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lunes, 30 de mayo de 2011

Remedios y Leonora NUNCA fueron mexicanas...























Hace unos pocos días, falleció a los noventa y cuatro años, Leonora Carrington; y en octubre de mil novecientos sesenta y tres, la antecedió Remedios Varo, quien falleció a los ochenta y cinco años; y en estos pocos días he visto quemar tanto incienso en su honor, tantos lloros, tanto decir; "Yo la conocí, respiré el mismo aire que ella", que como siempre, quiero ser una voz que clama en el desierto, estoy sola, no pienso igual que la mayoría, y doy mis razones, si están o no de acuerdo con ellas, seguiremos tan amigos como siempre. Desde niña, me impresionó el surrealismo y sus principales exponentes, hombres y mujeres; todos nos mostraban un mundo diferente a lo que llamamos realidad; en el caso femenino, un mundo mágico -muy feminista-, no se puede negar, en donde es posible subir escaleras que no nos lleven a ningún lado, abrir ventanas a un mundo paralelo asombroso e inquietante, y entrar en sueños ajenos que nos estremecen y nos dejan estáticos. En el de los hombres, una "realidad distorsionada", que nos obliga a pensar que quizá el mundo que creemos tan seguro, es sólo una apariencia engañosa y totalmente falsa creada por nuestra mente ¿Qué es en realidad lo real? -me preguntaba-, y confieso que tuvieron que pasar muchos años, para que comprendiera que el surrealismo es una manera de recrear la realidad, por encima de lo que captamos con nuestros sentidos.

El motivo que me impulsa a escribir, no es hablar de esta corriente artística que en un principio sale a la luz con la idea de ser natural, no racional o elaborada en la mente. Puede ser que así haya sido en el principio, pero muy pronto, comenzamos a darnos cuenta de que en cada cuadro o escultura de estas dos artistas, hay una idea preconcebida, planeada, calculada, pensada una y otra vez para asombrar al espectador desprevenido. Desgraciadamente, es lo que a estas alturas del partido y después de mucho estudiarlo, ha llegado a cansarme y francamente, a provocarme mucha hueva.


Las dos pintoras que nombro al comienzo de este texto, llegaron a México hace muchísimos años, pero NUNCA se asumieron como mexicanas. El mundo del Arte es feroz, cruel, despiadado y profundamente masculino, si revisamos cuidadosamente sus biografías, nos daremos cuenta perfectamente que estuvieron ligadas sentimentalmente, a figuras muy famosas en el mundo artístico, situación que a todas luces, las catapultó también a la fama, de forma simultánea, ¿hubiese sido así de no tener una figura masculina e importante a su lado? es triste decirlo, pero a las pruebas me remito. Las dos vivieron en México, fueron homenajeadas en México, comieron de México más de la mitad de su vida (setenta años en el caso de Leonora), pero ni su arte, ni su vida, nos pertenecieron, en el caso de la Carrington, ni siquiera quiso hablar nuestro idioma como una lengua suya, sino que, con la más absoluta indiferencia al país que la cobijó y le dio todo -más de dos terceras partes de su existencia-, siguió hablando inglés hasta su muerte. Y aquí es necesario aclarar que como figura pública, y sabiendo que tenía sobre ella la mirada escrutadora de mucha gente, oficialmente, y para el vulgo, fue una luchadora social, feminista defensora de las mujeres indígenas y admiradora indiscutible de México. A mi, todo ésto me molesta sobremanera, rechazo profundamente el que cualquier extranjero llegue a México y se recluya voluntariamente en un gheto, del cual salga sólo a ser entrevistado u homenajeado, cosa que a mis compatriotas les resulta muy fácil hacer con los que no son suyos, mientras mucho talento del país es ignorado olímpicamente por las autoridades de Instituciones que deberían tomar en cuenta el talento, simple y sencillamente ¡el talento!, que no debrían tener en cuenta el origen o el color de la piel del artista, ni de qué país provienen, ya es hora de dejar de pensar que sólo los extrajeros tienen talento, y no favorecer a los que demuestran un total desprecio a la nación que les abrió los brazos sin restricciones, y si a Carrington estuvo casada con un mexicano (Renato Leduc), fue nada más para huir de la persecusión nazi, que de otra manera y por desgracia, la hubiera alcanzado irremisiblemente.


El caso de la española Remedios Varo no fue muy diferente, también vivió alejada -de los mexicanos-, y solo reuniéndose con sus compatriotas en el exilio. En este punto, habrá voces que me digan chauvinista, NO LO SOY, solo vienen a mi mente una miríada de artistas latinos que han viajado a Europa y han regresado a su patria porque allá por aquellos lares, no tenían siquiera un mendrugo de pan duro que llevarse a la boca, aunque fueran poseedores de un inmenso talento, como Cortázar, por ejemplo, ENTRE INFINIDAD DE OTROS Y HOY, COMO AYER.

Hay quien dice -erróneamente, según yo-, que no debe hacerse un TODO, de la obra y la vida de un artista, pero en este caso más que en ningún otro, dado que según ésto, el surrealismo, es un arte que nace del subconciente, y el subconciente forma parte de nosotros, la obra y la vida de Remedios y de Leonora, deben verse indisolublemente UNIDOS, de otra manera, no serían surrealistas; y éstas dos artistas, en su pensar conciente, se construyeron una imagen, se hicieron, se inventaron una leyenda, encarnaron una mentira. Por este motivo, no rasgo mis vestiduras porque dejó de existir una artista mexicana, deploro sí, la muerte de una artista que aunque nunca haya sido de mis preferidas, reconozco su creatividad y su entrega al arte, ése no es el punto; más bien, siento una inmensa tristeza de que en tantos años aun no hayamos aprendido la lección de que si hubiésemos sido alguno de nosotros quien tratara de abrirse paso en cualquier país de Europa, nos moriríamos de hambre esperando. Y no se trata de devaluar la obra de nadie, ni de fomentar la xenofobia -de cualquier manera nunca podría hacerlo en un país en donde la honra personal, se siente y seguirá sintiendo, en servir al extranjero, a todo lo extranjero. Se trata de poner los puntos sobre las íes y hacer notar que el eterno fantasma de La Malinche, se niega a abandonarnos. Inlcuso, después de muerta Leonora y siendo ¡tan mexicana! como repiten sus incondicionales, sólo los más allegados pudieron entrar al Cementerio Inglés de esta ciudad. ¡Voto por que sus restos, los de las dos, sigan siendo venerados por quien quiera hacerlo, se les siga quemando copal y hasta elevando oraciones (este es un país libre, a pesar de los eternos agoreros del desastre), pero pido a NUESTROS dioses que no sean traslados NUNCA a la Rotonda de los Hombres y Mujeres Ilustres verdaderamente Mexicanos.