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domingo, 14 de junio de 2009

Rodin y Camille


La lluvia estaba por comenzar a caer. El inconfundible y sublime olor a tierra mojada llegaba por oleadas llevado por un viento inusual en esta época. Y además de todo era viernes de quincena en la ciudad de México. Realmente no tenía ningún deseo de salir al tráfico y enfrentarme con las largas filas de gente tratando de entrar a todos lados. Pero algo me dijo que sí lo hiciera, así que haciendo caso de mi corazonada, busqué un paraguas y me dispuse a salir.


Aquí, en el sur de la ciudad hay muchas opciones, pensé en alguna de ellas y me decidí por fin por Plaza Loreto. Es un lugar pequeño y hermoso, sin el caos de todos los centros comerciales a donde en estos tiempos modernos se acostumbra a ir sólo a perder el tiempo y mirar escaparates. Encontré un excelente lugar en el estacionamiento y considerando que eso era de buen augurio me encaminé al Museo Soumaya -feudo del señor Carlos Slim-, nada más para ver qué había de nuevo. Después de mirar en el lobby, la exposición de los acostumbrados souvenires de las más recientes exposiciones y comprar una taza de la muestra de los expresionistas -por cierto muy bella-, con una reproducción de la pintura de Van Gogh, "Después de la tormenta", me disponía a salir cuando la chica del mostrador me preguntó con la mejor de sus sonrisas si quería asistir a la exposición Días de humo, que muestra la historia del tabaco, desde Moctuzuma, hasta la fecha presente.


Sin pagar un solo centavo (¡porque es gratis!) y recibiendo además un pase para no pagar estacionamiento, entré a una de las más bellas exposiciones que he visto en mi vida. En la muestra narran, por medio de códices aztecas, documentos auténticos y fotografías de épocas pasadas, la historia de las primeras fábricas de cigarros y puros aquí en México. Está por demás decir que yo era la única visitante en todo el museo, así que sin apresuramiento, me dispuse a admirar todo lo que se ofrecía ante mis ojos. Me maravilló ver cajetillas de cigarrillos de hace más de dos siglos, así como cigarreras de oro con incrustaciones de diamantes, perlas, rubíes y esmeraldas; de plata, marfil, madera, piel; estuches para puros de todos los materiales posibles; pipas del mundo entero y de todas las formas imaginables; pinturas alusivas al inenarrable placer de fumar; fotografías de personajes famosos con un cigarrillo, un puro o una pipa en la boca; versos de los poetas y escritores más grandes, reproducidos en los muros, contándonos de su experiencia con el tabaco. Además, ¡todo olía a tabaco! En estos tiempos de persecusión y ceguera absolutos, me pareció que el tiempo había retrocedido y estaba a siglos de este XXI, que considero, junto con la segunda mitad del XX, los más pedestres e imbéciles de toda la historia humana. ¡Esto era realmente inefable! Casi una epifanía. En una de las vitrinas, y sin nada que la distinguiera de las demás, estaban varias cigarreras hermosísimas de Maximiliano de Habsburgo, con el escudo del Segundo Imperio Mexicano, entre muchas, muchas otras cosas.


Muy a mi pesar y después de pasar más de dos horas admirando todo, supe que tenía que regresar a la árida y terrible realidad. Escuché a lo lejos unos truenos que me dejaron claro que allá afuera, la tormenta se había desatado. Me encaminé hacia la salida haciéndome la promesa de que le haría llegar esta información a toda la gente que conozco, independientemente de que alguien sea fumador o no, la exposición está excelentemente bien montada y posee un valor histórico incalculable. Abajo, me esperaba el mismo comité de recepción que tan bien me había recibido. La chica del mostrador -ahora con una sorisa más grande aún-, me invitó para que asistiera a una obra teatral en la sala dedicada a Rodin y Camille Claudel, también sin ningún costo. A estas alturas yo ya pensaba que estaba soñando y que me había equivocado de país y de siglo. Acepté encantada y un amable cicerone me guió, entre pinturas de la época virreinal, hasta la impresionante Sala Rodin.


El dulce sonido de un violín ¡en vivo!, me dio la bienvenida. No pude evitar un nudo en la garganta y unas lágrimas rebeldes que escaparon de mis ojos al escuchar el estribillo de Lili Marleen tocado sólo para mí, pues era la única persona que estaba en la sala. Frente a mis atónitos ojos, se representaba el trágico amor de Camille por Augusto, un amor que aún deja ecos en mi alma desde que, siendo muy pequeña, ví representado en un film allá en mi lejanísima y amada Nayarit. Afuera la tormenta, acompañada de rayos y truenos, en la sala, los actores y yo, enmedio de una tempestad mayor. Ya era de noche cuando abandoné Plaza Loreto, eso fue el viernes, pero el recuerdo de esa tarde memorable, quedará para siempre en mi alma.


Hay ocasiones en que hay que hacer caso de las corazonadas.

viernes, 12 de junio de 2009

Algo huele mal en México *


Sin discusión, sin disculpa, sin atenuantes, sin nada que nos haga pensar que merecen perdón "Porque no saben lo que hacen", los mexicanos TODOS, ostentamos el nada glorioso título de campeones mundiales, de todo lo que es deleznable, asqueroso y despreciable en el mundo.

Resulta ser que ya hay otro escádalo que estará llenando páginas y páginas de los periodicuchos de este país. Nunca, a lo largo de toda mi vida -que ya es larga-, había constatado lo terriblemente malos que son todos los noticieros de la radio mexicana, como en estos tiempos. Nunca nos enteramos de lo que pasa en el mundo; tal parece que los conductores de todos ellos, sólo intentan llevar al pueblo a la más suprema ignorancia y pendejez. El mundo no existe, allá afuera no pasa nada. Ellos viven, reciben chayotes y son felices pasándose la estafeta de padres a hijos, sin ningún respiro para nosotros, sin ninguna esperanza de que ésto acabe; siguiendo la línea de la empresa en la que trabajan, y como todo pertenece a un monstruoso monopolio, no existe la manera de comunicar nada realmente importante. Además, ¿para qué? NADIE está en lo más mínimo interesado en saber NADA.

Ahora, me refiero a unos hechos que me pusieron los pelos de punta: Resulta ser que allá en la frontera sur, se lleva a cabo el peor genocidio en la historia de este lugar infecto al que llamamos pomposamente República Democrática. ¿Cómo? pues dejando pasar a todos los indocumentados de Centroamérica, para robarlos, violarlos, vejarlos, esclavizarlos, venderlos y, en el mejor de los caos, matarlos. Y todo ésto, con el aplauso y beneplácito de las autoridades mexicanas. En primer lugar, de la Secretaría de Gobernación, la Directora del Instituto Nacional de Migración, una tal Cecilia Romero, y de uno de los presidentillos de América Central, me refiero al de Honduras, José Manuel Zelaya, que en agosto del 2008, otorgó un premio al gobernador de Chiapas, Juan Sabines Guerrero ¡Por el excelente trato que se dá a los migrantes en este país! ¡Háganme ustedes el favor!

Hechos: La Secretaría de Gobernación, está llevando a cabo una investigación en donde promete que llegará hasta las últimas consecuencias y caiga quien caiga, acerca de que la gran moyoría de los migrantes que trienen la desgracia de cruzar por nuestra frontera sur, son llevados inmediatamente a trabajar por la inmensa suma de un dólar diario, -por una jornada de 16 horas-, a las grandiosas propiedades de los finqueros del sur -Yucatán y Chiapas-, casi todas en manos de extranjeros; pienso que si Bruno Traven volviera a la vida, quemaría ipso facto su novela La rebelión de los colgados, por parecerle que es más cercana a un cuento de Disney que a la tremenda realidad que se vive ahora.

Esa terrible suerte, está destinada a los jóvenes y fuertes que pueden desquitar lo que coman; a las mujeres les va peor. Si algunas de ellas tiene la tremenda desgracia de ser guapa, son obligatoriamente reclutadas por los tratantes de blancas, que las distribuyen en todos los burdeles de la zona, pagando por ellas unas monedas y recibiendo a cambio pingües ganancias.

Existe una mujeruca asquerosa llamada Keisy González -sí, aunque no lo crean, así se hace llamar: Keisy-, que es dueña de una casa de citas en las Lomas, a donde acude la privilegiada clase política de México. Keisy, mantiene contacto constante con las autoridades migratorias del sur e inmediatamente que le informan de la llegada de material humano de primera, se traslada a Chiapas o a Yucatán a recogerlo. Las revisa de PE a PA, desde la dentadura, hasta el peso, las formas, el color, el olor, el pelo...y decide quiénes van a su negocio y quienes no son suficientemente buenas o del gusto de los tlacuaches políticos de todos los partidos, que acuden presurosos a la gran noche de estreno.

¿Y el pueblo? ¡Preocupadísimo porque la Selección Nacional de Futbol está a punto de no clasificar para el mundial! ¡Llorando desesperadamente -como vimos en los noticieros-, porque no ganó su equipo favorito en el reciente campeonato nacional! ¡Haciendo apuestas acerca de si Peña Nieto pierde a sus fans femeninas si se casa o no, con la Paloma! ¡Tristes porque la puta de Díaz Ordaz, La Tigresa, está siendo maltratada por las autoridades!¡Cómo, si ya es una ancianita, que la dejen en paz! ¡Ya lo dijeron Jorge Buckay, Pablo Cohello, Víctor Fankl, y tantos y tantos imbéciles que se han hecho millonarios vendiendo la idea de que se debe perdonar todo! ¡Perdonemos y a otra cosa!

Yo, como veo las cosas, se las paso. Si alguien sabe qué debemos hacer los pocos que nos damos cuenta de que este país se está yendo a la chingada, que me lo diga y yo lo hago. Digo, mientras no sea la estúpida frase que ya he recibido por no estar de acuerdo con tanta mierda: "Si no te gusta tu país, vete. Aquí nadie te tiene a fuerza". ¡Por Dios y su Santísima Madre! ¡Claro que no me gusta! Si alguien se siente a gusto y felíz, que me dé sus razones y lo discutimos...¡faltaba más!

Yo, por lo pronto, voy a buscar a las tales Cecilia Romero y Keisy González, y donde las encuentre...luego les cuento.

De la frase: "Algo huele mal en Dinamarca". Hamlet. William Shakespeare.

martes, 9 de junio de 2009

Náusea

Asco, repugnancia, repulsión, aversión, odio, animadversión, desagrado, aborrecimiento, empacho, saciedad, hastío, antipatía, tirria, disgusto, angustia, desazón, arcada, vómito...y no encuentro más sinónimos para definir el sentimiento que me embarga por causa de los terribles hechos acaecidos en Hermosillo el pasado viernes.

Resumen de los hechos: Una guardería subrogada por el IMSS para dar servicio a niños desgraciadamente mexicanos. El IMSS paga $2,000.00 por cada niño al que se atienda, se cuide, se guarde, se alimente...entre muchas cosas más que un infante necesite para su desarrollo. Los nombres de los socios en dicho negocio, abarcan desde parientes de la primera dama del país, hasta el mismo gobernador del Estado. ¡Claro, es un negocio redondo! Se renta una bodega, se hacen divisiones, se pone una puerta y ...¡Violá! Ya está lista la guardería ABC, y muuuuchas más de Hermosillo y del país, desgraciada y desvergonzadamente de los mismos dueños de esta despreciable y despreciada república mexicana, democrática y dizque laica.

¿Qué detonó la tremenda tragedia? ¿No adivinan? ¿Será acaso que un hecho así ocurriría en cualquier parte del mundo? ¿Que fue un desgraciado accidente? ¿Que en esa guardería todos se desvivían por que los niñitos estuvieran bien y fueran felices? ¿Que Dios manda desgracias para probarnos, como dijo una de las estúpidas madres que perdieron dos hijos en esos tremendos hechos? ¿Un corto circuito del que nadie es responsable? ¡NO! LAS ÚNICAS CAUSAS FUERON LA CORRUPCIÓN, Y LA IGNORANCIA.

Y para que quede claro, me tomé el trabajo de buscar sinónimos de esa palabreja tan llevada y traída por todos los corruptos y vendidos medios mexicanos. Corrupcción: descomposición, putrefacción, podredumbre, peste, fermentación, depravación, perversión, vicio, prostitución, envilecimiento, deshonestidad, soborno, cohecho.

Todas esas terribles palabras quieren decir lo mismo, y todas y cada una de ellas sirven para calificar a la pestilente clase política de este miserable país; a todos y cada uno de los diputados del Congreso, a todos los senadores, a todos los jueces, a todos los gobernantes, y por supuesto, a todos los pendejos que en cada una de las elecciones democráticas, van y votan pensando que las cosas van a cambiar con el sólo hecho de ir a poner una cruz en una sucia boleta que nos cuesta más que si fuera de oro.

El noventa por ciento de ellos -NI POLÍTICOS NI PUEBLO-, saben nada de su país, no saben nada del candidato por el que votan, no saben nada del partido que los postula, no saben nada de Historia, en resumen: no saben nada de nada, y por los mismo, no deberían tener derecho a llevarnos a la mierda a todos.

Hoy por hoy, decir que uno milita en tal o cual partido, -y aquí en México hay tantos como para dar y regalar-, es lo mismo que ser idiota, retrasado, deficiente, subnormal, estúpido, pendejo, crédulo, tonto, lelo, majadero, cretino, necio, insensato, borrico, papanatas, asno, gaznápiro, sonso, zoquete y gilipollas. ¿No les parecen muy lights todos estos adjetivos? Algunos de ellos hasta los decimos de cariño. Lo increíble es que sólo haya dos antónimos: Inteligente y listo.

En este marco de cosas, es muuuuy fácil profetizar que nunca irá nadie a parar a la cárcel, que nadie será detenido, y que si alguno lo es, más rápido que pronto se busca un amparito y ni quien se acuerde en dos meses de que el incendio en la guardería ABC se llevó a más víctimas -y en este caso, verdaderas-, que la famosa e inofensiva influenza. ¿O es que alguien de acuerda de las víctimas del Lobombo y el News Divine?

Dentro de todo, puedo comprender, no avalar ni justificar, que haya gente sin escrúpulos, que se dedique a lucrar con todo, lo entiendo, porque son tan poquita cosa, que saben que sin dinero nadie los miraría dos veces y están acostumbrados a pagarlo todo, pues gratis, nadie les daría nada. ¡Tan asquerosos son!

Lo que sí no entiendo, es la supina imbecilidad e ignorancia de los padres de los niños muertos. Si aparecen frente a los micrófonos de la radio y las cámaras de T. V. diciendo que ya ni llorar es bueno y que tener odio hacia los causantes no remedia nada, que diosito se los mandó, que ellos los perdonan de todo corazón...y una inmensa sarta de pendejadas, sólo me queda por decir. ¡Que les corten la cabeza y amén!*

jueves, 21 de mayo de 2009

LÁGRIMAS PETRIFICADAS


Somos el único animal que llora en este mundo. Alguien dice que también los cocodrilos pero yo sé que no es cierto. Sólo fingen. ¿Qué mecanismo en nuestro cuerpo hace que tibia y salada agua, salga de nuestros ojos aún en contra de nuestra voluntad? ¿Qué intrincada maquinaria oculta a los ojos de los científicos provoca que al leer un libro, mirar un cuadro, escuchar una sinfonía o aspirar algún perfume, nuestros ojos se llenen de lágrimas? ¿Qué parte de nuestro cerebro se pone en marcha cuando sentimos un nudo en la garganta? Si alguien lo sabe, espero respuesta inmediata.


Reímos todo el tiempo, desvergonzadamente y sin el menor pudor ante todos y en todas partes, pero nos guardamos de que alguien nos vea llorar, nuestras lágrimas son sólo nuestras y rara vez las compartimos con alguien, si acaso con nuestros seres más queridos o nuestros amigos más íntimos ¿Porqué? ¿Qué demonios son las lágrimas? ¿Para qué sirven? ¿Ganamos algo con llorar?

Yo conocí alguna vez a una mujer a la que le estaba prohibido llorar. En cuanto las lágrimas comenzaban a salir de sus ojos, los que estaban a su alrededor huían escandalizados y furiosos. "¡Cómo! ¿Tú llorando? ¡No tienes porqué hacerlo! -le decían-, mira a tu alrededor y date cuenta de que siempre habrá alguien que está peor que tú y no llores, no soporto ver tus lágrimas. No debes hacer drama porque nada sacarás con ello". Y así, esa mujer que yo conocí, aprendió a detener el llanto a voluntad.


A lo largo de los años comenzó a tener pérdidas, pero ella era la fuerte, no se le permitía mostrar algo de flaqueza. Cuando murió su padre, pensó que debería comportarse como un hombre y ahogó en alcohol sus lágrimas. Veinticuatro horas duró su luto. "La vida sigue, sal y trabaja". Cuando su hija estuvo a punto de morir, se fue a las tiendas y compró todo lo que pudo ahogando con cosas innecesarias y superfluas el agua salada que no debía mostrar a nadie. "No es tu dolor, ni tienes el derecho, no fuiste tú la que estuvo a punto de morir, deja el drama y apoya". Cuando su hijo se debatía entre la vida y la muerte en un hospital, le dijeron: "Si quieres llorar, hazlo en donde nadie te vea, sal de aquí, que tus lágrimas nada remedian". Muchos años después, le fue arrebatado el derecho de siquiera mirar al ser que más amaba en el mundo. En esa ocasión, fueron mucho más duros con ella. Se le dijo: "En esta película no llevas siquiera el papel de comparsa" ¿Porqué crees siempre que tu dolor es el más grande? ¡No eres tú el centro del universo! Debes pensar más en los demás y apoyar".


Así que, esa mujer que yo conozco dejó de llorar agua salada y comenzó a llorar sangre. "De alguna manera tendrá que salir este dolor, -se dijo-, si no soportan mis lágrimas ahora tendrán que mirar mi sangre. Quizá es sólo que no les gusta la ausencia de color y prefieran el color rojo. Pero para su sorpresa, no fue así y entonces le dijeron: ¡Eres el colmo del chantaje! ¿Porqué simplemente no te callas y te quedas quieta?


Y esa mujer que yo conozco, obedeció por que lo había hecho siempre. Se quedó quieta, sin aspavientos, sin lágrimas y sin sangre. Cuando la encontraron estaba incluso cuidadosamente maquillada y vestida toda de blanco. Tremendamente quieta y horrorosamente seca. Tenía una carta en sus manos. En ella pedía que en su tumba pusieran una pequeña efigie suya en la que estuviera llorando. Las lágrimas de piedra no molestan a nadie. Ahí, en la soledad del cementerio, dicen los que pasan por su sepultura, que a veces ven caer a la lápida, pequeñas piedrecillas que emanan de sus ojos.

miércoles, 20 de mayo de 2009

MALENA


Se llamaba Malena y era mi madre. Nací de su vientre apenas estrenado, pues soy la segunda de siete hijos. Durante nueve meses me alimenté de su carne y de su sangre -como todos los que en este mundo vivimos-, después, de su tibia y dulce leche. Toda mi existencia, de su Ser.


Junto con ella, venían dos abuelos y ningún tío, pues fue hija única. Nunca eché de menos una parentela materna, ellos tres lo llenaban todo y aún más. Claro que también tuve un padre, y en este caso, uno que sí lo fue, que siempre estuvo ahí, en las buenas y en las malas, como debe ser. En fin, tuve una familia, que es mucho más de lo que muchos pueden afirmar.


Pero ahora sólo quiero hablar de mi madre y temo demasiado que su figura es tan grande -la de todas las madres-, que no existe la manera de no caer en lugares comunes. Espero no hacerlo, porque, aunque todas las madres del mundo nos parecemos, decimos las mismas frases, echamos las mismas maldiciones, somos igual de intolerantes, con tales o cuales situaciones y extremadamente celosas con nuestros hijos, diré algo en nuestra defensa: Todo lo hacemos por amor. Y es tremendamente injusto para todos, que nos demos cuenta de que así es, sólo cuando nuestra madre ya no está con nosotros.


Mi madre nunca fue una mamá común y corriente. No. Mi madre fue la peor de las madres. No se asusten, les explico.


Mi madre nunca me dejó llorar, nunca esperó a que yo tuviera hambre para darme de comer, jamás habría permitido que un poco de frío estremeciera mi cuerpo ni que la lluvia mojara mis pies; Nunca me dejó comer fruta verde, trepar a las bardas, bañarme en un río. Si el calor era fuerte, y yo nací a orillas del mar, podía quedarse sentada durante horas abanicando el aire para que yo no sudara. Mi madre tejía, cosía, bordaba, perfumaba y adornaba la ropa que me ponía. Hasta hace poco tiempo, en mi cuerpo no había ni una sola cicatriz a causa de caídas o tropezones. Nunca me descalabré, porque ahí estaba ella siempre, como una sombra benefactora. Ahora, y casi al final de mi vida, hay algunas cicatrices, pero tengo la completa seguridad de que de haber estado ella a mi lado, no existirían.


Me enseñó a leer y a escribir a una edad en que todos los niños sólo están en el mundo para jugar y divertirse. En cuanto pude entender el significado de esos extraños símbolos llamados letras, me habló de México, de Cuauhtémoc, de Hidalgo y Morelos; de Juárez, de Madero y de Villa. Aún puedo verla bajo la resplandeciente luz de tardes memorables, tratando de esconder una lágrima que escurría por sus mejillas cuando nos narraba la caída de la Gran Tenochtitlan.


Mi madre mandaba a hacer para mí un vestido nuevo para cada domingo mientras fui niña. Elaboraba mis cuadernos con sus blanquísimas manos e inventaba recetas cada día para sorprendernos. Horneaba los más deliciosos pasteles y creaba los más ricos helados para el regreso de la escuela. La recuerdo afanada con una garrafa que compró a unos árabes hasta que logró hacer las más deliciosas nieves que se hayan probado en el mundo. Nunca, ni a mí ni a mis hermanos, nos picó un insecto, ahí estaba ella para alejarlos. Malena fue acumulando un adeudo imposible de pagar. Por estas razones, mis hermanos y yo, la consideramos durante mucho tiempo, "la peor de las madres".


Pero llegó el tiempo de abandonar su casa llena de rosas y árboles frutales, de olor a pan recién horneado y nieves suculentas, para hacer mi vida. ¡Claro que también me dijo que ese camino no era el seguro ni el verdadero!, pero no la escuché y me fui sin volver la vista después de pronunciar la consabida frase: "Es mi vida, no tienes ningún derecho a intervenir en ella"


Hoy, en este día nublado, sólo sé que estoy triste, tan triste que en todo el universo no queda un sólo resquicio para otro sentimiento que no sea sobre mi madre. Dije que había sido la peor de todas las madres, porque hasta ahora comprendo que todas las madres somos iguales y que el Creador en caso de que exista, no debió hacernos tan ciegos. Ahora, sé que nunca el mundo volverá a ser como cuando ella estaba iluminándolo todo. Hasta ahora comprendo porqué no fuimos como los demás niños. Hasta ahora sé, que todo lo que he hecho en la vida, se sembró en mis primeros años. Mi madre nos enseñó a no perder el tiempo, nos dijo que la vida era muy corta y que estábamos aquí para aprender, para enseñar, para dejar siquiera una pequeña huella de nuestro paso por el mundo.
Ya no siento la nostalgia de Borges cuando nos dijo que le habían quedado muchas cosas por hacer y la tremenda tristeza por no haberlas hecho. No. Yo no la siento, mamá. Hiciste lo que debías y lo hiciste bien. Las cosas importantes en la vida no están en pensar que va a durar eternamente, sino en saber aprovechar el poco tiempo que tenemos.

Malena ya no está aquí; su vela, la que iluminaba mi mundo, se fue apagando poco a poco, como no queriendo dejarnos solos, como queriendo decir con su débil presencia que ahí estaba y que mientras su cansado corazón no se detuviera, seguiría latiendo sólo por nosotros. Ahora sé, que el corazón de una madre no es como los demás corazones. No hace tic, tac, tic, tac, no; en cada latido nos dice: te amo, te amo, te amo. Aún más allá del cansancio, de la desesperanza, de la muerte, siempre estaré contigo, hasta que Dios permita que volvamos a vernos, en algún lugar, en algún tiempo y para los siglos de los siglos...


Ella se llamaba Malena y era mi madre.

viernes, 15 de mayo de 2009

Ignorancia: la más apocalíptica de las plagas



Las tres últimas semanas todo el mundo -literalmente-, estuvo pendiente de "la epidemia del siglo". Durante muchos días, la población mexicana fue protagonista de una película de ciencia ficción en la que todos tuvimos que hacer el papel de extras, aún en contra de nuestra voluntad, al menos de la mía. Desde que se dió la noticia de que todos moriríamos en breve plazo, si no seguíamos las instrucciones para estornudar, toser, comer e ir al baño, yo me dediqué a patrullar esta inmensa ciudad de norte a sur y de este a oeste. Mucho me admiré al darme cuenta de que en el Estado de México -, léase Satélite y anexas-, las cosas eran diferentes. Ahí eran pocos los que llevaban cubrebocas o estaban encerrados en sus casas. ¿Sería acaso que el dichoso virus sólo se dedicaba a matar chilangos? Un poco después la medida se convirtió en llamada nacional y entonces fue todo el país el que tuvo que dejar todos sus pendientes y dedicarse a mirar películas en casita, lo que hizo que Blockbuster hiciera su agosto en plenos abril y mayo, porque de ponerse a leer, de eso nada, ni siquiera en defensa propia. Se trataba de embrutecerse, (¿más?), de no pensar, de emorracharse hasta caer inconcientes, de tragar hasta hartarse, y ¿porqué no? de pelear a más no poder, porque la familia junta, ni difunta. Fueron días de niños golpeados, esposos divorciados, padres corridos y abuelos envenenados.

Y ni hablar de la imagen de México a nivel mundial, ya de por sí bastante deteriorada a causa de la tremenda e imparable violencia que nos aqueja. Ahora no sólo nos temen, nos tienen asco. Y tendrán que pasar muchos meses para poder deshacernos de tal estigma. Les dimos el mejor pretexto para no recibirnos en sus países ni venir al nuestro. Yo me pregunto: ¿Porqué no fue la misma reacción mundial hacia los gringos?. Hay, en este momento, y desgraciadamente seguirán habiendo, muchos interrogantes al respecto, y más desgraciadamente aún, pasará mucho tiempo para que obtengamos las primeras respuestas verdaderas. Quizá cuando nuestro actual presidente tenga ochenta años y Carmen Aristegui vaya (ya muy ancianita también), a entrevistarlo a su casa (?) y se decida a revelar los verdaderos motivos que se tuvieron para haber paralizado al país a costa del más tremendo costo y enmedio de la más grande de las crisis, sepamos algo de la verdadera verdad.

Yo personalmente odio la rumorología, (léase: Teoría del rumor), o sea, no me voy a sumar a la bola de pendejos que se dedicaron a querer llevar agua a su molino elaborando los rumores más inverosímiles acerca de lo que estaba pasando. Sólo voy a relatar a grandes rasgos lo que YO ví.

Ví calles, plazas, jardines, centros comerciales, templos, gimnasios, salones de belleza, viaductos, circuitos, segundos pisos, periféricos, antros, restaurantes, burdeles, hoteles, cines, escuelas, universidades, bazares, tianguis...y todo lo que pueda olvidar en este momento:VACÍOS. Sólo unos cuantos automóviles circulaban aquí y allá, y al volante iba algún imbécil solitario que aún así, llevaba puesto el cubrebocas, digo, imbécil no por solitario, sino por llevar el cubrebocas. ¿Pues no que el mexicano no teme a la muerte y se la come en forma de calaveritas de azúcar? Cuando yo vuelva a escuchar eso el próximo 2 de noviembre, le rompo la cara a quien lo diga. ¡Palabra que sí! No crean, también me dí una vuelta a los hospitales, pero no a las salas de espera, en donde el miedo hizo que la ignorante población cayera como una plaga apocalíptica al menor estornudo, sino a la puerta por donde sacan los cadáveres, ahí estuve varias noches y les juro que no ví salir más que la cantidad normal de muertos que naturalmente tiene que dejar esta vida. Y les juro que chequé varios hositales, del gobierno y particulares. Claro, era materialmente imposible que con sólo menos de 70 fallecidos en todo el territorio nacional, me tocara ver a algunos.

Por otro lado, también ví los medios de transporte retacados hasta el techo, parecían camiones de aquella memorable caricatura que lamentablemente ya no encuentro en los puestos de revistas: La familia Burrón. Nada más se miraban narices, y lo peor, sin cubrebocas. El nombre equivocado de ese adminículo, hizo que la mayoría de mexicanos lo tomaran al pie de la letra y no cubrían su nariz, habría que buscarle otro nombre. ¿Qué les parece cubrenaribocas? Mientras toda la planta comercial del país se cerraba como medida precautoria para que la epidemia no se diseminara por todos lados, el metro, los trolebuses, los micros y los metrobuses no guardaban ninguna medida, como siempre, llevaban gente colgando de sus puertas y nadie hizo nada para evitarlo. ¿Qué pasó, míster Súperman? -Léase Ebrard-, y le digo así, porque aunque ustedes no lo crean, a algunas miserables mujeres les parece guapo y así le nombran. Esa era la manera más segura de que cualquier epidemia se diseminara por todos lados y ahí nunca se hizo nada, ¿No les parece muy sospechoso? No soporto el rumor, pero me encanta el sospechosismo.

Pero, ¡agárrense de las manos! o de donde puedan, resulta ser que no TODO estaba vacío. También me dí una vuelta por la sede de los principales partidos políticos y...¿Qué creen? Pues que ahí sí había gente, y mucha, y trabajando a marchas forzadas para la próxima campaña política. Los ví entrar y salir de sus madrigueras apresurados e ilusionados de que "ahora sí, ahora sí la vamos a hacer". También había gente en La Asamblea Legislativa del D. F., la Cámara de Diputados, la de Senadores y La Tremenda Corte. Me puse a pensar en el cuento que de niña me contaba mi abuela, y las abuelas de todos ustedes: la del lobo, ¿se acuerdan? ¡Ahí viene el lobo, ahí viene el lobo!, el peligro es que después de varias veces de mentir, el lobo sí aparece y se los come a todos.

¡Ah, se me olvidaba! Y Hablando de animales tengo que mencionar también a unos animalitos simpáticos, gruñidores, gorditos y sobre todo...¡sabrosísimos! -los inefables cerditos-, no comparar con los políticos de este país, por favor, que salieron con su bella imagen tremendamente dañada, digo, los cerditos. Ahora resulta que se llevará a cabo una tremenda comilona (estilo Fellini) de carnitas, con sus tortillas recién hechas y su salsita y ¿porqué no? su tequilita, para demostrar que su dulce y suave carne no es tóxica. Lo insólito de todo ésto, es que asistirán a ese banquete, las Fuerzas Armadas, los petroleros y los diputados. ¡Háganme ustedes el favor, por Dios y su santísima Madre! Lo que no sé ni me imagino, es porqué no invitaron también al sindicato de maestros y a su líder, más bien sí imagino: hubiera sido un caso de antropofagia y monseñor Rivera Carrera hubiera rasgado sus vestiduras, aún cuando a mí me parece que debió ser el Primer Invitado, debe demostrar con hechos su inamovible fe en Dios, ¿no creen?. Ya que no pueden asistir al Banquete de Platón, que asistan al de carnitas.
Buen Señor Dios, te hago un reclamo: ¿Porqué sólo nombras a cuatro jinetes del Apocalipsis? A saber: el hambre, la guerra, la muerte y la peste. Yo me atrevo a poner un QUINTO JINETE, la IGNORANCIA, sin la cual no existirían tres de ellos. ¿Me permites que enmiende un poco la plana?

Bueno, eso ví YO y así mismo se los paso.

lunes, 20 de abril de 2009

EL LIBRO DE PIEDRA


Entre lo más horrible, malhecho, pedestre, asqueroso, espeluznante, rocambolesco, patético, ridículo, espantoso e infinitamente contaminante que he visto, y no en los últimos años, sino en toda mi vida, y no porque ocasione miedo ni terror, sino sólo asco y vergüenza, es esta peliculucha, remake de otra que fue mucho mejor, El libro de piedra, y que ha sido con mucho lo peor de lo peor, de lo peor...ad infinitum.


Dicen que hay que apoyar el cine mexicano, pero definitivamente antes de poner en cartelera algo tan bochornosamente malo, habría que advertir del daño mental que seguramente sufrirá quien tenga la peregrina idea de entrar a cualquiera de las salas en donde se exhibe esta pavorosamente idiota película. Comienzo por preguntarme quién chingados es Julio César Estrada, el pomposamente llamado Director. Buscando en la red, encontré que también dirigió Cañitas y Hasta el viento tiene miedo, - que no dejo de agradecer a los dioses no haber visto-, por lo que me queda claro que a falta de ideas propias, se ha dedicado a remakear a todos aquellos a quienes toma desprevenidos, porque sólo estando totalmente desprevenidos o siendo totalmente pendejos, los dueños de los derechos de tales películas han podido tener el atrevimiento de cederle, venderle o regalarle los derechos a tal topil que innecesariamente ha hecho estas copias tan malas y que debido a la total falta de un crítica medianamente inteligente, se ha dedicado a treparse a las primeras páginas de las revistas y periódicos que en este ignorante país, se dedican a hablar de espectáculos.


Tuve la inmensa suerte de tener como maestro al Señor Carlos Enrique Taboada, y no tengo la menor duda de que se ha de estar revolviendo en su tumba al ver la basura en que convirtieron una película -que sin muchas pretensiones de llegar a ello-, se había convertido en un clásico de terror mexicano. ¡Tiemblo de terror con sólo pensar en que a este güey asqueroso, mal llamado Director, se le ocurra remakear Veneno para las hadas! En ese mismo momento lo busco y lo pateo. Cuando menos...


La verdad no sé si Plutarco Haza y su ex mujer, la Paleta, sean o no, buenos actores, nunca veo telenovelas, pero el caso es que aquí, en el mamotreto que me ocupa, debieron ser tan mal dirigidos, que la verdad, dan ganas de vomitar. Y qué decir de la Sosa, que lleva todo el peso del mal llamado film, y que con una cara de eterno sufrimiento hace gala a su apellido y sólo logra ocasionarnos con su actuación, un terrible cólico miserere. De la niñita, ni hablar, no digo nada sólo por respeto a los peques, y porque le damos el beneficio de la duda con un director tan gacho y naco.


Respecto al alma máter, del tal Estrada, no sé si nunca debió haber entrado o nunca debió haber salido -digo, de la universidad-, pero deberíamos preguntar a la Universidad del Valle de México, cómo le hace para egresar de sus filas a profesionistas tan infinitamente deleznables ¡Qué vergüenza, qué sopor y qué bochorno!


En lo tocante a los patrocinadores, ¡En qué cochinadas tira usted su dinero, señor Slim! Despida inmediatamente a quien se atrevió a leer el guión y recomendar que se patrocinara tal porquería.
El mamotreto es tan pestilente, que al escribir éstas líneas aún tiemblo del coraje, de que por andar de alma caritativa y tratar de apoyar el cine mexica, haya yo pasado tan mal rato. Y les aclaro, yo y todos los que estábamos en la sala. La rechifla fue de antología, seguramente ya nadie se atreverá a entrar. Hubieran ustedes visto la cara de los que salían. De dar lástima.


Y para finalizar, topil Estrada, usted no es director, ni guionista, ni cineasta, ni nada que tenga que ver con el maravilloso Séptimo Arte, que debería inspirarle más respeto. Usted, lo único que merece es sentarse eternamente a mirar su misma película, por los siglos de los siglos, hasta que la mala memoria que dejó en todos, logre borrarse para siempre.

UNA PASIÓN SECRETA


A veces resulta desesperante mirar la cartelera cinematográfica. Las sinopsis no dicen mucho, es más, no dicen casi nada. El único referente es el director y en algunas ocasiones, los actores. En este caso, el haberme enterado de que Una pasión secreta, le valió el Oscar a Kate Winslet, fue el detonador para que inmediatamente me desviara del camino que llevaba en esos momentos y me decidiera a entrar a un cine. Y en la más completa ignorancia de lo que iba a ser representado en la pantalla, me senté en uno de los comodísimos sillones ergonómicos de una sala Cinemex y me dispuse a gozar de la historia, la dirección y las actuaciones, en ese riguroso orden.


Pasión. (Latín passio) Sufrimiento, serie de tormentos. Perturbación o afecto desordenado del ánimo: dejarse llevar por sus pasiones. Inclinación muy viva de una persona por otra: ella (él) es mi pasión. Deseo vehemente. Objeto de deseo.


A ese sentimiento yo simplemente le llamo: "el toque del ángel", y tanto puede ser el toque de un ser angélico benévolo, como cuando uno siente pasión por la literatura, la música, la pintura, la belleza, etc. y nos impulse a hacer muchas cosas, o nos haga sentir que las hacemos; o el toque de un ángel malévolo que nos cambie la existencia para siempre. Cuando hablamos de pasión, nos referimos a un sentimiento que no tiene límites, que no conoce la mesura, que salta todos los diques y que lo abarca TODO. Esta es la pasión amorosa por otra persona. La literatura está llena de estos ejemplos y siempre terminan en tragedia. Y aquí es muy importante decir, que nadie escribiría sobre amores anodinos e insípidos y que casi todas las historias que hemos leído, son sobre seres apasionados.


Una pasión secreta, es lo que nos dice el título: una pasión entre un chico de tan sólo 15 años y una mujer que se acerca a los 40. Michael y Anna son tocados por el ángel y no hay nada que puedan hacer para evitar sentir lo que sienten, lo que viven y lo que sufren, porque finalmente la pasión es un tremendo dolor, pero agridulce, soportable y definitivamente: evidiable, que casi siempre lleva consigo otros componentes: lo secreto y lo prohibido.


En el castigado Berlín de los años 50´s, todavía están muy recientes las heridas de la segunda guerra. Los ofendidos gritan pidiendo justicia y los ofensores tratan de comprender porqué fue que las cosas sucedieron, como sucedieron. Todavía no han construido el muro de la ignominia, así que los berlineses transitan libremente de un lugar a otro y tratan de llevar una vida normal en todos los sentidos.Todos quieren restañar sus propias heridas. En este marco, es que los dos protagonistas se conocen. Ninguno sabe nada del otro, simplemente porque esto no es necesario cuando se habla de una pasión. No hay preguntas ni curiosidad en ella, que no parece esperar ya nada de la vida, ni en él, que lo espera todo. Simplemente se aman sin cuestionarse nada. El chico no tiene ningún pasado, por supuesto; y la mujer ni siquiera tiene que ocultar el suyo, pues el chico nunca hace preguntas ni demuestra celos por un pasado en el que él ni siquiera existía aún. Lo que los une además de la pasión que comparten, es la literatura, que parece ser la única curiosidad que tiene ella. Una y otra vez, se reúnen para compartir historias, epopeyas y poemas. A veces invirtiendo el orden, primero la lectura y después el amor, otras, el amor y la pasión seguidas por un buen libro.


Un día, Anna desaparece sin dejar el menor rastro, dejando el plano real para pasar a formar parte del mundo onírico de Michael, que no concibe la existencia sin ella. El ángel lo ha tocado y él ni siquiera sospecha que éste toque es para siempre. La gran mayoría pasamos la vida deseando ser los protagonistas de una pasión sin límites, pero es claro que ni siquiera podemos imaginar a lo que nos llevaría esa pasión y que debemos tener cuidado con lo que pedimos, porque alguien nos puede conceder ese deseo. Otros, los más valientes y osados, piensan que no importa ni mucho ni poco el sufrimiento y que la vida sin una pasión no es digna de ser vivida; y se lanzan ciegos y enloquecidos a lo que seguramente será su fin, pero siempre será el fin que ellos persiguieron y no el que la vida se digne a otorgarles. Cuestión de libre albedrío.


La película es inconmensurablente bella, con esa rara belleza que tiene el sufrimiento sin límites, ese dolor que sentimos gozosos, porque es extraño, porque no se dá tan fácilmente, porque no lo encontramos muchas veces en toda nuestra existencia y porque...¿Porqué no decirlo? En ocasiones, sólo muy raras veces, nos gusta apurar el cáliz hasta el fondo, dejar que las lágrimas corran libremente por nuestro rostro y limpien nuestra alma, que los sollozos estremezcan nuestro cuerpo sin avergonzarnos por ello, que nuestra mente cuestione de una vez por todas y sin ambages ni hipocresía, toda nuestra triste y desolada vida. Una pasión secreta, deja de serlo cuando es compartida por todos los que tuvimos la buena idea de entrar a una oscura sala y sentir compasión, esto es: compartir la pasión con los protagonistas de esta historia sublime e inolvidable.


Película: Una pasión secreta ( The reader)
Director: Stephen Daldry
Actriz: Kate Winslet
Actor: Ralph Fiennes
Sala: La que tú elijas.
Espectador: Ojalá y todo el mundo

lunes, 13 de abril de 2009

BACKYARD - TRASPATIO



En este planeta hay muchos infiernos, pero sin duda, uno de los más espantosos es una ciudad del norte de la república llamado Ciudad Juárez. Hace muchos años anduve por allá y ya era feo, de hecho, nunca ha sido ni siquiera medianamente pasable, pero hoy sí que puede catalogarse como un infierno; y seguramente más violento, corrompido, contaminado y sucio, que el mismo infierno que inventó Dante.


¿Qué es lo que pasa por allá para que sea catalogado así? Hace unos días tuve la desgracia de entrar a un cine -por aquello de apoyar a las cintas nacionales-, y ver una película escrita por Sabina Berman y dirigida por Carlos Carrera, llamada Traspatio. Por supuesto que el sólo nombre nos remite al patio de atrás; de atrás de donde sea, puede ser de una casa, de una cantina, de una bodega, de un mercado, de cualquier edificio, de una morgue...en este caso, es el traspatio de un país: Los Estados Unidos de América, pero la película en cuestión sólo nos muestra que en al tal traspatio sólo echamos basura los propios mexicanos, por lo cual, el dichoso nombrecito sale sobrando, porque si la ciudad en cuestión está en el norte, ese debería ser nuestro jardín. Es lógico ¿No?


Me explico: en primer lugar, el guión es tendencioso y nos muestra que a las mujeres que matan por allá, las matan por putas, alocadas, mancornadoras y sinvergüenzas ¡Ni más, ni menos! Además, ni la escritora ni el director, tuvieron el valor de tomar al toro por los cuernos y mostrarle al espectador los antecedente de tal situación, sólo vemos cómo está, pero no porqué está así. ¿Qué factores influyeron para que ese lugar se convirtiera en la cloaca más pestilente de todas? y aquí llegaríamos al segundo lugar: hace cerca de 20 años, a un pendejo presidente se le ocurrió la peregrina idea de que los mexicanos deberíamos ser esclavos de quien tuviera el capital necesario para poner maquiladoras y recoger toneladas de billetes con la mano de obra más barata del mundo, claro, la gran tajada se la llevaban los políticos y la gran chinga los mexicanos. A razón de un dólar por hora, los pobres del sureste mexicano, se volcaron materialmente, tras el sueño de tener un sueldo seguro y no pasar más hambre ni arriesgarse al cruzar el río Bravo, para trabajar en los yunaites, como dicen ellos. De pronto, y en muy poco tiempo aquello se llenó de gente para la cual no existía la más mínima infraestructura, pero ¿a quién chingados le importaba? Que se acomoden donde puedan, el desierto es muy grande, además, que no nos digan que estaban acostumbrados a hoteles de cinco estrellas, cualquier puente puede servir de cobijo, cualquier hoyo de casa, cualquier agujero de hogar, dijeron los inefables políticos de nuestro más inefable país.
El tercer factor fue que junto con las maquiladoras y los esclavos, llegó la fauna más nociva del mundo: la humana. En Ciudad Juárez hay una cantina en cada esquina y veinte giros negros -que funcionan las 24 horas-, en cada manzana. Claro, con su respetiva mordida a las corruptísimas autoridades municipales y a la poli y ni quien diga nada.


Y con las drogas y el alcohol llegaron (o ya estaban allí), los más terribles, despiadados, chacales, pestilentes, enfermos, asquerosos, bestias, asesinos, violadores, cobardes, miedosos, eunucos mentales, impotentes e hijos de la putísima madre que los parió -iba a decir hombres, pero de eso nada-, sólo los animales bípedos más nocivos que estaban a la sombra, pero que con la llegada de carne fresca, salieron de sus guaridas y comenzaron a darse cuenta de que las mujeres eran el filón más grande de todos. O sea, trata de blancas, prostitución a la luz del día, y lo peor y más nefasto de todo: un mercado inmenso (Y ahora sí, aquí vienen los gloriosos E. U. con la población más degradada y pervertida del mundo), para películas pornográficas snuff, en donde la "protagonista" por fuerza tiene que morir. Y comenzaron a salir a cazar por los alrededores de las fábricas el material que necesitaban. Salen en grupos, como las hienas -y que no parezca un insulto a esos animales que sólo se alimentan de carroña-, no, éstos buscan carne y sangre fresca y van en grupos y armados porque son las bestias más cobardes del mundo.


¿Y las autoridades? Son todos hombres, o al menos, lo parecen. No les interesa en lo más mínimo lo que está ocurriendo, ellos nada más reciben su parte y a otra cosa, mariposa. Si a alguna mujer se le ocurre ir a investigar por su cuenta, la hostigan y amenazan hasta que logran amedrentarla y hacerla huír. Los medios están vendidos, muy bien comprados por los cárteles de la droga y la prostitución, la poli, también. ¡Oh! ¿Y ahora quién podrá defendernos? Y por muuuuy increíble que parezca, y en tiempos electorales, este pinche pueblo que no tiene la más mínima memoria, y que por no leer ni en defensa propia, es uno de los más ignorantes del mundo, se prepara para votar en julio, pensando que ahora sí, éste es el bueno, el que va a cambiar las cosas de una vez por todas. ¡Ay! Yo sólo ruego a los dioses, que el asteroide que viene acercándose a la Tierra, se impacte de lleno en este país y el mundo seguramente quedará mejor. Porque lo cierto es que dígase lo que se diga, ya no tenemos remedio.

viernes, 3 de abril de 2009

Eduardo Galeano



El pasado 9 de marzo, y con motivo del Día Internacional de la Mujer, asistí a nuestro glorioso Auditorio Nacional, invitada por un grupo de amigas a las que quiero mucho, mucho, ¡muchísimo!, porque se tiene que querer mucho a alguien para sentarse a sufrir por más de 8 horas seguidas, -excepto una sola ponencia-, el sinfín de tonterías que van a decir ese día las representantes más distinguidas de la mujer mexicana.(¡!) Entre ellas, Gaby Vargas, impecablemente vestida con un precioso modeo de Versace; hasta una pendeja cuyo nombre no recuerdo, (y que Alá tenga en su gloria) porque yo de ninguna manera, que un día vió un gusano en la banqueta y al cabo de varios días de pasar por ahí, se encontró una mariposa, eso la hizo pensar (?) que todas podíamos cambiar, y rauda y veloz se puso a escribir un libraco que ha tenido récords de ventas, ¡Háganme ustedes el favor! Y eso no fue todo, desde la llegada lo tratan a uno como si fuera ganado rumbo al matadero. Explico: las edecanes del auditorio, que más parecen prófugas del metate, -¡Atención, señora Directora, fíjese a quién contrata!-, revisan implacablemente nuestros bolsos para ver que no llevemos ninguna clase de cámaras por aquello del Copy right, ellas dicen: copi rai. Después,y ya dentro del recinto, lo sientan a uno a empujones en el asiento en que a ellas se les antoja, no en el que nos toca por el boleto que les mostramos y que ni siquiera ven. ¡Ah! y no se le ocurra querer apartar un lugar para su amiga que a última hora decidió ir al tocador, ¡No!, tendrá que quedarse parada, porque las fieras no permiten bajo ningún motivo que se aparte un asiento. Total, que uno sale de ahí sintiendo que han sido las 8 horas más miserables de nuestra vida. Y eso que se trata de festejarnos.


Pero, ¿Porqué estoy escribiendo ésto si voy a hablar de Eduardo Galeano? ¡Pues para que se note la enoooooorme diferencia!


Ayer asistí a Cultisur, el corazón cultural de nuestra admirada y querida Universidad Nacional, específicamente a la hermosísima Sala Nezahualcoyotl. La conferencia, en la que Eduardo Galeano ¡Que Alá sí tenga en su gloria por los siglos de los siglos! anunciaría el más reciente libro que tuvo a bien regalarnos para nuestro disfrute infinito: "Espejos". Cuando llegué eran las 3.30 p.m. y ya había una fila de más o menos ochocientas personas, la inmensa mayoría estudiantes, que perfectamente bien ordenados y estoicamente aguantadores bajo un sol abrazador, esperaban ansiosos la hora de entrar. No tuve más remedio que imitarlos, y pasé a formar parte de la cola, como decimos coloquialmente los mexicanos. Casi enseguida me percaté de que había dejado sus libros -los de Galeano-, en la cajuela de mi auto y ante la disyuntiva de regresar hasta el estacionamiento por alguno de ellos, o caminar sólo unos pasos a la librería Julio Torri, que estaba frente a mí, decidí por lo segundo y compré dos. Armada con ellos, regresé a la cola resignada a esperar dos horas y media de pié y bajo un sol tan radiante como seguramente brillaría el primer día de la creación, pero sabedora de que leyéndolos, las horas se tornarían en minutos.


Ahí no había fieras edecanes, no había guardias de seguridad, nadie nos trató como si fuésemos ganado, simplemente porque no hacía ninguna falta, Eduardo Galeano, sólo inspira amor y respeto. ¡Y lo mejor de todo! nadie revisó nuestros bolsos o mochilas ni nos quitó los celulales o las cámaras; todos los asistentes le tomaron las fotografías que quisieron sin límite de tiempo ni cantidad, ni calidad; grabaron la plática e incluso subieron al estrado para abrazarlo y besarlo, y el SEÑOR, como si nada, feliz y contento, y todos los que tuvimos la inmensa suerte de asistir y escucharlo, ídem. Lo mejor de todo, fue que me enteré que el SEÑOR, pidió que se nos dejase entrar una hora antes a la sala porque pensó que debíamos estar muy cansados. Repito: ¡Que Alá lo tenga en su gloria!


Galeano habló de muchas cosas, porque son muchísimas cosas las que llenan su mente. Habló de Los Nadies, de todos nosotros, de los que nadie sabe nada, a los que nadie conoce. De nuestras luchas, nuestros anhelos, nuestras pequeñas dichas y nuestro sempiterno sufrimiento. También habló de los terribles crímenes de los grandes, los que sí son alguien, los explotadores, los políticos, los reyes y las reinas traficantes de drogas, como la reina Victoria de Inglaterra. Habló de amor, de la muerte, del dolor de vivir, de la inmensidad de Lorca y del silencio de Rulfo, nos habló de las mujeres, de la infamia que hemos sufrido a lo largo de milenios y de la lenta reivindicación a la que apenas estamos llegando. Nos habló del Holocausto de Paraguay, del que poco sabemos, porque el otro, ha sido tan nombrado que oculta a TODOS los holocaustos, incluso a algunos más grandes e infames; nos convocó a leer, a enterarnos de lo que pasa y ha pasado en el mundo antes de nuestra llegada.


Eduardo Galeano habla lento y pausado, con una voz tan dulce que acaricia nuestro corazón, sus manos se mueven independientemente de sus palabras, mientras en ellas sostiene unas pocas cuartillas, las que según él, eran unos cuentos que nos iba a leer, pero sus ojos azules y calmados como el agua de un lago en el cráter de un volcán apagado, jamás se posaron en esas cuartillas, Galeano sabe lo que dice, lo sabe de memoria y tiene la completa seguridad de que dice la verdad, no tiene que recurir a la lectura para hacernos vibrar o para recordar algún hecho histórico o algún poema. Me dió la impresión de que Galeano lo sabe todo.


Quiero terminar diciéndoles que en la vida existen poco momentos en los que sentimos que somos parte de la Divinidad, ayer por la tarde, yo lo sentí. Lo sentí con una claridad tan diáfana y estremecedora que me dió miedo. Y como para muestra sólo es necesario un botón, ahí les dejo ésto de su autoría.


La noche
Me desprendo del abrazo, salgo a la calle.
En el cielo, ya clareando, se dibuja, finita, la luna.
La luna tiene dos noches de edad.
Yo, una.