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sábado, 17 de octubre de 2009

CARTAS MEXICANAS


"No compongo dedicatoria, ni imploro amparo para este libro, que si es bueno, ya lo leerán, y si malo, no me curo de que lo lean"
Montesquieu


Releí por quinquagésima vez las tan ilustres, inteligentes, sorprendentes y esclarecedoras Cartas Persas de este gran hombre y me vino a la cabeza que este genio se adelantó con mucho a la asquerosa etapa que estamos viviendo en este país. Sólo que aquí, en este tiempo en que me va a tocar morir, -por que no siento que esté viviendo-, ya no es posibe que exista una comunicación epistolar de la misma altura entre dos mexicanos: uno aquí y el otro en cuaquier parte del mundo, dado que ya en todas partes la cosa es igual y no caben diferencias entre uno y otro troglodita, entre uno y otro país, entre una y otra religión, entre uno y cualquier otro ser que habite en este planeta.
Hemos llegado a un punto en el que sólo es posibe un cambio, si la humanidad entera es, -ó fuera-, sometida a un apocalipsis (revelación) que cimbrara de una sola vez todas las mentes, las almas y los espíritus, y produjera con ello un cambio tan radical como volver a empezar desde un absoluto y aterrorizante CERO.

Aquí, una cita de la carta XXVI del libro al que hago referencia, y estamos hablando del siglo XVIII en Francia, ¡En pleno Siglo de las Luces!

"Las leyes de Europa son terribles contra los que intentan darse la muerte a sí mismos: les quitan, por decirlo así, por segunda vez la vida, los arrastran con ignominia por las calles, los declaran locos, infames y cobardes y les confiscan sus bienes. Paréceme que estas leyes son injustas ¿Cuando vivo abrumado de dolor, de miseria y de afrentas, porqué me quieren estorbar que dé fin a mis pesares y me privan con inhumanidad de un remedio que está en mis manos?

¿Porqué quieren que me afane yo en beneficio de una sociedad que he resuelto abandonar y que cumpla condiciones de un convenio que no he pactado? La sociedad se funda -o debería fundarse-, en la utilidad recíproca; pero cuando se me hace gravosa, ¿quién me quita que renuncie a ella? La vida se me ha concedido como un beneficio, luego la puedo abandonar cuando deja de serlo; que cesando la causa, también debe cesar el efecto. ¿Me quieren condenar a que admita gracias que me apenen? ¿Pueden exigir mis cercanos la inocua permuta de la tranquilidad suya con mi desesperación propia? Tengo la obligación de cumplir con las leyes, mientras vivo bajo las leyes; pero, cuando ya no vivo, ¿cómo me pueden obligar?"

Este párrafo, que en modo alguno es pesimista, como diría cualquier pendejo del Club de los Optimistas, es de una claridad diáfana como el aire de una mañana en lo alto del Tíbet. Y vino a mi mente por las barrabasadas que toda esta semana escuché en todos los noticieros de TV y de radio de este deleznable país que ya me va pesando tanto.

He vivido ya muchos años de mi esfuerzo y mi trabajo, NUNCA he pedido nada a ningún gobierno ni a nadie, ni muertos ni vivos tengo por acreedores, cuando he debido, he pagado lo justo, ni más ni menos; no me han otorgado ningún beneficio, no poseo ningún seguro, ni de salud ni de vida; ningún crédito del gobierno me ha beneficiado; habito bajo un techo que pago religiosamente sin retraso de ningún día; jamás me he colgado de ningún cable de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro; no he tirado el agua para lavar las banquetas; que yo recuerde -y tengo una excelente memoria-, nunca he arrojado una basura, por mínima que ésta sea, en la calle, en un río o el mar, en un bosque o desierto. Cuando tuve edad para tener hijos, sólo tuve dos, conciente de que ya somos muchos en este mundo. Y no los parí, porque eso es lo que hacen los animales, los dí a luz, les dí luz, los eduqué y los alimenté con cutura para que pudieran hacer algo por este país cuando crecieran, si alguno se perdió en el camino, no es responsabilidad mía.

Entonces, ¿porqué se me pide algo que no se me ha dado? me refiero a la cantinela lastimosa del presidente que hoy gobierna nuestros destinos, nos guste o no. ¿Estoy obligada a dar a otros irresponsables, que se han reproducido como hongos maléficos sólo "porque son pobres"? ¿Acaso soy yo la culpable de su miseria? Ningún presidente de ningún país, del pasado o del futuro, debería tener la desvergüenza de pedirnos que saquemos un buey de la barranca, cuando ha sido él y sus antecesores quienes lo metieron en ella. ¿En dónde está todo el dinero que debería haber llegado a nuestras arcas debido al precio del petróeo, durante todo el sexenio del Zorro y la Zorra, de tan nefasta memoria? ¿Porqué se le dan cantidades exhorbitantes a los espantosos y corruptos hasta la médula, partidos políticos para que vivan como rajás, cuando sólo hace una pocas generaciones vivían en cuevas o jacales? ¿Porqué tenemos que sostener un Congreso tan despreciable que por supuesto, nunca ha visto ni verá por nosotros? ¿Porqué la Suprema Corte cobra los sueldos que cobra y nunca imparte Justicia? ¿Porqué los empleadillos del IFE gastan miles y miles de pesos en una comida mientras hay más de cincuenta millones de pobres que no comen una soa vez a día? ¿Porqué los del sindicato de Luz y Fuerza se construyeron una cancha para basquetbol con madera traída especialmente de China y con un costo de más de cien millones? ¿Porqué la corrupta gobernadora de Yucatán regaló a todos sus diPUTAdillos una camioneta Ford último modelo, y yo no puedo cambiar el mío? ¿Porqué la PUTA líder de los maestros regala Hummers a diestra y siniestra mientras los estudiantes van a la escuela con el estómago vacío? ¿Porqué no hay nadie en la cárcel por tantos crímenes cometidos? ¿Porqué hay muchos como yo, que no habiendo firmado nunca ningún contrato de ayuda para otros, dado que no la hemos pedido nunca para nosotros, nos vemos obligados a darles a ellos más de lo que humanamente podemos?

No le extrañe a nadie que dentro de muy poco, no se den a basto los médicos forenses del SEMEFO para recoger los cadáveres en las estaciones del Metro, bajo los puentes, colgados en los quicios de sus puertas o destrozados en una banqueta. Que siempre será mejor morir con dignidad que vivir como estamos viviendo. Al menos sentiremos en el último momento, que con nosotros ya no contarán para seguir participando en este juego macabro que no nos llevará a ningún lado, al menos, no a los que no estamos en el Sistema.

Y ni modo, pero así pensamos, y ya somos muchos, los pocos que aún tenemos algo de dignidad.