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sábado, 28 de marzo de 2009

Cuenta regresiva...



Diez, nueve, ocho, siete ...la cuenta hacia atrás ya es muy corta, le queda (ojalá y así sea) muy poco tiempo de vida. Y me refiero a la vida de ese presidentillo mesiánico de los terribles 70s de este cada vez más loco, y desmemoriado país.


Y con cada segundo que pasa, se va acabando la oportunidad de oro que tiene usted, señor presidente Calderón, para demostrar a este pueblo, que ni siquiera le va a agradecer, porque es un pueblo ingrato, que usted sí va a hacer justicia y a demostrar que no hay impunidad en México, por que es su deber, y no importa si alguien lo agradece o no. Una sola cabeza señor, una cabeza importante que caiga, para que su guerra contra el narco gane muchos puntos, y los criminales sepan que esta vez sí va en serio. Mientras todos los mexicanos sigamos pensando que la justicia es para quien pueda pagarla y que podemos hacer de todo impunemente, la violencia crecerá, crecerá y crecerá hasta estallarnos en la cara a todos. Sólo que no todos, digamos que casi nadie, podemos hacer que la confianza renazca, -si es que algún día la tuvimos-, que el orden cósmico se restablezca, que volvamos a creer que vale la pena vivir con dignidad. Que no necesitará usted de todo un ejército para perseguir a unos cuantos criminales, sino que todos los mexicanos estemos conscientes de que si un expresidente paga por fin sus crímenes, a nadie le va a ser tan fácil transgredir la Ley y seguir gozando la vida y la libertad como si fuera un héroe y no un simple criminal. Es sólo sumar 2+2, ¿Le parece muy difícil de entender? ¡Haga la prueba! Las escaleras nunca se han barrido de abajo para arriba, sabe usted que es imposible, tendrá que tomar la escoba y comenzar con una sola, vieja y criminal cabeza, una sola...para que las demás huyan a los más profundos agujeros de donde nunca debieron haber salido y todos recobremos la paz.


¿A qué clase de imbécil, retrasado mental y malparido se le ocurrió acusar a esa rata, a quien ni siquiera me atrevo a nombrar, porque quedaría inmunda por mucho tiempo, repito, a qué clase de pendejo bastardo, se le ocurriría acusar de GENOCIDIO, a la bestia de Tlatelolco? ¿Porqué no consultó al Larousse antes de estructurar la acusación? El diccionario nos dice claramente, Genocidio: Extermio sistemático de un grupo étnico, racial o religioso.


Asesino y nada más que asesino, baste y sobre este cargo, para llevarlo a los tribunales por abuso de poder, por atentar contra los más elementales derechos humanos, por enviar al ejército -que hasta esos momentos era querido y respetado por el pueblo-, a matar estudiantes, por amedrentar hasta la obscenidad a todo un pueblo que desde entonces se orina en los pantalones de puritito miedo, por volver a los padres contra los hijos, por enfrentar a mexicanos contra mexicanos, por asesinar los ideales, por dejar a este país sumido en la más grande de las oscuridades. Por refundirnos hasta el fondo del Tercer Mundo.


¡Cierto que el gobierno del más horrible ente que ha gobernado este país -léase Díaz Ordaz-, fue sistemáticamente corrupto, violento, autoritario, ladrón, desvergonzado y asesino! Recordemos el saqueo al Museo del Castillo de Chapultepec, para regalar lo que pudo a su puta en turno, entre miles de cargos que podríamos hacerle, pero aún así, está a años luz de haber sido sistemático en exterminar a nadie, nunca tuvo los tamaños. Lo que me deja la terrible sospecha de que aún los acusantes en este caso, estuvieron coludidos para que la demanda no progresara y se le exonerara finalmente de TODOS los cargos que debieron haber seguido un curso normal para que esa rata y sus secuaces -léase Echeverría-, pagaran con la cárcel perpetua sus crímenes.

Yo también estoy en cuenta regresiva, señor presidente. A mí también se me está acabando el tiempo. Varios de mis amigos y compañeros de la infancia murieron esa noche en Tlatelolco. Jóvenes que tenían aún muchas cosas que hacer, vidas que se quedaron truncas, sueños que no se realizaron...mucho dolor que no ha prescrito, que no debe prescribir, que sigue ahí como si esos desgraciados hechos hubieran sucedido ayer.


Y todos estos jóvenes, señor presidente, no nacieron de coles ni por obra y gracia del espíritu santo, ¡No! Todos tenían padres, hermanos, abuelos, primos, amigos...y algunos todavía estamos vivos y esperando. Y no estamos tan dispuestos a seguir haciéndolo porque los corruptos jueces se nieguen a impartir justicia por cuestiones de semántica, ¿Masacre o Genocidio? ¿A mí que chingados me importa! Los muertos siempre han sido reales. Y cabezas hay muchas, tiene usted de dónde escoger, a todos los mexicanos nos gustaría ver, antes de morir, que siquiera alguna vez un presidente se fajó los pantalones y metió en cintura, en este caso, en la cárcel a quien sigue refregándonos en el rostro que lo que se debe hacer en este país, es cometer grandes delitos, porque son sólo los pequeños los que reciben castigo ¿Porqué será?