta ahora, he logrado borrar de mi entorno a los imbéciles. En este caso, fue de verdad iluminador haber tenido la preciosa oportunidad de conocer a estos hombres extraordinarios, y digo conocer, no sólo sentarme en una butaca a escucharlos, conocí a varios que platicaron conmigo durante horas, que me invitaron (sólo a mi), a sentarme con ellos, que me escucharon con paciencia y atención y que recordaré con respeto toda mi existencia. No quería ir, me llevaron a ese Congreso, ahora puedo decir que en él estaban las personas más sabias que he tenido la suerte de conocer. A mi, que no me gusta creer en lo que no veo, me pareció que enmedio del árido mundo en el que vivimos, siendo mujer y seglar, viviendo en un país estúpidamente machista y pendejo, me tocó la mejor parte.

Qué lástima, que como siempre, la gran mayoría ni siquiera supo, sabe, ni sabrá lo que pasó a sólo unos pasos de ellos, porque como siempre, están mucho más ocupados en cosas que sólo deberían ser importantes para nuestros ancestros que habitaban en las cavernas. ¡Envídienme los que estén conscientes y hasta la próxima!

viernes, 21 de agosto de 2009

TERMINATOR



El cine es una de mis pasiones, y como tal, no conoce límites. A lo largo de mi vida he visto toda clase de películas: en todos los colores y dimensiones; acerca de todos los temas y géneros y en todos los idiomas; de todos los países y de todas las épocas; desde sus inicios y hasta el último estreno; con actores muy buenos y otros deleznables; dirigidos por genios o chapuceros sin ningún valor. He visto miles de películas pero sólo algunas se han quedado conmigo a lo largo de muchísimos años. Y definitivamente muy pocas quedarán en mi mente el día que yo desaparezca de este mundo. Esta es una de ellas.

A lo largo de las décadas que he dedicado a la más grande de las artes, he visto evolucionar y revolucionar todo. Entrar a un cine es y seguirá siendo para mí, las más grandiosa de las aventuras. El cine no es para verlo en casa por muy grande que sea la pantalla que tengamos en ella; no es para verlo en soledad, sino para compartir con muchos, con cientos o miles, las emociones que genera y espero siga generando, pienso que cuando ya no haya gente en las salas de cine, habremos perdido lo último que nos quedaba para hacer este mundo más vivible y soportable.

Cuando algunas veces he sentido que el cine ya se agotó y que difícilmente harán algo nuevo para sorprendernos, llega una película como Terminator Salvation y me deja callada, emocionada al límite, clavada materialmente en la butaca, esperando no sé qué, con los ojos fijos en la pantalla oscura, hasta que los encargados de la limpieza, llegan para hacer su trabajo y decirme de alguna manera que el film ya terminó, que debo salir para entrar de nuevo al desolado y gris mundo en el que vivimos, que debo salir de un futuro menos ominoso y violento, al presente en el que estamos viviendo.

En el aquí y el ahora, no hay máquinas asesinas que nos persigan con sus ojos rojos que pueden detectar el calor de nuestros cuerpos o el latido de nuestros corazones, no hay una empresa como Skynet que los construya en serie y cada vez más mortíferos para acabar con el último ser humano del planeta, no existen grupos de resistencia para defensa de los pocos que han quedado después de una guerra nuclear, no ha ocurrido tampoco una gran guerra como la primera y la segunda, que sin ser mundiales acabaron con muchos millones de personas. Por todo ésto, debería yo estar felíz al término de la proyección y dirigirme tranquila a mi casa, después de todo, sólo se trató de un film futurista, nada de lo que hay en el mundo tiene parecido con lo que acabo de mirar en la pantalla.

Aquí sólo hay inofensivos cajeros automáticos que cobran por sus servicios sumas estratosféricas; cajas de cobro automático que nos sacan mucho dinero por ocupar un cada vez más pequeño lugar en un estacionamiento al que necesariamente acudimos para ir a hacer nuestras compras; amables voces grabadas en teléfonos para indicarnos qué número marcar si queremos hacer, preguntar, contratar, denunciar o pedir cualquier cosa que necesitemos; hay quietecitos e inofensivos parquímetros en las banquetas con una insaciable hambre de monedas que nos vemos obligados a sacar apuradamente de nuestra bolsa si queremos ocupar tan sólo unos minutos un pequeño espacio en una calle que es nuestra, que pagamos y mantenemos con nuestros impuestos; hay también un sinfín de máquinas en las que hacemos los pagos de casi todo lo que consumimos. Existen otras máquinitas muy graciosas sin las cuales ya no podemos vivir: los teléfonos celulares, los Ipods, los Blackberrys, los GPS, los chips que ya instalan en mascotas y que pronto ya estarán siendo insertados en personas por la cuestión de los secuestros, y otro montón de máquinas lindas e inofensivas que desplazaron a millones de seres humanos de sus empleos. Nos dijeron que estaban ahí para hacer más eficiente el trabajo, nos vendieron la idea de que con ellas estaríamos mejor atendidos y lo creímos sin pensar dos veces, que en muy poco tiempo, las carreras carísimas que la mayoría de los tontos padres pagan en las más caras universidades, no servirán para nada, pues pronto las máquinas lo harán todo y no será necesario seguir ocupando gente. Las máquinas no cobran por sus servicios, no enferman, no hacen manifestaciones, no se van a huelga, no son corruptas, no se reproducen como hongos pestilentes y maléficos, no necesitan antioxidantes ni cirujías plásticas, no sienten envidia, no engañan, no hacen falsas promesas, no tienen ambiciones, no traicionan, no roban, no ensucian, no mienten, no luchan entre ellas, no votan. En suma: no hacen ninguna de las cosas espantosas que hacemos los seres humanos.

En el mundo no existe todavía (más que en la mente de algunos pragmáticos avanzados) una empresa como Skynet, dedicada a hacer robots en serie, pero, ¿no son acaso una fábrica de robots humanos las cadenas televisivas de todo el planeta? ¿no muestran caras, cuerpos, casas y ciudades inexistentes que todos quisieran poseer, en las que todos quisieran vivir? ¿no es cierto que para lograr lo que les muestra la moderna máquina con pantalla plana y alta resolución, muchos matan, violan, secuestran, trafican, corrompen y destruyen todo a su paso? ¿no se nos extrae hasta la última gota de sangre a través de impuestos para todo sin recibir nada a cambio? ¿no se nos vigila y hostiga todo el tiempo a través de padrones cada vez más elaborados? ¿es acaso que miento cuando digo que ya no se nos permite ni siquiera tomar la sal que apetezcamos? ¿que bebamos? ¿que fumemos? ¿que pensemos?

Cuando salí del cine, pensé que Terminator, que por otro lado diré que me impresionó por su total y absoluta perfección tecnológicamente hablando, por el guión y la producción, por sus efectos especiales, su sonido y una dirección impecable, no es una película futurista, y si lo es, se quedó muy corta. En el futuro del que nos habla, habitan seres humanos que todavía creen en ideales y luchan por ellos. Si este presente no es tan oscuro y ominoso ¿porqué tenemos tanto miedo? ¿porqué vivimos tan angustiados? ¿PORQUÉ?
La única razón que en este momento encuentro para seguir en este mundo, es esperar a la proyección de Avatar. Esperen el estreno el próximo diciembre, y por favor, véanla como debe ser: en una sala de cine.

domingo, 16 de agosto de 2009

Entre peñas














La Peña de Bernal y la Peña del Aire, son hermanas. Una más pequeña que otra, pero las dos casi desconocidas por todos. A sólo dos horas de camino desde la gran ciudad del desalieto y saliendo por la autopista a Querétaro, encontramos un maravilloso pueblo de los llamados mágicos: Bernal, un pueblo chiquito que hasta hace muy poco tiempo yacía dormido a la sombra de un monolito que por las noches se convierte en un fanstasma protector.
Dicen los que saben, que la peña tiene poderes extraños, que un manantial que nace en sus entrañas produce el agua más dulce que se ha tomado jamás y que cura todas las dolencias, hasta las del alma; que quien duerme a su sombra puede detener el tiempo y que en las noches claras se posan en ella naves con habitantes de otros mundos... lo único que yo sé, es que Bernal es un lugar en verdad muy bello. Caminar por sus desiertas calles es como caminar en el pasado, como retornar a tiempos que sólo recuerdan los viejos, los muy viejos que se sientan en las bancas de la plaza a rememorar tiempos idos. Cuando muera el último de ellos, dentro de poco, ya nadie sabrá contarnos la historia de ese pueblo, pero su hermosa Peña seguirá ahí, como mudo testigo de tiempos que nadie quiere recordar.
En el portal se sienta todos los días una anciana indígena vestida de negro y envuelta en un rebozo de bolita, todos la conocen con el nombre de Doña Jose. Sus piés están cubiertos por el polvo de muchos caminos, su rostro está surcado de arrugas y en su boca ya no queda ningún diente. Los habitantes del pueblo, la miran como si fuese un árbol, un muro o alguna calle, siempre está ahí, desde hace muchísimos años. Llega de nadie sabe dónde y de la misma manera se va a algún sitio desconocido y quizá muy lejano. Nadie se ha peguntado jamás el origen de Doña Jose. Ella se sienta con parsimonia en el piso del portal, se acomoda el rebozo y extiende su rugosa mano en señal de súplica. Y de la misma manera que nadie le daría unas monedas a un árbol, un muro o una calle, ella tampoco recibe nada.
Al comenzar a ponerse el sol, Doña Jose se levanta trabajosamente y emprende el camino de regreso hacia la nada; a pasitos cortos, lentos y muy cansados va alejándose del pueblo por uno de los tantos caminos que llevan a él. Algunos lugareños me informaron que la han visto desde siempre, desde que eran niños y jugaban en la plaza. Otros dicen que participó en la Revolución, que fue soldadera y que tuvo muchos hijos, tantos que ella misma no recuerda sus nombres; otros más, que fue castigada a vivir para siempre por haber cometido un pecado innombrable y que su inmortalidad fue el justo castigo por tan grande pecado.
Lo cierto es que Doña Jose forma parte del paisaje de Bernal y que personajes como ella ya quedan muy pocos. Cuando muera el ultimo, México dejará de ser México para convertirse en un país sin madre, sin raíces, sin tierra nutricia que lo alimente. Los sábados y domingos llegan a Bernal muchos turistas que no se interesan por la la historia de Doña Jose, que no preguntan ni se interesan por nada, sólo se detienen maravillados y miran la Peña como hipnotizados, sin hacerse preguntas ni buscar respuestas; ensucian el pueblo y se van como vinieron, igualitos, sin haber comprendido nada.
La otra peña, la del Aire, está en el borde de un gran barranco, tan grande, que separa dos Estados: Veracruz e Hidalgo. Es mucho más pequeña que la de Bernal, pero no menos impresionante. Una formación de roca basáltica que cuida un valle en donde no nace ni la mala hierba por la dureza de suelo.
Huasca es otro de los pueblos mágicos. Esta vez en el vecino Estado de Hidalgo. En el pasado fue un rico pueblo minero cuyo dueño fue Don Pedro Romero de Terreros, Conde de Regla, señor de minas, pueblos, vidas y almas. En su tiempo el hombre más rico del mundo. Dice la leyenda que invitó al rey de España a visitar esas tierras, prometiéndole pavimentar de plata el camino desde Veracruz hasta su hacienda, sabemos que el rey no aceptó la invitación y que no fue hasta hace poco tiempo que un rey de aquellas tierras se dignara a venir al continente cuyas riquezas lo llevaron a ocupar el trono que debería haber desaparecido hace mucho tiempo y que tan injustamente para toda la humidad aún ocupa.
Sentada en una banca de la plaza de Huasca, vi desfilar a los visitantes de fin de semana al lado de Don Epifanio sin dedicarle siquiera una mirada. Don Epifanio es un anciano que también forma parte del paisaje. Un ser humano convertido al paso de los años en un glifo verdeazulado y como tal, quieto. Vestido con un jorongo, un pantalón raído y un ancho sombrero deshilachado en los bordes, sólo su mano en señal de súplica nos muestra que está vivo. De nuevo pregunté acerca de quién era, (aparte del nombre), Don Epifanio. Nadie supo dar razón. Algunos dijeron que había participado en la Revolución, otros que había sido hacendado y había encontrado minas de plata, otros, que no recordaban nada de él, sólo que lo habían visto en el portal desde que eran niños. A ninguno de los dos ancianos quise hablarles, pensé que al hacerlo, me enteraría de una historia que no tendría nada que ver con lo contado por los vecinos. Sólo saqué algo en claro: en todos los pueblos de México existen todavía muchos Epifanios y Joses, en todas partes se inventan historias sobre ellos y en ningún pueblo saben nada de ellos, pero se inventan historias.
Aquí, en la gran ciudad, ni siquiera los vemos. Debe haber algunos, unos cuantos, pero llevamos tanta prisa que nos pasan inadvertidos. Nadie inventa historias sobre ellos ni les regala unas monedas, nadie se pregunta nada, nadie los mira.
Después de tres días puebleando en las cercanías de la ciudad, me hice una promesa que no pienso romper: visitar siempre alguno de esos pueblos para darme cuenta de cuánto hemos perdido, de cuánto hemos olvidado y en qué nos hemos convertido. Fui a mirar las dos peñas, y encontré a estos dos personajes. Las peñas seguirán ahí cuando todos hayamos muerto y con menos soberbia que todos nosotros, que creemos que hemos de permanecer para siempre y no nos damos cuenta que los que se han ido antes que nosotros son ahora sólo el polvo que entra en nuestros ojos cuando sopla fuerte el viento. La Peña de Bernal y la Peña de Aire tienen alma. Son estos dos ancianos de los que todos hablan pero nadie conoce. Algún día ya no estarán ahí, ya no volveré a verlos en sus portales con la mano extendida, en ese momento sabré que las dos peñas perdieron su alma, su razón de ser, que sólo son dos monolitos de fría piedra.

miércoles, 5 de agosto de 2009

En busca de libros perdidos



Hace muchos años tuve una biblioteca que se perdió en los vericuetos de mi vida. Ha sucedido que a veces, en algún puesto o tienda de libros viejos he encontrado alguno de esos libros de mi biblioteca desaparecida, puedo saber que fueron míos porque tienen anotaciones hechas por mí con tinta verde. Por más que he martirizado a mi memoria, no he podido recordar el porqué de ese color. No me gusta, siempre he preferido la tinta negra y la puntilla gruesa. Sé que son mis anotaciones porque es mi letra, inconfundible, una letra extraña, como de niña pequeña que nunca he podido cambiar. Lo curioso es que al volver a leerlos, vuelven a llamarme la atención las mismas cosas y vuelvo a anotar parecidas reflexiones -ahora con tinta oscura-, como sin en el intermedio entre tantos años -no puedo recordar cuántos-, no hubiera transcurrido el tiempo y no hubiera leído miles de otros libros, diferentes a los primeros.


Esta biblioteca, según creo recordar, era muy peculiar: en ella sólo había libros que narraban hechos insólitos e inexplicables, relataban la historia de civilizaciones perdidas, describían libros peligrosos cuya existencia negaban unos, y defendían otros con su vida, siendo quemados en hogueras infamantes por afirmar su existencia; hablaban de personajes inverosímiles que pasaban de un libro a otro con diferentes nombres pero indénticas personalidades, de catástrofes inexplicables, de dioses malvados y ángeles protectores. Recuerdo la bilioteca pero no el hecho de cómo fue que desapareció de mi existencia ni el asunto de la tinta verde.


A lo largo de los años he logrado reunir de nuevo muchos de ellos y los he ido acomodando en el mismo orden que creo recordar, tenían en el pasado. Aún faltan algunos y me aterra pensar que el tiempo no me alcance para volver a reunirlos de nuevo. Cada vez que reencuentro uno, regreso a casa corriendo, lo acomodo junto a sus compañeros y me siento a contemplar como poco a poco, ese librero va llenándose de nuevo con esos libros antiguos, ahora tocados por manos desconocidas, leídos con avidez por personas extrañas y vueltos a abandonar a cambio de algunas monedas.


Cuando los compré ya eran viejos, tenían anotaciones con lápiz, con tinta de diversos colores y hasta pedazos de papel entre sus páginas en aquel tiempo ya amarillento y ahora casi desaparecido a fuerza de ser tocado una y otra vez. Las caligrafías son distintas y puedo adivinar que algunas pertenecen a hombres y otras a mujeres, también están hechas en diferentes idiomas, he logrado indentificar unos cuantos, pero desconozco totalmente otros.


Sé que esos libros fueron escritos en otros tiempos, cuando eran míos y todavía no habían desaparecido de mi vida, cuando el mundo no era como es y cuando aún ni siquiera se pensaba que algún día fuera así. Que fueron leídos a la luz de velas, lámparas de petróleo o simplemente, bajo un árbol o en la banca de un parque ya desaparecido. De la misma manera que yo he vuelto a leerlos uno a uno y a poner las mismas reflexiones con letra muy pequeñita pues casi no queda espacio en sus páginas.


Todavía faltan algunos, dos o tres quizá, y vuelvo a pisar las mismas calles y a entrar por las mismas puertas, a buscar en los mismos estantes y a preguntar por los mismos nombres. Los rostros han cambiado, no me reciben las mismas personas, yo soy la misma y ando en busca de unos libros que perdí, no logró acordarme cómo ni cuando.