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domingo, 16 de agosto de 2009

Entre peñas














La Peña de Bernal y la Peña del Aire, son hermanas. Una más pequeña que otra, pero las dos casi desconocidas por todos. A sólo dos horas de camino desde la gran ciudad del desalieto y saliendo por la autopista a Querétaro, encontramos un maravilloso pueblo de los llamados mágicos: Bernal, un pueblo chiquito que hasta hace muy poco tiempo yacía dormido a la sombra de un monolito que por las noches se convierte en un fanstasma protector.
Dicen los que saben, que la peña tiene poderes extraños, que un manantial que nace en sus entrañas produce el agua más dulce que se ha tomado jamás y que cura todas las dolencias, hasta las del alma; que quien duerme a su sombra puede detener el tiempo y que en las noches claras se posan en ella naves con habitantes de otros mundos... lo único que yo sé, es que Bernal es un lugar en verdad muy bello. Caminar por sus desiertas calles es como caminar en el pasado, como retornar a tiempos que sólo recuerdan los viejos, los muy viejos que se sientan en las bancas de la plaza a rememorar tiempos idos. Cuando muera el último de ellos, dentro de poco, ya nadie sabrá contarnos la historia de ese pueblo, pero su hermosa Peña seguirá ahí, como mudo testigo de tiempos que nadie quiere recordar.
En el portal se sienta todos los días una anciana indígena vestida de negro y envuelta en un rebozo de bolita, todos la conocen con el nombre de Doña Jose. Sus piés están cubiertos por el polvo de muchos caminos, su rostro está surcado de arrugas y en su boca ya no queda ningún diente. Los habitantes del pueblo, la miran como si fuese un árbol, un muro o alguna calle, siempre está ahí, desde hace muchísimos años. Llega de nadie sabe dónde y de la misma manera se va a algún sitio desconocido y quizá muy lejano. Nadie se ha peguntado jamás el origen de Doña Jose. Ella se sienta con parsimonia en el piso del portal, se acomoda el rebozo y extiende su rugosa mano en señal de súplica. Y de la misma manera que nadie le daría unas monedas a un árbol, un muro o una calle, ella tampoco recibe nada.
Al comenzar a ponerse el sol, Doña Jose se levanta trabajosamente y emprende el camino de regreso hacia la nada; a pasitos cortos, lentos y muy cansados va alejándose del pueblo por uno de los tantos caminos que llevan a él. Algunos lugareños me informaron que la han visto desde siempre, desde que eran niños y jugaban en la plaza. Otros dicen que participó en la Revolución, que fue soldadera y que tuvo muchos hijos, tantos que ella misma no recuerda sus nombres; otros más, que fue castigada a vivir para siempre por haber cometido un pecado innombrable y que su inmortalidad fue el justo castigo por tan grande pecado.
Lo cierto es que Doña Jose forma parte del paisaje de Bernal y que personajes como ella ya quedan muy pocos. Cuando muera el ultimo, México dejará de ser México para convertirse en un país sin madre, sin raíces, sin tierra nutricia que lo alimente. Los sábados y domingos llegan a Bernal muchos turistas que no se interesan por la la historia de Doña Jose, que no preguntan ni se interesan por nada, sólo se detienen maravillados y miran la Peña como hipnotizados, sin hacerse preguntas ni buscar respuestas; ensucian el pueblo y se van como vinieron, igualitos, sin haber comprendido nada.
La otra peña, la del Aire, está en el borde de un gran barranco, tan grande, que separa dos Estados: Veracruz e Hidalgo. Es mucho más pequeña que la de Bernal, pero no menos impresionante. Una formación de roca basáltica que cuida un valle en donde no nace ni la mala hierba por la dureza de suelo.
Huasca es otro de los pueblos mágicos. Esta vez en el vecino Estado de Hidalgo. En el pasado fue un rico pueblo minero cuyo dueño fue Don Pedro Romero de Terreros, Conde de Regla, señor de minas, pueblos, vidas y almas. En su tiempo el hombre más rico del mundo. Dice la leyenda que invitó al rey de España a visitar esas tierras, prometiéndole pavimentar de plata el camino desde Veracruz hasta su hacienda, sabemos que el rey no aceptó la invitación y que no fue hasta hace poco tiempo que un rey de aquellas tierras se dignara a venir al continente cuyas riquezas lo llevaron a ocupar el trono que debería haber desaparecido hace mucho tiempo y que tan injustamente para toda la humidad aún ocupa.
Sentada en una banca de la plaza de Huasca, vi desfilar a los visitantes de fin de semana al lado de Don Epifanio sin dedicarle siquiera una mirada. Don Epifanio es un anciano que también forma parte del paisaje. Un ser humano convertido al paso de los años en un glifo verdeazulado y como tal, quieto. Vestido con un jorongo, un pantalón raído y un ancho sombrero deshilachado en los bordes, sólo su mano en señal de súplica nos muestra que está vivo. De nuevo pregunté acerca de quién era, (aparte del nombre), Don Epifanio. Nadie supo dar razón. Algunos dijeron que había participado en la Revolución, otros que había sido hacendado y había encontrado minas de plata, otros, que no recordaban nada de él, sólo que lo habían visto en el portal desde que eran niños. A ninguno de los dos ancianos quise hablarles, pensé que al hacerlo, me enteraría de una historia que no tendría nada que ver con lo contado por los vecinos. Sólo saqué algo en claro: en todos los pueblos de México existen todavía muchos Epifanios y Joses, en todas partes se inventan historias sobre ellos y en ningún pueblo saben nada de ellos, pero se inventan historias.
Aquí, en la gran ciudad, ni siquiera los vemos. Debe haber algunos, unos cuantos, pero llevamos tanta prisa que nos pasan inadvertidos. Nadie inventa historias sobre ellos ni les regala unas monedas, nadie se pregunta nada, nadie los mira.
Después de tres días puebleando en las cercanías de la ciudad, me hice una promesa que no pienso romper: visitar siempre alguno de esos pueblos para darme cuenta de cuánto hemos perdido, de cuánto hemos olvidado y en qué nos hemos convertido. Fui a mirar las dos peñas, y encontré a estos dos personajes. Las peñas seguirán ahí cuando todos hayamos muerto y con menos soberbia que todos nosotros, que creemos que hemos de permanecer para siempre y no nos damos cuenta que los que se han ido antes que nosotros son ahora sólo el polvo que entra en nuestros ojos cuando sopla fuerte el viento. La Peña de Bernal y la Peña de Aire tienen alma. Son estos dos ancianos de los que todos hablan pero nadie conoce. Algún día ya no estarán ahí, ya no volveré a verlos en sus portales con la mano extendida, en ese momento sabré que las dos peñas perdieron su alma, su razón de ser, que sólo son dos monolitos de fría piedra.

miércoles, 5 de agosto de 2009

En busca de libros perdidos



Hace muchos años tuve una biblioteca que se perdió en los vericuetos de mi vida. Ha sucedido que a veces, en algún puesto o tienda de libros viejos he encontrado alguno de esos libros de mi biblioteca desaparecida, puedo saber que fueron míos porque tienen anotaciones hechas por mí con tinta verde. Por más que he martirizado a mi memoria, no he podido recordar el porqué de ese color. No me gusta, siempre he preferido la tinta negra y la puntilla gruesa. Sé que son mis anotaciones porque es mi letra, inconfundible, una letra extraña, como de niña pequeña que nunca he podido cambiar. Lo curioso es que al volver a leerlos, vuelven a llamarme la atención las mismas cosas y vuelvo a anotar parecidas reflexiones -ahora con tinta oscura-, como sin en el intermedio entre tantos años -no puedo recordar cuántos-, no hubiera transcurrido el tiempo y no hubiera leído miles de otros libros, diferentes a los primeros.


Esta biblioteca, según creo recordar, era muy peculiar: en ella sólo había libros que narraban hechos insólitos e inexplicables, relataban la historia de civilizaciones perdidas, describían libros peligrosos cuya existencia negaban unos, y defendían otros con su vida, siendo quemados en hogueras infamantes por afirmar su existencia; hablaban de personajes inverosímiles que pasaban de un libro a otro con diferentes nombres pero indénticas personalidades, de catástrofes inexplicables, de dioses malvados y ángeles protectores. Recuerdo la bilioteca pero no el hecho de cómo fue que desapareció de mi existencia ni el asunto de la tinta verde.


A lo largo de los años he logrado reunir de nuevo muchos de ellos y los he ido acomodando en el mismo orden que creo recordar, tenían en el pasado. Aún faltan algunos y me aterra pensar que el tiempo no me alcance para volver a reunirlos de nuevo. Cada vez que reencuentro uno, regreso a casa corriendo, lo acomodo junto a sus compañeros y me siento a contemplar como poco a poco, ese librero va llenándose de nuevo con esos libros antiguos, ahora tocados por manos desconocidas, leídos con avidez por personas extrañas y vueltos a abandonar a cambio de algunas monedas.


Cuando los compré ya eran viejos, tenían anotaciones con lápiz, con tinta de diversos colores y hasta pedazos de papel entre sus páginas en aquel tiempo ya amarillento y ahora casi desaparecido a fuerza de ser tocado una y otra vez. Las caligrafías son distintas y puedo adivinar que algunas pertenecen a hombres y otras a mujeres, también están hechas en diferentes idiomas, he logrado indentificar unos cuantos, pero desconozco totalmente otros.


Sé que esos libros fueron escritos en otros tiempos, cuando eran míos y todavía no habían desaparecido de mi vida, cuando el mundo no era como es y cuando aún ni siquiera se pensaba que algún día fuera así. Que fueron leídos a la luz de velas, lámparas de petróleo o simplemente, bajo un árbol o en la banca de un parque ya desaparecido. De la misma manera que yo he vuelto a leerlos uno a uno y a poner las mismas reflexiones con letra muy pequeñita pues casi no queda espacio en sus páginas.


Todavía faltan algunos, dos o tres quizá, y vuelvo a pisar las mismas calles y a entrar por las mismas puertas, a buscar en los mismos estantes y a preguntar por los mismos nombres. Los rostros han cambiado, no me reciben las mismas personas, yo soy la misma y ando en busca de unos libros que perdí, no logró acordarme cómo ni cuando.

viernes, 17 de julio de 2009

AÑOS DE INDULGENCIA


Yo no quiero que nadie perdone mis pecados, me vale madres que algún hijoeputa me otorgue su perdón, no deseo estar en la fila de los bienaventurados, de los bien portados, de los alienados y alineados, de los pendejos que dejan que piensen por ellos, y ¡lo peor! que piensen por ellos los que nunca han pensado, los que se quedaron en las cavernas y que desde ahí quieren gobernar el mundo; no quiero estar en el grupo de los que admiran a alguien por su auto, su casa, su traje y todos los gusanos que están debajo de cualquier apariencia respetable y de todas las apariencias, no quiero estar en este país que no se respeta a sí mismo; ni en ningún otro, al fin y al cabo, que no hay en este planeta ningún país en el que valga la pena vivir. En todos es lo mismo, en todos pasa igual, el hombre es el lobo del hombre, y estoy segura que en ningún bosque o selva, o en el fondo de los mares, exista un animal más rapaz que el llamado ser humano.


Yo no veo por ningún lado alguna diferencia entre los humanos y los más deleznables animales: nacen crecen se reproducen y mueren igual que todo ser vivo, igual incluso que los vegetales, pero más, indudablemente más feos y pestilentes. Nacer: comprar, crecer: comprar, desarrollarse: comprar, reproducirse: comprar, morir: comprar. Todo tiene un precio, todo se vende, todo se remata. Y en esta gran tienda, en esta gran puta que es la vida, todos vendemos y compramos según nuestro interés. Inventamos a Dios y luego lo vendemos, en cómodos abonos pero con cheques sin fondo ni intención de acabar de pagarlo nunca. Compramos el amor, compramos el odio, compramos el miedo, compramos el perdón, compramos la compasión, compramos la mentira, compramos la verdad, compramos la vida y dejamos pagada nuestra muerte; y todo en esta vida se reduce a la compra-venta de todo lo que tenemos y todo lo que somos.


Y no salimos de nuestras cuevas, chozas, jacales, unidades habitacionales, departamentos, casas, casitas, casotas, palacios, si no nos ponemos una máscara; la que nos conviene, con la que podemos engañar y ser engañados, con la que nos amarán, con la que nos respetarán, con la que nos odiarán, con la que nos matarán. Porque la muerte es segura, llega sin avisar pero es seguro que llega. Y con ésta certeza ¿puede uno aspirar a la felicidad? miente el padre, lucra la madre, medra el hijo, engaña y viola el cura, estafa el político, holgazanea el obrero, se arrastra el campesino, vampiriza el empresario, mata el policía, corrompen los maestros, apendeja el académico, y no sé qué hace el estudiante que no estudia, porque simplemente no existe un antónimo de estudiar; yo diría que no estudiar es abusar, abusar de la confianza de todos los que pensamos que los jóvenes deben ir a la universidad para saber y actuar, hacer...y que no se enteran de nada, ni siquiera de porqué el planeta en que viven se llama como se llama y no de otro modo.


¿Y yo voy a solicitar, pedir, suplicar, desear, demandar, que me sean perdonados mis pecados? El único pecado que reconozco, y éso si acaso lo es, porque yo no acepto la idea de pecado, es el de querer salir de este rebaño, el de tratar de ser diferente, el de pensar por mí misma, el de no dejarme conducir por nadie, el de no pertenecer a ningún partido, iglesia, escuela, grupo, club social, colonia, código postal, marca, credo, familia...¡especie! para acabar pronto y sin gastar tantas palabras.


La verdad es que finalmente no entendí si Fernando Vallejo otorga o pide Años de Indulgencia en su libro más reciente. Conociéndolo, sé que no los pediría ni para esta humanidad, ni para él mismo. De todas maneras, y en el caso de que fueran para ese dios en el que dice no creer pero que odia tanto, años de indulgencía, los que fueran, serían muy pocos, para tanto sufrimiento como ha habido en el mundo desde, el tiempo en que dizque, comenzamos a ser animales racionales y hasta la presente fecha. ¡La puta madre que parió a Darwin! y su criminal teoría de las razas superiores, que al fin y al cabo, antes de que usted la elaborara, ya unos se habían dado cuenta de que era muy fácil someter a los otros; usted, querido y súper admirado señor Darwin, que como buen inglés victoriano de clase alta, rodeado de pergaminos, viviendo en un castillo y con antecedentes de esclavistas en su familia, sólo les otorgó la Patente de Corso. Y ahora que estamos en su año, y sabiendo que Fernando Vallejo es biólogo, sospecho que por ahí va la cosa. Pero la cosa en sí, según yo, debería haber ido por otro lado. Y a otra cosa.

sábado, 11 de julio de 2009

Soltar amarras


Me he quedado encallado en una bahía de arena. No hay a mi alrededor ni siquiera un mísero hilito de agua por que cual pueda deslizarme; quisiera volver al océano, a ese universo líquido por el que solía flotar bajo el sol o el cielo estrellado sin más meta que llegar un puerto, no importa a cual, el que fuera, un lugar en donde encuentre amigos, caras conocidas que sonrían al verme, que me digan: ¿En dónde habías estado? ¿Cómo te han tratado los huracanes? ¿Te han sido propicios los dioses? No, sólo estamos la arena, yo, y la doncella. Mi viejo andamiaje comienza a resecarse, a cuartaearse lastimosamente a causa de los caulorosos días y las gélidas noches.

Desde donde me encuentro, no puedo divisar la Constelación de Orión, eso me daría consuelo, pero ni eso siquiera. Mi ancla, antes reluciente, la que yo soltaba donde yo quería, donde sentía deseos de quedarme, se enmohece bajo el sol. A veces, una gaviota perdida llega hasta mí y se posa en mi mástil mayor ¡pobre ilusa! me digo, aquí no encontrás más que recuerdos, sonidos de batallas, amores abandonados, glorias perdidas y alguno que otro terco fantasma que se niega a abandonarnos, y si no vuelas pronto, compartirás nuestro triste y desolado destino.

Hace ya mucho tiempo, no recuerdo cuánto, escuché unos pasos solitarios sobre mi cubierta, mi viejo corazón, este corazón que ahora es sólo un montón de girones deshilachados, comenzó a latir muy deprisa, pero pronto me di cuenta que era sólo el sonido de las rotas velas al ser tocadas por el viento. En ocasiones llega hasta mí un canto extraño, dulcísimo, pero extraño, como emitido por gargantas no humanas. Creo recordarlo, estoy seguro que algún día, lo escuché muy claramente y estuve a punto de volverme loco, ¡y corrí tras él! me deslicé sobre las aguas de un mar ya desaparecido para alcanzarlo, y cuando creí tenerlo cerca, se desvaneció entre la bruma, entre una niebla amarilla y espesa, en donde sé que se pierden todos los sueños. Debo haberlo soñado. Hoy, tan sólo es un susurro que me inspira mucha melacolía.

Estamos solos, yo y la hermosa doncella que adorna mi quilla. Han habido noches en que la he escuchado llorar; llora sin lágrimas, con los ojos secos y la mirada perdida en el desolado horizonte, no debería esperar nada, pero espera. ¿Este el el fin? la escuché decir un día, ¿porqué nos dejaron vivir si al fin nos iban a abandonar? Ellos decían amarme, me susurraban palabras dulces en mis oídos y decían que les daba suerte. ¡Ay, pobre de tí, ¿no sabes que los que duran un día tienen prisa por apurar su vida y olvidan muy pronto? Deja ya de lamentarte y al menos muramos con dignidad, como vivimos siempre.

Y así pasa el tiempo sobre nosotros, una y otra vez, el sol se pone y brillan las estrellas y la luna en el firmamento, todos los días iguales, sin ninguna variación, por pequeña que ésta sea. Puedo escucharla claramente cuando sopla algo de viento, pero ella no me escucha a mí, se niega a entender que así es la vida, que ellos sólo buscaban su gloria, que ya no nos necesitan y que quizá éste sea un buen lugar para descansar al fin de tantas batallas perdidas, de tanto esquivar maremotos, de tanto luchar contra el viento.

Hace poco, sentí que mi cuerpo se estremecía, como si alguien jalara de mí o quisiera arrancarme un pedazo de mí mismo. No sé si estaba dormido o ya estoy muerto ¿existe alguna diferencia? enmedio de este duermevela eterno, alcancé a mirar una figura que avanzaba lentamente hacia nosotros, pero he visto tantos espejismos... era un hombre anciano, arrastraba los cansados pies sobre la candente playa, jadeaba por el esfuerzo y de sus ojos brotaban abundantes lágrimas, algo en él me pareció conocido ¿su voz?. Recargó su débil y aniquilado cuerpo en mí, buscando la sombra eterna que proyecto sobre este mar de arena. Durante mucho tiempo, se puso a dialogar con él mismo, dijo estar agotado y arrepentido por habernos dejado en este mar de desesperanza. Habló de glorias pasadas, de hechos heroicos, de monstruos aberrantes y terribles encerrados en laberintos, frutos de pecados sin nombre; de princesas engañadas y abandonadas. Dijo que todo había sido en vano, que era el hombre más solitario del mundo y que no tenía ni un hombro amigo sobre el cual recostar su cabeza para morir en paz. Me dio compasión y lamenté que mis velas estuvieran deshechas y no pudieran darle más sombra para que descansara al fin. Algo de todo lo que habló me pareció conocido, pero mi memoria es muy vieja y yo a veces no quiero recordar. El anciano se mostraba arrepentido de haberse dejado llevar por la vanidad, de haber abandonado a la muerte a sus hijos, de haber buscado la inmortalidad sin encontrarla.
La doncella -nunca le pusieron nombre-, lo escuchó sin decir nada, sin emitir ni siquiera un suspiro, sin interrumpirlo ni una sola vez, ni tan solo con el pensamiento. Fue entonces cuando sentí que me desgajaba, que algo se desprendía de mí y caía hasta la arena, cuando pude darme cuenta, miré a la doncella tirada en la playa; en sus hombros de madera descansaba la cabeza del héroe -que en ese preciso momento recordé-, el hombre que ganó mil batallas, que conquistó mares y mujeres, que se convirtió en leyenda y que finalmente logró ser inmortal. De su cabeza manaba un hilo de sangre que no ha dejado de fluir. Quizá pronto sea suficiente para que al fin puedas partir Argos, los barcos deben morir en el mar -dijo la doncella, abrazada eternamente al cuerpo de Jasón.

jueves, 9 de julio de 2009

EL ABOGADO DEL DIABLO



Dícese que alguien es el abogado del diablo, cuando defiende lo indefendible, y no es ése por cierto, mi propósito. Lo que pretendo hacer aquí es una reflexión muy personal acerca de un hecho que está a punto de ocupar todas las planas de los miserables y vendidos periódicos de este país, así como de horas de transmisión de otros ídems programas de radio.

Hay gente que escribe -dicen ellos, sólo por las noches-, somos nocturnos y no hay quién nos haga escribir una sola letra mientras el sol brilla; otros dicen levantarse a eso de las tres de la mañana (la hora del diablo), dizque porque a esas horas les llega la inspiración; otros más afirman que en cuanto comienza a amanecer, saltan de la cama desatados en pos de la musa Calíope, para plasmar en el papel, o en la pantalla, o en dónde les dé su gana, sus angustias existenciales. ¡Qué mamones! Mientras haya algo que deba decirse, hay que hacerlo de inmediato, porque de otra manera seríamos cómplices de lo mismo que queremos atacar; y no hay que esperar a que el sol se oculte, llueva o amanezca, hay que vomitar el coraje antes de que éste acabe con nosotros.

Les explico: muy temprano hoy en la mañana, mi pequeño aparato de radio me despertó (debo haber puesto la alarma y no me acuerdo), con un debate radiofónico en la XEW, la ex-Voz de la América Latina desde México; el tal debate comenzó siendo una Mesa de Análisis entre los representantes de dos ONGS y un baboso de Derechos Humanos, y ahí estaban los tres, dale que dale con el tema de que los militares deberían ser juzgados por jueces civiles, porque dizque así la cosa sería más transparente ¿Se imaginan? y ahí estaban, orgullosos de su propuesta y dirigidos o más bien, moderados por Carlos Puig, el conductor que entró como relevo de Carmen Aristegui. Y en lo más interesante, que reciben una llamada de nada menos que el Secretario de Gobernación Gómez Mont; en ese preciso momento, los cuatro se pusieron a tartamudear que era una vergüenza escucharlos. El señor Secretario les dió una revolcada en cuestión de leyes, que no se van a poder quitar en todos los días de su vida.

Primero que nada les hizo notar, que nadie en su sano juicio, podía pensar que los tribunales civiles fueran más transparentes y menos corruptos que cualquier otra clase de tribunal. Que los tribunales militares eran orales, cosa que todavía no se lograba hacer en cuestión civil porque las tan traídas y llevadas reformas propuestas por Fox, todavía dormían el sueño de los justos. Que los militares no podían ser juzgados por civiles porque para eso tendrían que existir jueces totalmente enterados y capacitados en lo que era el ejército para poder juzgar sus acciones y que para eso hacía falta un tiempo que no tenemos, desgraciadamente. Que en las oficinas de la Secretaría de Gobernación había debates casi a diario entre civiles y mandos militares que explicaban el porqué de sus hechos. Que ellos -los cuatro- no sabían, no estaban capacitados, no estaban enterados y no habían tomado ni siquiera un curso para analizar el tema que estaban tratando de analizar, que la mayoría de las ongs, medraban, vivían y viajaban por muchas partes del mundo, a costa del mismo sistema y sólo se hacían oír para buscar notoriedad (salvo algunas excepciones), así lo hizo notar. Por último, terminó diciéndoles que si el ejército estaba en las calles de todas las ciudades y pueblos de la república, era precisamente por la tremenda incapacidad de las diversas fuerzas civiles para implantar el orden. Carlos Puig, muy espichadito y haciendo pucheros, terminó pidiéndole que lo invitara como reportero al próximo juicio militar para darse cuenta por él mismo de qué se trataba. A esas alturas, el señor Secretario, que ya estaba muy enojado, le dijo que contara con ello y que se despedía de ellos porque tenía cosas mucho más importantes qué hacer.

Para mí, la Procuraduría General de Justicia, debe ser y hacer eso precisamente: procurar una justicia rápida y expedita, o sea, libre de todo estorbo o interés ajeno al hecho del que se trate y en favor de TODOS los ciudadanos, no importando, clase social, religión o raza, y en este sentido, si los tribunales civiles no sirven para nada y están corrompidos hasta la médula, debe ser porque quien está a la cabeza de todos, no hace bien su trabajo. Respecto a que los militares sean juzgados por los civiles, me parece una pendejada y estoy de acuerdo con Gómez Mont, para que haya jueces capacitados para llevar a cabo tal tarea, necesitaríamos mandar a la Sorbona a muchos y no tenemos ni dinero ni voluntad para hacerlo ¡Faltaba Más!

Antes de hacer mesitas de análisis respecto a un tema específico, deberían prepararse y no dar un espectáculo como el que dieron por la mañana los cuatro antes citados. El tema en sí surgió porque la Suprema Corte de Justicia, (suprema en pendejez y corrupción), hizo la tal y mencionada propuesta y la va a llevar a consulta para hacerla Ley. ¡No quiero ni imaginarme! ¿Porqué los sacerdotes pederastas no son llevados a juicio, sino juzgados dentro de la misma iglesia? ¿Porqué cada grupo de extranjeros a los que les abrimos las puertas y les otorgamos nuestra nacionalidad cierran las puertas de sus ghettos a los propios mexicanos? ¡QUE SE PONGA A TRABAJAR LA SECRETARÍA DE GOBERNACIÓN Y ACABE CON ÉSTO!

¡QUE SE PONGA A TRABAJAR LA DIZQUE SUPREMA CORTE! que para eso les pagamos, que hagan valer la Constitución, que bastante sangre MEXICANA costó llevarla a la práctica y que deje de chingar a todos lo que intentamos sacar adelante este país. ¡QUE SE PONGA A TRABAJAR LA PROCURADURÍA! que vea por todos y cada uno de nosotros y no nada más por los que pueden pagarla. ¿Entienden porqué no pude esperar a que el sol se ocultara?

lunes, 6 de julio de 2009

¿QUO USQUE TANDEM ABUTERE, CATILINA, PATIENTIA NOSTRA?



¿Cuánta paciencia creen que tenemos, estos desgraciados políticos de mierda de nuestra dizque democrática República Mexicana?

Ayer, y por estar realmente enferma y no haber pasado antes por Blockbuster para tener a la mano siquiera algo medianamente inteligente qué ver un domingo de elecciones y fútbol por la tarde (¡cómo para suicidarse!), me dispuse a seguir simultáneamente en varios canales, el desarrollo de las elecciones para unos cuantos perros diputados y otros tantos ídems gobernadores.

Lo primero que constaté, fue que los analistas políticos -los mismos- se turnaban para ir de un canal a otro y decir las mismas sandeces. Iban tan rampantes y cantantes del 13, al Canal de las estrellas y de allí al canal de Milenio; algunos siquiera tenían un poco de pudor y se cambiaban el traje, como si de esa manera pudieran cambiarse el cerebro y pensar de una manera diferente. Las mismas caras en la televisión, y las mismas voces de la radio, nada nuevo bajo el sol. También estaba el inefable Roy Campos, el mesías de las encuestas, con su calva reluciente y sus ojillos de zarigüeya rapaz e insaciable, sintiendo que todos esperaban sus resultados como si se tratara del último mensaje de Dios a la humanidad, antes de mandarnos a todos a la meritita chingada. Y sí, me hizo falta el Monsiváis, ajonjolí de todos los moles y chimoles, el eterno profeta sin barbas al que se recurre cada vez que pasa algo (?) en este país. "Y dígame maestro, qué opina usted de...?" Como si esos analistas eternos y el sempiterno profeta fuesen los únicos que piensan en México, los demás, ni existimos, NO, mientras no aparezca nuestra cara en la tele. ¡A ésto hemos llegado!

Los nada imbéciles promotores del voto nulo, sabían a quién servían, y definitivamente, más sabe el diablo por viejo... el resultado: ¡Cómo en los mejores tiempos echeverristas, carro repleto, para el PRI! El pueblo mexicano no pudo soportar la nostalgia de los tiempos idos, los tiempos del todo o nada, los tiempos de comprar cuerpos y conciencias por unas tortillas duras, los tiempos de yo se lo arreglo, pero póngase guapo.

El desastre fue total para el PAN, que no acaba de entender que gobierna un país ingobernable y corrupto hasta sus raíces y que no es con una campaña por la internet por donde se ataca a un dinosaurio, porque tiene la piel muy dura. Fue patético mirar el rostro de la presidenta o secretaria o lo que sea del PAN D.F., una chica, que hace poco todavía traía pañales y que seguramente no sabe, ni le interesa saber, en qué país vive, anunciando el triunfo raquítico en dos o tres delegaciones. ¡Daban lástima!

Mientras Germán Martínez hacía, y se divertía, con su campaña por la NET, el PRI repartía a ojos vista, toneladas de varilla, alambrón, cemento, blocks, láminas de cartón y de asbesto; además, como siempre, hectáreas de bosques y de selvas (lo poco que nos han dejado), a sus correligionarios a cambio de votos. Mientras Felipe Calderón se tardó en meter a una tía lejana de su mujer tras las rejas después de lo pasado en Hermosillo, porque además se lo merecía y hubiera llevado muchos votos a su partido; digo, mientras todo esto ocurría, el chaparrito envaselinado -léase Peña Nieto-, se reunía con todos los gobernadores priístas para trazar un plan que los llevaría a la victoria.

Pero la peor de las vergüenzas fue el 7% de votos que se llevó el Partido Verde Ecologista, que ni es Verde ni es Ecologista, es tan sólo un negocio familiar al que le damos millones y millones para que vivan como príncipes europeos. Resulta ser, que con la más grande de las mentiras: "¡Pena de muerte a los secuestradores!", se lleva un porcentaje insólito. De nuevo, y lo diré hasta mi último hálito de vida: cuando se habla al pueblo más ignorante del planeta, se le pueden decir las más grandes mentiras, que todo se lo van a creer. En México, es imposible que exista la pena de muerte debido a convenios firmados con organismos internacionales. ¡Lo muuuuy sospechoso es que ningún partido en esta campaña deleznable, los haya desmentido! Tienen como base política, según ellos, defender a las ballenas de Guerrero Negro, a los bebés focas de Alaska, a los delfines del mundo y a los toros de la Plaza México, pero piden la muerte de seres humanos. ¡Y además, al más corrupto aparato de Justicia del mundo!

Del PRD, me niego a hablar, no sea que se me pegue algo de algo y deje de ser lo que soy, para irme a habitar en unas cuevas como troglodita pejista, sólo puedo decir: ¡Con su pan que se lo coman!

Todo ésto, lo sabemos, lo vimos, lo sufrimos todos los días y no estoy diciendo nada nuevo. Lo que sí quiero narrar y sé que muy pocos saben es lo siguiente: Hace la friolera de 14 años, que en la Sierra Negra de Puebla, se está instalando el telescopio que será, -según los entendidos- el más potente del planeta. Con todos los esfuerzos inimaginables, científicos mexicanos han trabajado contra toda esperanza para lograrlo, les hace falta sólo la miserable suma de 8 millones de dólares para terminarlo, y por supuesto, no saben de dónde sacarlos ni a quién pedirlos.

¿Cuántas veces se gastó esa cantidad en ésta, la más pendeja de todas las campañas? ¿Y qué hacemos nosotros los mexicanos, el más infeliz de todos los pueblos de la Tierra? Según escuché ayer a todos los analistas políticos: prepararnos, alinearnos y alienarnos al lado del posible ganador para el 2012. Ayer, 5 de julio del 2009, comenzó en realidad la campaña presidencial, que llevará a los Pinos al próximo monigote que veremos y sufriremos ¡los próximos 9 años! Si alguien piensa que ya vamos a descansar...

domingo, 14 de junio de 2009

Rodin y Camille


La lluvia estaba por comenzar a caer. El inconfundible y sublime olor a tierra mojada llegaba por oleadas llevado por un viento inusual en esta época. Y además de todo era viernes de quincena en la ciudad de México. Realmente no tenía ningún deseo de salir al tráfico y enfrentarme con las largas filas de gente tratando de entrar a todos lados. Pero algo me dijo que sí lo hiciera, así que haciendo caso de mi corazonada, busqué un paraguas y me dispuse a salir.


Aquí, en el sur de la ciudad hay muchas opciones, pensé en alguna de ellas y me decidí por fin por Plaza Loreto. Es un lugar pequeño y hermoso, sin el caos de todos los centros comerciales a donde en estos tiempos modernos se acostumbra a ir sólo a perder el tiempo y mirar escaparates. Encontré un excelente lugar en el estacionamiento y considerando que eso era de buen augurio me encaminé al Museo Soumaya -feudo del señor Carlos Slim-, nada más para ver qué había de nuevo. Después de mirar en el lobby, la exposición de los acostumbrados souvenires de las más recientes exposiciones y comprar una taza de la muestra de los expresionistas -por cierto muy bella-, con una reproducción de la pintura de Van Gogh, "Después de la tormenta", me disponía a salir cuando la chica del mostrador me preguntó con la mejor de sus sonrisas si quería asistir a la exposición Días de humo, que muestra la historia del tabaco, desde Moctuzuma, hasta la fecha presente.


Sin pagar un solo centavo (¡porque es gratis!) y recibiendo además un pase para no pagar estacionamiento, entré a una de las más bellas exposiciones que he visto en mi vida. En la muestra narran, por medio de códices aztecas, documentos auténticos y fotografías de épocas pasadas, la historia de las primeras fábricas de cigarros y puros aquí en México. Está por demás decir que yo era la única visitante en todo el museo, así que sin apresuramiento, me dispuse a admirar todo lo que se ofrecía ante mis ojos. Me maravilló ver cajetillas de cigarrillos de hace más de dos siglos, así como cigarreras de oro con incrustaciones de diamantes, perlas, rubíes y esmeraldas; de plata, marfil, madera, piel; estuches para puros de todos los materiales posibles; pipas del mundo entero y de todas las formas imaginables; pinturas alusivas al inenarrable placer de fumar; fotografías de personajes famosos con un cigarrillo, un puro o una pipa en la boca; versos de los poetas y escritores más grandes, reproducidos en los muros, contándonos de su experiencia con el tabaco. Además, ¡todo olía a tabaco! En estos tiempos de persecusión y ceguera absolutos, me pareció que el tiempo había retrocedido y estaba a siglos de este XXI, que considero, junto con la segunda mitad del XX, los más pedestres e imbéciles de toda la historia humana. ¡Esto era realmente inefable! Casi una epifanía. En una de las vitrinas, y sin nada que la distinguiera de las demás, estaban varias cigarreras hermosísimas de Maximiliano de Habsburgo, con el escudo del Segundo Imperio Mexicano, entre muchas, muchas otras cosas.


Muy a mi pesar y después de pasar más de dos horas admirando todo, supe que tenía que regresar a la árida y terrible realidad. Escuché a lo lejos unos truenos que me dejaron claro que allá afuera, la tormenta se había desatado. Me encaminé hacia la salida haciéndome la promesa de que le haría llegar esta información a toda la gente que conozco, independientemente de que alguien sea fumador o no, la exposición está excelentemente bien montada y posee un valor histórico incalculable. Abajo, me esperaba el mismo comité de recepción que tan bien me había recibido. La chica del mostrador -ahora con una sorisa más grande aún-, me invitó para que asistiera a una obra teatral en la sala dedicada a Rodin y Camille Claudel, también sin ningún costo. A estas alturas yo ya pensaba que estaba soñando y que me había equivocado de país y de siglo. Acepté encantada y un amable cicerone me guió, entre pinturas de la época virreinal, hasta la impresionante Sala Rodin.


El dulce sonido de un violín ¡en vivo!, me dio la bienvenida. No pude evitar un nudo en la garganta y unas lágrimas rebeldes que escaparon de mis ojos al escuchar el estribillo de Lili Marleen tocado sólo para mí, pues era la única persona que estaba en la sala. Frente a mis atónitos ojos, se representaba el trágico amor de Camille por Augusto, un amor que aún deja ecos en mi alma desde que, siendo muy pequeña, ví representado en un film allá en mi lejanísima y amada Nayarit. Afuera la tormenta, acompañada de rayos y truenos, en la sala, los actores y yo, enmedio de una tempestad mayor. Ya era de noche cuando abandoné Plaza Loreto, eso fue el viernes, pero el recuerdo de esa tarde memorable, quedará para siempre en mi alma.


Hay ocasiones en que hay que hacer caso de las corazonadas.

viernes, 12 de junio de 2009

Algo huele mal en México *


Sin discusión, sin disculpa, sin atenuantes, sin nada que nos haga pensar que merecen perdón "Porque no saben lo que hacen", los mexicanos TODOS, ostentamos el nada glorioso título de campeones mundiales, de todo lo que es deleznable, asqueroso y despreciable en el mundo.

Resulta ser que ya hay otro escádalo que estará llenando páginas y páginas de los periodicuchos de este país. Nunca, a lo largo de toda mi vida -que ya es larga-, había constatado lo terriblemente malos que son todos los noticieros de la radio mexicana, como en estos tiempos. Nunca nos enteramos de lo que pasa en el mundo; tal parece que los conductores de todos ellos, sólo intentan llevar al pueblo a la más suprema ignorancia y pendejez. El mundo no existe, allá afuera no pasa nada. Ellos viven, reciben chayotes y son felices pasándose la estafeta de padres a hijos, sin ningún respiro para nosotros, sin ninguna esperanza de que ésto acabe; siguiendo la línea de la empresa en la que trabajan, y como todo pertenece a un monstruoso monopolio, no existe la manera de comunicar nada realmente importante. Además, ¿para qué? NADIE está en lo más mínimo interesado en saber NADA.

Ahora, me refiero a unos hechos que me pusieron los pelos de punta: Resulta ser que allá en la frontera sur, se lleva a cabo el peor genocidio en la historia de este lugar infecto al que llamamos pomposamente República Democrática. ¿Cómo? pues dejando pasar a todos los indocumentados de Centroamérica, para robarlos, violarlos, vejarlos, esclavizarlos, venderlos y, en el mejor de los caos, matarlos. Y todo ésto, con el aplauso y beneplácito de las autoridades mexicanas. En primer lugar, de la Secretaría de Gobernación, la Directora del Instituto Nacional de Migración, una tal Cecilia Romero, y de uno de los presidentillos de América Central, me refiero al de Honduras, José Manuel Zelaya, que en agosto del 2008, otorgó un premio al gobernador de Chiapas, Juan Sabines Guerrero ¡Por el excelente trato que se dá a los migrantes en este país! ¡Háganme ustedes el favor!

Hechos: La Secretaría de Gobernación, está llevando a cabo una investigación en donde promete que llegará hasta las últimas consecuencias y caiga quien caiga, acerca de que la gran moyoría de los migrantes que trienen la desgracia de cruzar por nuestra frontera sur, son llevados inmediatamente a trabajar por la inmensa suma de un dólar diario, -por una jornada de 16 horas-, a las grandiosas propiedades de los finqueros del sur -Yucatán y Chiapas-, casi todas en manos de extranjeros; pienso que si Bruno Traven volviera a la vida, quemaría ipso facto su novela La rebelión de los colgados, por parecerle que es más cercana a un cuento de Disney que a la tremenda realidad que se vive ahora.

Esa terrible suerte, está destinada a los jóvenes y fuertes que pueden desquitar lo que coman; a las mujeres les va peor. Si algunas de ellas tiene la tremenda desgracia de ser guapa, son obligatoriamente reclutadas por los tratantes de blancas, que las distribuyen en todos los burdeles de la zona, pagando por ellas unas monedas y recibiendo a cambio pingües ganancias.

Existe una mujeruca asquerosa llamada Keisy González -sí, aunque no lo crean, así se hace llamar: Keisy-, que es dueña de una casa de citas en las Lomas, a donde acude la privilegiada clase política de México. Keisy, mantiene contacto constante con las autoridades migratorias del sur e inmediatamente que le informan de la llegada de material humano de primera, se traslada a Chiapas o a Yucatán a recogerlo. Las revisa de PE a PA, desde la dentadura, hasta el peso, las formas, el color, el olor, el pelo...y decide quiénes van a su negocio y quienes no son suficientemente buenas o del gusto de los tlacuaches políticos de todos los partidos, que acuden presurosos a la gran noche de estreno.

¿Y el pueblo? ¡Preocupadísimo porque la Selección Nacional de Futbol está a punto de no clasificar para el mundial! ¡Llorando desesperadamente -como vimos en los noticieros-, porque no ganó su equipo favorito en el reciente campeonato nacional! ¡Haciendo apuestas acerca de si Peña Nieto pierde a sus fans femeninas si se casa o no, con la Paloma! ¡Tristes porque la puta de Díaz Ordaz, La Tigresa, está siendo maltratada por las autoridades!¡Cómo, si ya es una ancianita, que la dejen en paz! ¡Ya lo dijeron Jorge Buckay, Pablo Cohello, Víctor Fankl, y tantos y tantos imbéciles que se han hecho millonarios vendiendo la idea de que se debe perdonar todo! ¡Perdonemos y a otra cosa!

Yo, como veo las cosas, se las paso. Si alguien sabe qué debemos hacer los pocos que nos damos cuenta de que este país se está yendo a la chingada, que me lo diga y yo lo hago. Digo, mientras no sea la estúpida frase que ya he recibido por no estar de acuerdo con tanta mierda: "Si no te gusta tu país, vete. Aquí nadie te tiene a fuerza". ¡Por Dios y su Santísima Madre! ¡Claro que no me gusta! Si alguien se siente a gusto y felíz, que me dé sus razones y lo discutimos...¡faltaba más!

Yo, por lo pronto, voy a buscar a las tales Cecilia Romero y Keisy González, y donde las encuentre...luego les cuento.

De la frase: "Algo huele mal en Dinamarca". Hamlet. William Shakespeare.

martes, 9 de junio de 2009

Náusea

Asco, repugnancia, repulsión, aversión, odio, animadversión, desagrado, aborrecimiento, empacho, saciedad, hastío, antipatía, tirria, disgusto, angustia, desazón, arcada, vómito...y no encuentro más sinónimos para definir el sentimiento que me embarga por causa de los terribles hechos acaecidos en Hermosillo el pasado viernes.

Resumen de los hechos: Una guardería subrogada por el IMSS para dar servicio a niños desgraciadamente mexicanos. El IMSS paga $2,000.00 por cada niño al que se atienda, se cuide, se guarde, se alimente...entre muchas cosas más que un infante necesite para su desarrollo. Los nombres de los socios en dicho negocio, abarcan desde parientes de la primera dama del país, hasta el mismo gobernador del Estado. ¡Claro, es un negocio redondo! Se renta una bodega, se hacen divisiones, se pone una puerta y ...¡Violá! Ya está lista la guardería ABC, y muuuuchas más de Hermosillo y del país, desgraciada y desvergonzadamente de los mismos dueños de esta despreciable y despreciada república mexicana, democrática y dizque laica.

¿Qué detonó la tremenda tragedia? ¿No adivinan? ¿Será acaso que un hecho así ocurriría en cualquier parte del mundo? ¿Que fue un desgraciado accidente? ¿Que en esa guardería todos se desvivían por que los niñitos estuvieran bien y fueran felices? ¿Que Dios manda desgracias para probarnos, como dijo una de las estúpidas madres que perdieron dos hijos en esos tremendos hechos? ¿Un corto circuito del que nadie es responsable? ¡NO! LAS ÚNICAS CAUSAS FUERON LA CORRUPCIÓN, Y LA IGNORANCIA.

Y para que quede claro, me tomé el trabajo de buscar sinónimos de esa palabreja tan llevada y traída por todos los corruptos y vendidos medios mexicanos. Corrupcción: descomposición, putrefacción, podredumbre, peste, fermentación, depravación, perversión, vicio, prostitución, envilecimiento, deshonestidad, soborno, cohecho.

Todas esas terribles palabras quieren decir lo mismo, y todas y cada una de ellas sirven para calificar a la pestilente clase política de este miserable país; a todos y cada uno de los diputados del Congreso, a todos los senadores, a todos los jueces, a todos los gobernantes, y por supuesto, a todos los pendejos que en cada una de las elecciones democráticas, van y votan pensando que las cosas van a cambiar con el sólo hecho de ir a poner una cruz en una sucia boleta que nos cuesta más que si fuera de oro.

El noventa por ciento de ellos -NI POLÍTICOS NI PUEBLO-, saben nada de su país, no saben nada del candidato por el que votan, no saben nada del partido que los postula, no saben nada de Historia, en resumen: no saben nada de nada, y por los mismo, no deberían tener derecho a llevarnos a la mierda a todos.

Hoy por hoy, decir que uno milita en tal o cual partido, -y aquí en México hay tantos como para dar y regalar-, es lo mismo que ser idiota, retrasado, deficiente, subnormal, estúpido, pendejo, crédulo, tonto, lelo, majadero, cretino, necio, insensato, borrico, papanatas, asno, gaznápiro, sonso, zoquete y gilipollas. ¿No les parecen muy lights todos estos adjetivos? Algunos de ellos hasta los decimos de cariño. Lo increíble es que sólo haya dos antónimos: Inteligente y listo.

En este marco de cosas, es muuuuy fácil profetizar que nunca irá nadie a parar a la cárcel, que nadie será detenido, y que si alguno lo es, más rápido que pronto se busca un amparito y ni quien se acuerde en dos meses de que el incendio en la guardería ABC se llevó a más víctimas -y en este caso, verdaderas-, que la famosa e inofensiva influenza. ¿O es que alguien de acuerda de las víctimas del Lobombo y el News Divine?

Dentro de todo, puedo comprender, no avalar ni justificar, que haya gente sin escrúpulos, que se dedique a lucrar con todo, lo entiendo, porque son tan poquita cosa, que saben que sin dinero nadie los miraría dos veces y están acostumbrados a pagarlo todo, pues gratis, nadie les daría nada. ¡Tan asquerosos son!

Lo que sí no entiendo, es la supina imbecilidad e ignorancia de los padres de los niños muertos. Si aparecen frente a los micrófonos de la radio y las cámaras de T. V. diciendo que ya ni llorar es bueno y que tener odio hacia los causantes no remedia nada, que diosito se los mandó, que ellos los perdonan de todo corazón...y una inmensa sarta de pendejadas, sólo me queda por decir. ¡Que les corten la cabeza y amén!*