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miércoles, 20 de mayo de 2009

MALENA


Se llamaba Malena y era mi madre. Nací de su vientre apenas estrenado, pues soy la segunda de siete hijos. Durante nueve meses me alimenté de su carne y de su sangre -como todos los que en este mundo vivimos-, después, de su tibia y dulce leche. Toda mi existencia, de su Ser.


Junto con ella, venían dos abuelos y ningún tío, pues fue hija única. Nunca eché de menos una parentela materna, ellos tres lo llenaban todo y aún más. Claro que también tuve un padre, y en este caso, uno que sí lo fue, que siempre estuvo ahí, en las buenas y en las malas, como debe ser. En fin, tuve una familia, que es mucho más de lo que muchos pueden afirmar.


Pero ahora sólo quiero hablar de mi madre y temo demasiado que su figura es tan grande -la de todas las madres-, que no existe la manera de no caer en lugares comunes. Espero no hacerlo, porque, aunque todas las madres del mundo nos parecemos, decimos las mismas frases, echamos las mismas maldiciones, somos igual de intolerantes, con tales o cuales situaciones y extremadamente celosas con nuestros hijos, diré algo en nuestra defensa: Todo lo hacemos por amor. Y es tremendamente injusto para todos, que nos demos cuenta de que así es, sólo cuando nuestra madre ya no está con nosotros.


Mi madre nunca fue una mamá común y corriente. No. Mi madre fue la peor de las madres. No se asusten, les explico.


Mi madre nunca me dejó llorar, nunca esperó a que yo tuviera hambre para darme de comer, jamás habría permitido que un poco de frío estremeciera mi cuerpo ni que la lluvia mojara mis pies; Nunca me dejó comer fruta verde, trepar a las bardas, bañarme en un río. Si el calor era fuerte, y yo nací a orillas del mar, podía quedarse sentada durante horas abanicando el aire para que yo no sudara. Mi madre tejía, cosía, bordaba, perfumaba y adornaba la ropa que me ponía. Hasta hace poco tiempo, en mi cuerpo no había ni una sola cicatriz a causa de caídas o tropezones. Nunca me descalabré, porque ahí estaba ella siempre, como una sombra benefactora. Ahora, y casi al final de mi vida, hay algunas cicatrices, pero tengo la completa seguridad de que de haber estado ella a mi lado, no existirían.


Me enseñó a leer y a escribir a una edad en que todos los niños sólo están en el mundo para jugar y divertirse. En cuanto pude entender el significado de esos extraños símbolos llamados letras, me habló de México, de Cuauhtémoc, de Hidalgo y Morelos; de Juárez, de Madero y de Villa. Aún puedo verla bajo la resplandeciente luz de tardes memorables, tratando de esconder una lágrima que escurría por sus mejillas cuando nos narraba la caída de la Gran Tenochtitlan.


Mi madre mandaba a hacer para mí un vestido nuevo para cada domingo mientras fui niña. Elaboraba mis cuadernos con sus blanquísimas manos e inventaba recetas cada día para sorprendernos. Horneaba los más deliciosos pasteles y creaba los más ricos helados para el regreso de la escuela. La recuerdo afanada con una garrafa que compró a unos árabes hasta que logró hacer las más deliciosas nieves que se hayan probado en el mundo. Nunca, ni a mí ni a mis hermanos, nos picó un insecto, ahí estaba ella para alejarlos. Malena fue acumulando un adeudo imposible de pagar. Por estas razones, mis hermanos y yo, la consideramos durante mucho tiempo, "la peor de las madres".


Pero llegó el tiempo de abandonar su casa llena de rosas y árboles frutales, de olor a pan recién horneado y nieves suculentas, para hacer mi vida. ¡Claro que también me dijo que ese camino no era el seguro ni el verdadero!, pero no la escuché y me fui sin volver la vista después de pronunciar la consabida frase: "Es mi vida, no tienes ningún derecho a intervenir en ella"


Hoy, en este día nublado, sólo sé que estoy triste, tan triste que en todo el universo no queda un sólo resquicio para otro sentimiento que no sea sobre mi madre. Dije que había sido la peor de todas las madres, porque hasta ahora comprendo que todas las madres somos iguales y que el Creador en caso de que exista, no debió hacernos tan ciegos. Ahora, sé que nunca el mundo volverá a ser como cuando ella estaba iluminándolo todo. Hasta ahora comprendo porqué no fuimos como los demás niños. Hasta ahora sé, que todo lo que he hecho en la vida, se sembró en mis primeros años. Mi madre nos enseñó a no perder el tiempo, nos dijo que la vida era muy corta y que estábamos aquí para aprender, para enseñar, para dejar siquiera una pequeña huella de nuestro paso por el mundo.
Ya no siento la nostalgia de Borges cuando nos dijo que le habían quedado muchas cosas por hacer y la tremenda tristeza por no haberlas hecho. No. Yo no la siento, mamá. Hiciste lo que debías y lo hiciste bien. Las cosas importantes en la vida no están en pensar que va a durar eternamente, sino en saber aprovechar el poco tiempo que tenemos.

Malena ya no está aquí; su vela, la que iluminaba mi mundo, se fue apagando poco a poco, como no queriendo dejarnos solos, como queriendo decir con su débil presencia que ahí estaba y que mientras su cansado corazón no se detuviera, seguiría latiendo sólo por nosotros. Ahora sé, que el corazón de una madre no es como los demás corazones. No hace tic, tac, tic, tac, no; en cada latido nos dice: te amo, te amo, te amo. Aún más allá del cansancio, de la desesperanza, de la muerte, siempre estaré contigo, hasta que Dios permita que volvamos a vernos, en algún lugar, en algún tiempo y para los siglos de los siglos...


Ella se llamaba Malena y era mi madre.

viernes, 15 de mayo de 2009

Ignorancia: la más apocalíptica de las plagas



Las tres últimas semanas todo el mundo -literalmente-, estuvo pendiente de "la epidemia del siglo". Durante muchos días, la población mexicana fue protagonista de una película de ciencia ficción en la que todos tuvimos que hacer el papel de extras, aún en contra de nuestra voluntad, al menos de la mía. Desde que se dió la noticia de que todos moriríamos en breve plazo, si no seguíamos las instrucciones para estornudar, toser, comer e ir al baño, yo me dediqué a patrullar esta inmensa ciudad de norte a sur y de este a oeste. Mucho me admiré al darme cuenta de que en el Estado de México -, léase Satélite y anexas-, las cosas eran diferentes. Ahí eran pocos los que llevaban cubrebocas o estaban encerrados en sus casas. ¿Sería acaso que el dichoso virus sólo se dedicaba a matar chilangos? Un poco después la medida se convirtió en llamada nacional y entonces fue todo el país el que tuvo que dejar todos sus pendientes y dedicarse a mirar películas en casita, lo que hizo que Blockbuster hiciera su agosto en plenos abril y mayo, porque de ponerse a leer, de eso nada, ni siquiera en defensa propia. Se trataba de embrutecerse, (¿más?), de no pensar, de emorracharse hasta caer inconcientes, de tragar hasta hartarse, y ¿porqué no? de pelear a más no poder, porque la familia junta, ni difunta. Fueron días de niños golpeados, esposos divorciados, padres corridos y abuelos envenenados.

Y ni hablar de la imagen de México a nivel mundial, ya de por sí bastante deteriorada a causa de la tremenda e imparable violencia que nos aqueja. Ahora no sólo nos temen, nos tienen asco. Y tendrán que pasar muchos meses para poder deshacernos de tal estigma. Les dimos el mejor pretexto para no recibirnos en sus países ni venir al nuestro. Yo me pregunto: ¿Porqué no fue la misma reacción mundial hacia los gringos?. Hay, en este momento, y desgraciadamente seguirán habiendo, muchos interrogantes al respecto, y más desgraciadamente aún, pasará mucho tiempo para que obtengamos las primeras respuestas verdaderas. Quizá cuando nuestro actual presidente tenga ochenta años y Carmen Aristegui vaya (ya muy ancianita también), a entrevistarlo a su casa (?) y se decida a revelar los verdaderos motivos que se tuvieron para haber paralizado al país a costa del más tremendo costo y enmedio de la más grande de las crisis, sepamos algo de la verdadera verdad.

Yo personalmente odio la rumorología, (léase: Teoría del rumor), o sea, no me voy a sumar a la bola de pendejos que se dedicaron a querer llevar agua a su molino elaborando los rumores más inverosímiles acerca de lo que estaba pasando. Sólo voy a relatar a grandes rasgos lo que YO ví.

Ví calles, plazas, jardines, centros comerciales, templos, gimnasios, salones de belleza, viaductos, circuitos, segundos pisos, periféricos, antros, restaurantes, burdeles, hoteles, cines, escuelas, universidades, bazares, tianguis...y todo lo que pueda olvidar en este momento:VACÍOS. Sólo unos cuantos automóviles circulaban aquí y allá, y al volante iba algún imbécil solitario que aún así, llevaba puesto el cubrebocas, digo, imbécil no por solitario, sino por llevar el cubrebocas. ¿Pues no que el mexicano no teme a la muerte y se la come en forma de calaveritas de azúcar? Cuando yo vuelva a escuchar eso el próximo 2 de noviembre, le rompo la cara a quien lo diga. ¡Palabra que sí! No crean, también me dí una vuelta a los hospitales, pero no a las salas de espera, en donde el miedo hizo que la ignorante población cayera como una plaga apocalíptica al menor estornudo, sino a la puerta por donde sacan los cadáveres, ahí estuve varias noches y les juro que no ví salir más que la cantidad normal de muertos que naturalmente tiene que dejar esta vida. Y les juro que chequé varios hositales, del gobierno y particulares. Claro, era materialmente imposible que con sólo menos de 70 fallecidos en todo el territorio nacional, me tocara ver a algunos.

Por otro lado, también ví los medios de transporte retacados hasta el techo, parecían camiones de aquella memorable caricatura que lamentablemente ya no encuentro en los puestos de revistas: La familia Burrón. Nada más se miraban narices, y lo peor, sin cubrebocas. El nombre equivocado de ese adminículo, hizo que la mayoría de mexicanos lo tomaran al pie de la letra y no cubrían su nariz, habría que buscarle otro nombre. ¿Qué les parece cubrenaribocas? Mientras toda la planta comercial del país se cerraba como medida precautoria para que la epidemia no se diseminara por todos lados, el metro, los trolebuses, los micros y los metrobuses no guardaban ninguna medida, como siempre, llevaban gente colgando de sus puertas y nadie hizo nada para evitarlo. ¿Qué pasó, míster Súperman? -Léase Ebrard-, y le digo así, porque aunque ustedes no lo crean, a algunas miserables mujeres les parece guapo y así le nombran. Esa era la manera más segura de que cualquier epidemia se diseminara por todos lados y ahí nunca se hizo nada, ¿No les parece muy sospechoso? No soporto el rumor, pero me encanta el sospechosismo.

Pero, ¡agárrense de las manos! o de donde puedan, resulta ser que no TODO estaba vacío. También me dí una vuelta por la sede de los principales partidos políticos y...¿Qué creen? Pues que ahí sí había gente, y mucha, y trabajando a marchas forzadas para la próxima campaña política. Los ví entrar y salir de sus madrigueras apresurados e ilusionados de que "ahora sí, ahora sí la vamos a hacer". También había gente en La Asamblea Legislativa del D. F., la Cámara de Diputados, la de Senadores y La Tremenda Corte. Me puse a pensar en el cuento que de niña me contaba mi abuela, y las abuelas de todos ustedes: la del lobo, ¿se acuerdan? ¡Ahí viene el lobo, ahí viene el lobo!, el peligro es que después de varias veces de mentir, el lobo sí aparece y se los come a todos.

¡Ah, se me olvidaba! Y Hablando de animales tengo que mencionar también a unos animalitos simpáticos, gruñidores, gorditos y sobre todo...¡sabrosísimos! -los inefables cerditos-, no comparar con los políticos de este país, por favor, que salieron con su bella imagen tremendamente dañada, digo, los cerditos. Ahora resulta que se llevará a cabo una tremenda comilona (estilo Fellini) de carnitas, con sus tortillas recién hechas y su salsita y ¿porqué no? su tequilita, para demostrar que su dulce y suave carne no es tóxica. Lo insólito de todo ésto, es que asistirán a ese banquete, las Fuerzas Armadas, los petroleros y los diputados. ¡Háganme ustedes el favor, por Dios y su santísima Madre! Lo que no sé ni me imagino, es porqué no invitaron también al sindicato de maestros y a su líder, más bien sí imagino: hubiera sido un caso de antropofagia y monseñor Rivera Carrera hubiera rasgado sus vestiduras, aún cuando a mí me parece que debió ser el Primer Invitado, debe demostrar con hechos su inamovible fe en Dios, ¿no creen?. Ya que no pueden asistir al Banquete de Platón, que asistan al de carnitas.
Buen Señor Dios, te hago un reclamo: ¿Porqué sólo nombras a cuatro jinetes del Apocalipsis? A saber: el hambre, la guerra, la muerte y la peste. Yo me atrevo a poner un QUINTO JINETE, la IGNORANCIA, sin la cual no existirían tres de ellos. ¿Me permites que enmiende un poco la plana?

Bueno, eso ví YO y así mismo se los paso.

lunes, 20 de abril de 2009

EL LIBRO DE PIEDRA


Entre lo más horrible, malhecho, pedestre, asqueroso, espeluznante, rocambolesco, patético, ridículo, espantoso e infinitamente contaminante que he visto, y no en los últimos años, sino en toda mi vida, y no porque ocasione miedo ni terror, sino sólo asco y vergüenza, es esta peliculucha, remake de otra que fue mucho mejor, El libro de piedra, y que ha sido con mucho lo peor de lo peor, de lo peor...ad infinitum.


Dicen que hay que apoyar el cine mexicano, pero definitivamente antes de poner en cartelera algo tan bochornosamente malo, habría que advertir del daño mental que seguramente sufrirá quien tenga la peregrina idea de entrar a cualquiera de las salas en donde se exhibe esta pavorosamente idiota película. Comienzo por preguntarme quién chingados es Julio César Estrada, el pomposamente llamado Director. Buscando en la red, encontré que también dirigió Cañitas y Hasta el viento tiene miedo, - que no dejo de agradecer a los dioses no haber visto-, por lo que me queda claro que a falta de ideas propias, se ha dedicado a remakear a todos aquellos a quienes toma desprevenidos, porque sólo estando totalmente desprevenidos o siendo totalmente pendejos, los dueños de los derechos de tales películas han podido tener el atrevimiento de cederle, venderle o regalarle los derechos a tal topil que innecesariamente ha hecho estas copias tan malas y que debido a la total falta de un crítica medianamente inteligente, se ha dedicado a treparse a las primeras páginas de las revistas y periódicos que en este ignorante país, se dedican a hablar de espectáculos.


Tuve la inmensa suerte de tener como maestro al Señor Carlos Enrique Taboada, y no tengo la menor duda de que se ha de estar revolviendo en su tumba al ver la basura en que convirtieron una película -que sin muchas pretensiones de llegar a ello-, se había convertido en un clásico de terror mexicano. ¡Tiemblo de terror con sólo pensar en que a este güey asqueroso, mal llamado Director, se le ocurra remakear Veneno para las hadas! En ese mismo momento lo busco y lo pateo. Cuando menos...


La verdad no sé si Plutarco Haza y su ex mujer, la Paleta, sean o no, buenos actores, nunca veo telenovelas, pero el caso es que aquí, en el mamotreto que me ocupa, debieron ser tan mal dirigidos, que la verdad, dan ganas de vomitar. Y qué decir de la Sosa, que lleva todo el peso del mal llamado film, y que con una cara de eterno sufrimiento hace gala a su apellido y sólo logra ocasionarnos con su actuación, un terrible cólico miserere. De la niñita, ni hablar, no digo nada sólo por respeto a los peques, y porque le damos el beneficio de la duda con un director tan gacho y naco.


Respecto al alma máter, del tal Estrada, no sé si nunca debió haber entrado o nunca debió haber salido -digo, de la universidad-, pero deberíamos preguntar a la Universidad del Valle de México, cómo le hace para egresar de sus filas a profesionistas tan infinitamente deleznables ¡Qué vergüenza, qué sopor y qué bochorno!


En lo tocante a los patrocinadores, ¡En qué cochinadas tira usted su dinero, señor Slim! Despida inmediatamente a quien se atrevió a leer el guión y recomendar que se patrocinara tal porquería.
El mamotreto es tan pestilente, que al escribir éstas líneas aún tiemblo del coraje, de que por andar de alma caritativa y tratar de apoyar el cine mexica, haya yo pasado tan mal rato. Y les aclaro, yo y todos los que estábamos en la sala. La rechifla fue de antología, seguramente ya nadie se atreverá a entrar. Hubieran ustedes visto la cara de los que salían. De dar lástima.


Y para finalizar, topil Estrada, usted no es director, ni guionista, ni cineasta, ni nada que tenga que ver con el maravilloso Séptimo Arte, que debería inspirarle más respeto. Usted, lo único que merece es sentarse eternamente a mirar su misma película, por los siglos de los siglos, hasta que la mala memoria que dejó en todos, logre borrarse para siempre.

UNA PASIÓN SECRETA


A veces resulta desesperante mirar la cartelera cinematográfica. Las sinopsis no dicen mucho, es más, no dicen casi nada. El único referente es el director y en algunas ocasiones, los actores. En este caso, el haberme enterado de que Una pasión secreta, le valió el Oscar a Kate Winslet, fue el detonador para que inmediatamente me desviara del camino que llevaba en esos momentos y me decidiera a entrar a un cine. Y en la más completa ignorancia de lo que iba a ser representado en la pantalla, me senté en uno de los comodísimos sillones ergonómicos de una sala Cinemex y me dispuse a gozar de la historia, la dirección y las actuaciones, en ese riguroso orden.


Pasión. (Latín passio) Sufrimiento, serie de tormentos. Perturbación o afecto desordenado del ánimo: dejarse llevar por sus pasiones. Inclinación muy viva de una persona por otra: ella (él) es mi pasión. Deseo vehemente. Objeto de deseo.


A ese sentimiento yo simplemente le llamo: "el toque del ángel", y tanto puede ser el toque de un ser angélico benévolo, como cuando uno siente pasión por la literatura, la música, la pintura, la belleza, etc. y nos impulse a hacer muchas cosas, o nos haga sentir que las hacemos; o el toque de un ángel malévolo que nos cambie la existencia para siempre. Cuando hablamos de pasión, nos referimos a un sentimiento que no tiene límites, que no conoce la mesura, que salta todos los diques y que lo abarca TODO. Esta es la pasión amorosa por otra persona. La literatura está llena de estos ejemplos y siempre terminan en tragedia. Y aquí es muy importante decir, que nadie escribiría sobre amores anodinos e insípidos y que casi todas las historias que hemos leído, son sobre seres apasionados.


Una pasión secreta, es lo que nos dice el título: una pasión entre un chico de tan sólo 15 años y una mujer que se acerca a los 40. Michael y Anna son tocados por el ángel y no hay nada que puedan hacer para evitar sentir lo que sienten, lo que viven y lo que sufren, porque finalmente la pasión es un tremendo dolor, pero agridulce, soportable y definitivamente: evidiable, que casi siempre lleva consigo otros componentes: lo secreto y lo prohibido.


En el castigado Berlín de los años 50´s, todavía están muy recientes las heridas de la segunda guerra. Los ofendidos gritan pidiendo justicia y los ofensores tratan de comprender porqué fue que las cosas sucedieron, como sucedieron. Todavía no han construido el muro de la ignominia, así que los berlineses transitan libremente de un lugar a otro y tratan de llevar una vida normal en todos los sentidos.Todos quieren restañar sus propias heridas. En este marco, es que los dos protagonistas se conocen. Ninguno sabe nada del otro, simplemente porque esto no es necesario cuando se habla de una pasión. No hay preguntas ni curiosidad en ella, que no parece esperar ya nada de la vida, ni en él, que lo espera todo. Simplemente se aman sin cuestionarse nada. El chico no tiene ningún pasado, por supuesto; y la mujer ni siquiera tiene que ocultar el suyo, pues el chico nunca hace preguntas ni demuestra celos por un pasado en el que él ni siquiera existía aún. Lo que los une además de la pasión que comparten, es la literatura, que parece ser la única curiosidad que tiene ella. Una y otra vez, se reúnen para compartir historias, epopeyas y poemas. A veces invirtiendo el orden, primero la lectura y después el amor, otras, el amor y la pasión seguidas por un buen libro.


Un día, Anna desaparece sin dejar el menor rastro, dejando el plano real para pasar a formar parte del mundo onírico de Michael, que no concibe la existencia sin ella. El ángel lo ha tocado y él ni siquiera sospecha que éste toque es para siempre. La gran mayoría pasamos la vida deseando ser los protagonistas de una pasión sin límites, pero es claro que ni siquiera podemos imaginar a lo que nos llevaría esa pasión y que debemos tener cuidado con lo que pedimos, porque alguien nos puede conceder ese deseo. Otros, los más valientes y osados, piensan que no importa ni mucho ni poco el sufrimiento y que la vida sin una pasión no es digna de ser vivida; y se lanzan ciegos y enloquecidos a lo que seguramente será su fin, pero siempre será el fin que ellos persiguieron y no el que la vida se digne a otorgarles. Cuestión de libre albedrío.


La película es inconmensurablente bella, con esa rara belleza que tiene el sufrimiento sin límites, ese dolor que sentimos gozosos, porque es extraño, porque no se dá tan fácilmente, porque no lo encontramos muchas veces en toda nuestra existencia y porque...¿Porqué no decirlo? En ocasiones, sólo muy raras veces, nos gusta apurar el cáliz hasta el fondo, dejar que las lágrimas corran libremente por nuestro rostro y limpien nuestra alma, que los sollozos estremezcan nuestro cuerpo sin avergonzarnos por ello, que nuestra mente cuestione de una vez por todas y sin ambages ni hipocresía, toda nuestra triste y desolada vida. Una pasión secreta, deja de serlo cuando es compartida por todos los que tuvimos la buena idea de entrar a una oscura sala y sentir compasión, esto es: compartir la pasión con los protagonistas de esta historia sublime e inolvidable.


Película: Una pasión secreta ( The reader)
Director: Stephen Daldry
Actriz: Kate Winslet
Actor: Ralph Fiennes
Sala: La que tú elijas.
Espectador: Ojalá y todo el mundo

lunes, 13 de abril de 2009

BACKYARD - TRASPATIO



En este planeta hay muchos infiernos, pero sin duda, uno de los más espantosos es una ciudad del norte de la república llamado Ciudad Juárez. Hace muchos años anduve por allá y ya era feo, de hecho, nunca ha sido ni siquiera medianamente pasable, pero hoy sí que puede catalogarse como un infierno; y seguramente más violento, corrompido, contaminado y sucio, que el mismo infierno que inventó Dante.


¿Qué es lo que pasa por allá para que sea catalogado así? Hace unos días tuve la desgracia de entrar a un cine -por aquello de apoyar a las cintas nacionales-, y ver una película escrita por Sabina Berman y dirigida por Carlos Carrera, llamada Traspatio. Por supuesto que el sólo nombre nos remite al patio de atrás; de atrás de donde sea, puede ser de una casa, de una cantina, de una bodega, de un mercado, de cualquier edificio, de una morgue...en este caso, es el traspatio de un país: Los Estados Unidos de América, pero la película en cuestión sólo nos muestra que en al tal traspatio sólo echamos basura los propios mexicanos, por lo cual, el dichoso nombrecito sale sobrando, porque si la ciudad en cuestión está en el norte, ese debería ser nuestro jardín. Es lógico ¿No?


Me explico: en primer lugar, el guión es tendencioso y nos muestra que a las mujeres que matan por allá, las matan por putas, alocadas, mancornadoras y sinvergüenzas ¡Ni más, ni menos! Además, ni la escritora ni el director, tuvieron el valor de tomar al toro por los cuernos y mostrarle al espectador los antecedente de tal situación, sólo vemos cómo está, pero no porqué está así. ¿Qué factores influyeron para que ese lugar se convirtiera en la cloaca más pestilente de todas? y aquí llegaríamos al segundo lugar: hace cerca de 20 años, a un pendejo presidente se le ocurrió la peregrina idea de que los mexicanos deberíamos ser esclavos de quien tuviera el capital necesario para poner maquiladoras y recoger toneladas de billetes con la mano de obra más barata del mundo, claro, la gran tajada se la llevaban los políticos y la gran chinga los mexicanos. A razón de un dólar por hora, los pobres del sureste mexicano, se volcaron materialmente, tras el sueño de tener un sueldo seguro y no pasar más hambre ni arriesgarse al cruzar el río Bravo, para trabajar en los yunaites, como dicen ellos. De pronto, y en muy poco tiempo aquello se llenó de gente para la cual no existía la más mínima infraestructura, pero ¿a quién chingados le importaba? Que se acomoden donde puedan, el desierto es muy grande, además, que no nos digan que estaban acostumbrados a hoteles de cinco estrellas, cualquier puente puede servir de cobijo, cualquier hoyo de casa, cualquier agujero de hogar, dijeron los inefables políticos de nuestro más inefable país.
El tercer factor fue que junto con las maquiladoras y los esclavos, llegó la fauna más nociva del mundo: la humana. En Ciudad Juárez hay una cantina en cada esquina y veinte giros negros -que funcionan las 24 horas-, en cada manzana. Claro, con su respetiva mordida a las corruptísimas autoridades municipales y a la poli y ni quien diga nada.


Y con las drogas y el alcohol llegaron (o ya estaban allí), los más terribles, despiadados, chacales, pestilentes, enfermos, asquerosos, bestias, asesinos, violadores, cobardes, miedosos, eunucos mentales, impotentes e hijos de la putísima madre que los parió -iba a decir hombres, pero de eso nada-, sólo los animales bípedos más nocivos que estaban a la sombra, pero que con la llegada de carne fresca, salieron de sus guaridas y comenzaron a darse cuenta de que las mujeres eran el filón más grande de todos. O sea, trata de blancas, prostitución a la luz del día, y lo peor y más nefasto de todo: un mercado inmenso (Y ahora sí, aquí vienen los gloriosos E. U. con la población más degradada y pervertida del mundo), para películas pornográficas snuff, en donde la "protagonista" por fuerza tiene que morir. Y comenzaron a salir a cazar por los alrededores de las fábricas el material que necesitaban. Salen en grupos, como las hienas -y que no parezca un insulto a esos animales que sólo se alimentan de carroña-, no, éstos buscan carne y sangre fresca y van en grupos y armados porque son las bestias más cobardes del mundo.


¿Y las autoridades? Son todos hombres, o al menos, lo parecen. No les interesa en lo más mínimo lo que está ocurriendo, ellos nada más reciben su parte y a otra cosa, mariposa. Si a alguna mujer se le ocurre ir a investigar por su cuenta, la hostigan y amenazan hasta que logran amedrentarla y hacerla huír. Los medios están vendidos, muy bien comprados por los cárteles de la droga y la prostitución, la poli, también. ¡Oh! ¿Y ahora quién podrá defendernos? Y por muuuuy increíble que parezca, y en tiempos electorales, este pinche pueblo que no tiene la más mínima memoria, y que por no leer ni en defensa propia, es uno de los más ignorantes del mundo, se prepara para votar en julio, pensando que ahora sí, éste es el bueno, el que va a cambiar las cosas de una vez por todas. ¡Ay! Yo sólo ruego a los dioses, que el asteroide que viene acercándose a la Tierra, se impacte de lleno en este país y el mundo seguramente quedará mejor. Porque lo cierto es que dígase lo que se diga, ya no tenemos remedio.

viernes, 3 de abril de 2009

Eduardo Galeano



El pasado 9 de marzo, y con motivo del Día Internacional de la Mujer, asistí a nuestro glorioso Auditorio Nacional, invitada por un grupo de amigas a las que quiero mucho, mucho, ¡muchísimo!, porque se tiene que querer mucho a alguien para sentarse a sufrir por más de 8 horas seguidas, -excepto una sola ponencia-, el sinfín de tonterías que van a decir ese día las representantes más distinguidas de la mujer mexicana.(¡!) Entre ellas, Gaby Vargas, impecablemente vestida con un precioso modeo de Versace; hasta una pendeja cuyo nombre no recuerdo, (y que Alá tenga en su gloria) porque yo de ninguna manera, que un día vió un gusano en la banqueta y al cabo de varios días de pasar por ahí, se encontró una mariposa, eso la hizo pensar (?) que todas podíamos cambiar, y rauda y veloz se puso a escribir un libraco que ha tenido récords de ventas, ¡Háganme ustedes el favor! Y eso no fue todo, desde la llegada lo tratan a uno como si fuera ganado rumbo al matadero. Explico: las edecanes del auditorio, que más parecen prófugas del metate, -¡Atención, señora Directora, fíjese a quién contrata!-, revisan implacablemente nuestros bolsos para ver que no llevemos ninguna clase de cámaras por aquello del Copy right, ellas dicen: copi rai. Después,y ya dentro del recinto, lo sientan a uno a empujones en el asiento en que a ellas se les antoja, no en el que nos toca por el boleto que les mostramos y que ni siquiera ven. ¡Ah! y no se le ocurra querer apartar un lugar para su amiga que a última hora decidió ir al tocador, ¡No!, tendrá que quedarse parada, porque las fieras no permiten bajo ningún motivo que se aparte un asiento. Total, que uno sale de ahí sintiendo que han sido las 8 horas más miserables de nuestra vida. Y eso que se trata de festejarnos.


Pero, ¿Porqué estoy escribiendo ésto si voy a hablar de Eduardo Galeano? ¡Pues para que se note la enoooooorme diferencia!


Ayer asistí a Cultisur, el corazón cultural de nuestra admirada y querida Universidad Nacional, específicamente a la hermosísima Sala Nezahualcoyotl. La conferencia, en la que Eduardo Galeano ¡Que Alá sí tenga en su gloria por los siglos de los siglos! anunciaría el más reciente libro que tuvo a bien regalarnos para nuestro disfrute infinito: "Espejos". Cuando llegué eran las 3.30 p.m. y ya había una fila de más o menos ochocientas personas, la inmensa mayoría estudiantes, que perfectamente bien ordenados y estoicamente aguantadores bajo un sol abrazador, esperaban ansiosos la hora de entrar. No tuve más remedio que imitarlos, y pasé a formar parte de la cola, como decimos coloquialmente los mexicanos. Casi enseguida me percaté de que había dejado sus libros -los de Galeano-, en la cajuela de mi auto y ante la disyuntiva de regresar hasta el estacionamiento por alguno de ellos, o caminar sólo unos pasos a la librería Julio Torri, que estaba frente a mí, decidí por lo segundo y compré dos. Armada con ellos, regresé a la cola resignada a esperar dos horas y media de pié y bajo un sol tan radiante como seguramente brillaría el primer día de la creación, pero sabedora de que leyéndolos, las horas se tornarían en minutos.


Ahí no había fieras edecanes, no había guardias de seguridad, nadie nos trató como si fuésemos ganado, simplemente porque no hacía ninguna falta, Eduardo Galeano, sólo inspira amor y respeto. ¡Y lo mejor de todo! nadie revisó nuestros bolsos o mochilas ni nos quitó los celulales o las cámaras; todos los asistentes le tomaron las fotografías que quisieron sin límite de tiempo ni cantidad, ni calidad; grabaron la plática e incluso subieron al estrado para abrazarlo y besarlo, y el SEÑOR, como si nada, feliz y contento, y todos los que tuvimos la inmensa suerte de asistir y escucharlo, ídem. Lo mejor de todo, fue que me enteré que el SEÑOR, pidió que se nos dejase entrar una hora antes a la sala porque pensó que debíamos estar muy cansados. Repito: ¡Que Alá lo tenga en su gloria!


Galeano habló de muchas cosas, porque son muchísimas cosas las que llenan su mente. Habló de Los Nadies, de todos nosotros, de los que nadie sabe nada, a los que nadie conoce. De nuestras luchas, nuestros anhelos, nuestras pequeñas dichas y nuestro sempiterno sufrimiento. También habló de los terribles crímenes de los grandes, los que sí son alguien, los explotadores, los políticos, los reyes y las reinas traficantes de drogas, como la reina Victoria de Inglaterra. Habló de amor, de la muerte, del dolor de vivir, de la inmensidad de Lorca y del silencio de Rulfo, nos habló de las mujeres, de la infamia que hemos sufrido a lo largo de milenios y de la lenta reivindicación a la que apenas estamos llegando. Nos habló del Holocausto de Paraguay, del que poco sabemos, porque el otro, ha sido tan nombrado que oculta a TODOS los holocaustos, incluso a algunos más grandes e infames; nos convocó a leer, a enterarnos de lo que pasa y ha pasado en el mundo antes de nuestra llegada.


Eduardo Galeano habla lento y pausado, con una voz tan dulce que acaricia nuestro corazón, sus manos se mueven independientemente de sus palabras, mientras en ellas sostiene unas pocas cuartillas, las que según él, eran unos cuentos que nos iba a leer, pero sus ojos azules y calmados como el agua de un lago en el cráter de un volcán apagado, jamás se posaron en esas cuartillas, Galeano sabe lo que dice, lo sabe de memoria y tiene la completa seguridad de que dice la verdad, no tiene que recurir a la lectura para hacernos vibrar o para recordar algún hecho histórico o algún poema. Me dió la impresión de que Galeano lo sabe todo.


Quiero terminar diciéndoles que en la vida existen poco momentos en los que sentimos que somos parte de la Divinidad, ayer por la tarde, yo lo sentí. Lo sentí con una claridad tan diáfana y estremecedora que me dió miedo. Y como para muestra sólo es necesario un botón, ahí les dejo ésto de su autoría.


La noche
Me desprendo del abrazo, salgo a la calle.
En el cielo, ya clareando, se dibuja, finita, la luna.
La luna tiene dos noches de edad.
Yo, una.

sábado, 28 de marzo de 2009

Cuenta regresiva...



Diez, nueve, ocho, siete ...la cuenta hacia atrás ya es muy corta, le queda (ojalá y así sea) muy poco tiempo de vida. Y me refiero a la vida de ese presidentillo mesiánico de los terribles 70s de este cada vez más loco, y desmemoriado país.


Y con cada segundo que pasa, se va acabando la oportunidad de oro que tiene usted, señor presidente Calderón, para demostrar a este pueblo, que ni siquiera le va a agradecer, porque es un pueblo ingrato, que usted sí va a hacer justicia y a demostrar que no hay impunidad en México, por que es su deber, y no importa si alguien lo agradece o no. Una sola cabeza señor, una cabeza importante que caiga, para que su guerra contra el narco gane muchos puntos, y los criminales sepan que esta vez sí va en serio. Mientras todos los mexicanos sigamos pensando que la justicia es para quien pueda pagarla y que podemos hacer de todo impunemente, la violencia crecerá, crecerá y crecerá hasta estallarnos en la cara a todos. Sólo que no todos, digamos que casi nadie, podemos hacer que la confianza renazca, -si es que algún día la tuvimos-, que el orden cósmico se restablezca, que volvamos a creer que vale la pena vivir con dignidad. Que no necesitará usted de todo un ejército para perseguir a unos cuantos criminales, sino que todos los mexicanos estemos conscientes de que si un expresidente paga por fin sus crímenes, a nadie le va a ser tan fácil transgredir la Ley y seguir gozando la vida y la libertad como si fuera un héroe y no un simple criminal. Es sólo sumar 2+2, ¿Le parece muy difícil de entender? ¡Haga la prueba! Las escaleras nunca se han barrido de abajo para arriba, sabe usted que es imposible, tendrá que tomar la escoba y comenzar con una sola, vieja y criminal cabeza, una sola...para que las demás huyan a los más profundos agujeros de donde nunca debieron haber salido y todos recobremos la paz.


¿A qué clase de imbécil, retrasado mental y malparido se le ocurrió acusar a esa rata, a quien ni siquiera me atrevo a nombrar, porque quedaría inmunda por mucho tiempo, repito, a qué clase de pendejo bastardo, se le ocurriría acusar de GENOCIDIO, a la bestia de Tlatelolco? ¿Porqué no consultó al Larousse antes de estructurar la acusación? El diccionario nos dice claramente, Genocidio: Extermio sistemático de un grupo étnico, racial o religioso.


Asesino y nada más que asesino, baste y sobre este cargo, para llevarlo a los tribunales por abuso de poder, por atentar contra los más elementales derechos humanos, por enviar al ejército -que hasta esos momentos era querido y respetado por el pueblo-, a matar estudiantes, por amedrentar hasta la obscenidad a todo un pueblo que desde entonces se orina en los pantalones de puritito miedo, por volver a los padres contra los hijos, por enfrentar a mexicanos contra mexicanos, por asesinar los ideales, por dejar a este país sumido en la más grande de las oscuridades. Por refundirnos hasta el fondo del Tercer Mundo.


¡Cierto que el gobierno del más horrible ente que ha gobernado este país -léase Díaz Ordaz-, fue sistemáticamente corrupto, violento, autoritario, ladrón, desvergonzado y asesino! Recordemos el saqueo al Museo del Castillo de Chapultepec, para regalar lo que pudo a su puta en turno, entre miles de cargos que podríamos hacerle, pero aún así, está a años luz de haber sido sistemático en exterminar a nadie, nunca tuvo los tamaños. Lo que me deja la terrible sospecha de que aún los acusantes en este caso, estuvieron coludidos para que la demanda no progresara y se le exonerara finalmente de TODOS los cargos que debieron haber seguido un curso normal para que esa rata y sus secuaces -léase Echeverría-, pagaran con la cárcel perpetua sus crímenes.

Yo también estoy en cuenta regresiva, señor presidente. A mí también se me está acabando el tiempo. Varios de mis amigos y compañeros de la infancia murieron esa noche en Tlatelolco. Jóvenes que tenían aún muchas cosas que hacer, vidas que se quedaron truncas, sueños que no se realizaron...mucho dolor que no ha prescrito, que no debe prescribir, que sigue ahí como si esos desgraciados hechos hubieran sucedido ayer.


Y todos estos jóvenes, señor presidente, no nacieron de coles ni por obra y gracia del espíritu santo, ¡No! Todos tenían padres, hermanos, abuelos, primos, amigos...y algunos todavía estamos vivos y esperando. Y no estamos tan dispuestos a seguir haciéndolo porque los corruptos jueces se nieguen a impartir justicia por cuestiones de semántica, ¿Masacre o Genocidio? ¿A mí que chingados me importa! Los muertos siempre han sido reales. Y cabezas hay muchas, tiene usted de dónde escoger, a todos los mexicanos nos gustaría ver, antes de morir, que siquiera alguna vez un presidente se fajó los pantalones y metió en cintura, en este caso, en la cárcel a quien sigue refregándonos en el rostro que lo que se debe hacer en este país, es cometer grandes delitos, porque son sólo los pequeños los que reciben castigo ¿Porqué será?

lunes, 16 de febrero de 2009

¡Malditos griegos!



¿Amar a los griegos en estos tiempos violentos? ¡A quién se le ocurre!


Orestes atraviesa el pecho de su madre para vengar el asesinato de su padre, Edipo pincha sus ojos con el broche de la túnica de su madre Yocasta, porque la había conocido como hombre, Medea mata a sus hijos para castigar a su esposo infiel, aunque este haya sido un gran héroe, Ayax se suicida al darse cuenta del ridículo que había hecho por la locura a que lo indujeron los dioses por su soberbia, Antígona se convierte en lazarillo de su padre ciego, por amor y por deber...Ninguno de ellos dudó ni siquiera por un momento acerca de lo que debería hacer. Tenían que hacerlo y punto.


El mundo en el siglo XXI, es muy diferente. Dos mil quinientos años después de escritas estas obras magníficas, sólo sirven para estudiarse como documentos milenarios de una cultura grandiosa que lo pensó todo, que lo dijo todo, que trabajó en la construcción de un espíritu humano destinado a conquistar las estrellas, que construyó el edificio que alberga lo mejor que hemos hecho y que, aún después de tanto tiempo y en contra de todo y de todos, se niega a desaparecer.


Pero, conocer, comprender y amar a los griegos en el año 2009 ¿nos hace más felices? Quizá diferentes a la gran mayoría, pero no felices. Ni era éso lo que ellos buscaban. En principio sólo querían entender porqué estábamos aquí, porqué pensábamos, porqué éramos diferentes a todos los seres vivos, y después, qué era lo que teníamos que hacer con esa diferencia. Querían llegar al lugar en dónde habita el alma humana, a esa parte incognocible y remota que sólo unos cuantos llegan a vislumbrar y que, por supuesto, no viven para contarlo a otros. Se llevan el secreto a regiones prohibidas en donde sólo los que han sentido alguna vez el vacío total, la insoportable levedad del ser, pueden llegar.


Vivimos en una época grosera y vulgar que ha perdido el rumbo de la existencia porque perdió la imaginación para crear algún rumbo que seguir. No viajamos a bordo del Argos, ni nos ocupa ninguna misión que cambiará el rumbo del mundo. Sólo nos sentamos frente a la mesa de algún café a mirar pasar la vida. No nos quita el sueño, haber dejado nuestros sueños en la orilla de una banqueta, en una acera de cemento, al borde de una alcantarilla o aplastado bajo las ruedas de muchos autos en el periférico. Todo nos dá lo mismo; sólo queremos vivir el momento, pero, por principio ¿estamos vivos? ¿Esto que llamamos vida, es todo lo que tenemos? ¿No podemos aspirar a más?


Nos aferramos con unas fuerzas dignas de mejor causa a esta existencia estéril y estúpida, fea y chata, cuadrada y obtusa, sólo porque nadie nos ha dicho que existe otra. Estamos dispuestos a aceptar cualquier cosa con tal de no sentir que estamos solos, a pasar sobre nosotros mismos, a creer a cualquier profeta apocalíptico y loco que nos diga lo que queremos escuchar, aunque sepamos de antemano que nos miente. Estamos dispuestos a perdonar cualquier cosa o situación, o debilidad humana, porque sabemos que muy pronto nosotros también necesitaremos del perdón de alguien, porque sabemos que en cualquier momento podemos caer, tenemos la certeza -aunque muchas veces incosciente-, de que somos sólo lodo y buscamos el lodo para revolcarnos en él. Queremos seguir viviendo aunque intuimos de alguna manera que estamos muertos.


¿Porqué nos sentimos hartos, ahítos de todo si ni siquiera hemos sido invitados a ningún banquete? Esperar a que alguien, en pleno siglo XXI entienda el porqué amamos tanto a los griegos, el porqué intentamos seguir sus pasos, y el porqué los que nos rodean piensan que estamos locos, es algo que que no tiene sentido. Quizá la única salida, si es que lo es o hay alguna, sea una ascéptica celda de un hospital psiquiátrico.

sábado, 10 de enero de 2009

Al comenzar el año...


"Quiero encontrar una canción que te haga daño"...Así dice una canción que no sé ni me importa quién canta. Tampoco quiero hacer daño a nadie, ni que me lo hagan a mí. ¿Queda claro? Sólo quiero reflexionar sobre el fatídico final del año que acaba de terminar. No creo en ciclos ni fechas, nunca he pensado en que la frase "año nuevo, vida nueva", tenga algún sentido. Seguimos siendo los mismos, seguimos cometiendo los mismos errores y sólo espero, no sigamos con la misma gente.


Explico: El fin del año lo pasé en el norte del país. Ese norte tan cacaraqueado, tan pujante y tan trabajador que presume que sostiene al resto del país debido a la influencia bienhechora de los Estados Unidos. Específicamente, Torreón Coahuila, Gómez Palacio y Ciudad Lerdo Durango, toda esa zona, más conocida como La Laguna. En cuanto llegamos, los parientes del norte se esmeraron en llevarnos a conocer "lo nuevo"; nuevos Centros Comerciales con las mismas tiendas del Distrito Federal, nuevos restaurantes en donde se reúnen los nuevos "capos" de los diversos cárteles que se disputan el poder a sangre y fuego; nuevos y lujosos fraccionamientos en donde los mismos "capos" se construyen majestuosas residencias rodeadas de guaruras, nuevos e inmensos Cristos en lo alto de los cerros pelones que desde lo alto miran inmutables todo el desastre. Hay algunas cosas nuevas, muy pocas. Todo lo demás, es un inmenso, terrorífico, peligroso y abandonado, pueblo fantasma.


El Centro de la ciudad de Torreón, antes pletórico de comercios en los que se daban cita los lugareños, con su hermoso Casino hoy abandonado, sus hoteles, en donde podíamos ver huéspedes ilustres, como un Kirk Douglas, John Wayne y otros actores que iban a filmar películas en un pueblo construido exprofeso en el desierto, hoy están dejados de la mano de Dios y en las manos de la polilla. Museos que nadie visita, cines quemados, plazas sucias y llenas de puestitos de fritangas, mercados solitarios...Todo se ha ido a los alrededores y son trasnacionales, los laguneros rara vez visitan su Centro Histórico ni saben nada de su pasado, lo peor, no les interesa. Hoy, sólo vemos las cadenas Hollyday Inn, Western, Caminos Reales, etc, todas las ganacias se van de la zona y sólo se utiliza la mano de obra barata.


Yo tengo buena memoria, y puedo recordar sin ningún esfuerzo a La Laguna de hace treinta años: Un lugar verde y lleno de vida. Todavía llegaban gaviotas en busca del agua que otrora llenaba todo el lugar, de ahí su nombre. Todo el campo aledaño a las tres ciudades estaba sembrado de vides y algodón; en la zona industrial estaban las despepitadoras, que ahora los lugareños ni siquiera imaginan para qué servían, sólo las ven enmohecerse bajo el sol inclemente de todos los días. Las bodegas del Vergel eran visitadas como un atractivo turístico, y en ellas se llevaban a cabo las bodas y fiestas más rimbombantes de La Laguna. En ese entonces todavía era incipiente la industria lechera que ahora es lo único que le da vida: LALA, Chilchota, Bachoco y anexas comenzaban apenas a ser lo que ahora son. Se exportaba algodón y vinos a diversas partes del mundo y la Feria del Algodón y de la Uva era una deleite para propios y extraños.


Hoy, los campos agrícolas están ocupados por miles y miles de naves industriales en donde se maquila de todo. Desde prendas de mezclilla que derrochan la poca agua de la zona, hasta partes para computadoras. Algún presidente vio eso como la salvación para una parte del país que vivía tranquila con lo que tenía. Con sueldos de hambre, cada vez más bajos, puesto que hay que competir de alguna manera con los chinos, los obreros trabajan en la maquila una tarea enajenante durante más de ocho horas diarias sin ver el sol y sin sentir el aire fresco. Cobran su raquítico salario y lo derrochan en alcohol para olvidar su triste realidad. Los campos ahora se siembran con el forraje que alimenta al ganado y la leche, los quesos y la carne que éste produce, nunca llega a las mesas de la mayoría de los habitantes de la antes gloriosa Laguna.
"La laguna tiene dinero, la Laguna tiene algodón, y por eso, los laguneros somos puritito corazón", así cantaban orgullosos los habitantes hace más de treinta años. Hoy, los hijos y nietos de ellos, corren varias veces en el día, para esconderse de una bala perdida. Las camionetas de la AFI y la PFP, recorren sus calles día y noche y al grito de sálvese el que pueda, los laguneros viven entre el terror a los narcos, el miedo a la policía y el hambre que los cerca cada vez más, siempre por otra crisis más terrible que la anterior.


Yo no nací ahí, no soy de ese lugar triste y abandonado del país. Sólo digo lo que era y lo que es. Reclamo con furia al presidentillo que tuvo la brillante idea de cambiar las cosas. No creo en la buenas intenciones. Sé que en éste país nunca ha existido la planeación ni el desarrollo sustentable, pero, ¡Por Dios y su Santa Madre! Pudo, puede y seguirá habiendo presidentes estúpidos, pero siempre serán sólo uno. ¿Y nosotros? ¿Porqué hemos dejado y desgraciadamente seguiremos dejando que esto pase? Es la reflexión de principios de año, sólo eso. Requiescat in pace, querida Laguna.

lunes, 3 de noviembre de 2008

Mictlantecutli


El señor de los muertos, el amo de la oscuridad, el señor de las profundidades, se enseñoreó de la explanada que llamamos erróneamente Zócalo de la ciudad de México. Su figura de cartón piedra de más de diez metros de altura, miraba con sus ojos huecos e insondables hacia la avenida 20 de noviembre. Otros miles de ojos miraban hacia él sin entender nada. Ojos tan vacíos como los de la figura se detenían a tomar fotografías de la impasible deidad que quizá sólo causaba curiosidad, pero nunca espanto.


Día de muertos en México, Pero, ¿quiénes eran los muertos? ¿Las deidades eternas o los que llenaban la plaza? Vestidos todos según la usanza del Hallowen, la gran fiesta de difuntos se convirtió en una romería en donde había de todo: desde punks aztecas, hasta perros disfrazados de calabazas, pasando por catrinas, calaveras, vampiros y brujas de todas las edades. El Juego de Pelota, sonorizado con música prehispánica llenaba el contorno con música de atabales y teponaztlis mientras en otro rincón del Zócalo se escuchaba rock metálico y estridente. En fin, un sincretismo caótico a la vista y los oídos de los que que estuvimos presentes llevados por la expectación y las ganas de que "ahora sí, haber si nos hacemos más mexicanos".


Un dato curioso: hace 487 años cayó estrepitosamente la Gran Tenochtitlan, en 1521, si sumamos las cantidades, dan la cifra de 2008, el año en que vivimos...¿Tendrá algún significado? Este año ha sido el de la violencia exacerbada, el de la crisis económica nunca vista, el de los descabezados, el de los secuestros, el de la tan esperada reforma de Petróleos, el de la impunidad y la desvergüenza, el de toda la maldad de la que es capaz el ser que se dice humano.


Imaginemos la gran plaza hace 486 años: un cielo diáfano y repleto de estrellas, un aire limpio y respirable, unos braceros llenos de carbón de leña y resina de copal, los tlamacazquis se atarean alrededor del Gran Templo y el musical sonido del agua de la laguna golpea rítmicamente en las orillas de la hermosísima pero ya violada ciudad.


Ya no hay paz, pero sí júbilo. Hace poco tiempo, los guerreros aztecas han ganado una gran batalla, la más grande de todas las batallas en toda su historia. Han vencido a los extranjeros que habían tomado por dioses y los han hecho huír por la gran calzada de Tacuba. Los más de ellos, han perecido ahogados en los canales por el peso del oro que llevaban en sus alforjas, otros han huído despavoridos siguiendo a su jefe, que poco después se sentaría a llorar bajo un árbol su derrota. En la ciudad se han cremado a los muertos, se ha llorado por los desaparecidos, se ha orado a los dioses para agradecer la victoria. Se curan las heridas.


No imaginan que muy cerca de ellos, los vencidos construyen barcos, reparan armas y se preparan para la victoria definitiva, que esta vez, no acompañará a los tenochcas. Los dioses se han retirado más no han muerto, porque son eternos. Ya no estarán más en los kús sagrados, no recibirán los corazones palpitantes de los guerreros, ni se deleitarán con el suave aroma del copal; el ciclo ha terminado, el tiempo se acabó, los años se ataron. Se han ido, pero no para siempre, han prometido regresar cuando el águila real vuelva a volar sobre el Gran Valle del Anáhuac.


Muy lejos de estos hechos el Zócalo de ayer no es el mismo que el de hoy. No lo queremos ni lo pretendemos, pero indudablemente lo añoramos. No podemos cambiar los hechos, pero sí pedimos un poco de respeto para los caídos, porque no fueron pequeños en nada, fueron grandes caídos y fueron vencidos con honor, ante un enemigo que los sobrepasaba en fuerza pero nunca en valentía.


Caminaba de regreso por las desiertas y oscuras calles cercanas al Centro cuando un viento helado comenzó a soplar con fuerza, mis manos cerraron los botones de mi abrigo, mientras limpiaba las ardientes lágrimas que por cusa de la añoranza salían de mis ojos. A lo lejos aún podía escuchar la música de los tambores. Iba sola, nadie caminaba a mi lado ni seguía mis pasos, de pronto, doblando una esquina, me topé de lleno con una sombra oscura que tomándome sorpresivamente de las manos, me dijo una sola palabra y desapareció enmedio de la tenebrosa Nada. La palabra fue: Tlahuelompa. No hablo náhuatl, no entendí. Llegando a casa llamé a un amigo para que me dijera el significado: lejos, muy lejos.